Comunidad Valenciana

La calle de las cestas de València dice adiós a uno de sus establecimientos más icónicos: La Casa de la Madera echa el cierre definitivo.

Sociedad

En una calle que llegó a contar con 15 locales, únicamente permanecerán tres después de la partida de Virtudes.

Terencio, de la cestería El

Virtudes, junto a su tienda, La Casa de la Madera que cerrará el próximo 28 de febrero.

Virtudes, junto a su negocio, La Casa de la Madera que cesará su actividad el venidero 28 de febrero.

LV

Tiempo atrás, durante la víspera de Reyes, la calle de las cestas de València se llenaba de multitudes buscando obsequios y presentes de último momento. Un tapete carmesí decoraba el camino mientras las horas avanzaban hacia el alba debido a las extensas filas de compradores. Esa imagen era recordada estos días por Virtudes Royo poco antes de clausurar La Casa de la Madera, uno de los negocios con mayor tradición de la célebre rúa. Virtudes se retira el siguiente 28 de febrero y su despedida reducirá a solo tres comercios los puntos de venta que transformaron la calle Músico Peydró en la calle de las cestas.

“Nadie en València conoce la calle por su nombre real”, señala Terencio, responsable junto a su mujer Teresa de la cestería el Globo, abierta en 1854. Afirma Terencio que en su momento hubo 15 locales de venta de cestas y ahora únicamente restarán tres a contar del 1 de marzo. 

Virtudes ha brindado servicio a distintos miembros de una misma estirpe, no obstante ahora se retira y su establecimiento será arrendado nuevamente.

Al tiempo que recibe a los compradores finales y visitantes atraídos por las atractivas rebajas de cierre a mitad de precio, Virtudes comenta a Guyana Guardian que el establecimiento de la familia llega a su fin debido a que su descendiente optó por una trayectoria distinta, la química. Sus progenitores regentaban un local de ferretería que ella transformó en La Casa de la Madera, un refugio de piezas lúdicas y mobiliario menor fabricado en dicho componente, incorporando posteriormente los canastos que otorgaron la denominación tradicional a la calle. “Los caballitos son mis mascotas”, menciona al aludir a su artículo de juego más emblemático y exitoso. Aún disponía de alguna unidad durante estos días.

Virtudes Royo en el mostrador de su tienda en la calle de las cestas.
Virtudes Royo en el mostrador de su tienda en la calle de las cestas.LV

Expresa el sentimiento de tristeza que le invade tras décadas atendiendo a distintos miembros de una misma familia, a quienes vendió desde un perchero o un servilletero hasta una pequeña cuna de juguete. “A los vecinos y clientes de toda la vida les da mucha lástima, me dicen que no baje la persiana, pero me quiero jubilar y disfrutar de mi hija, mis nietos, mi yerno y mis amigos sin estar pendiente del reloj”. La dueña, de 68 años, comenta que evita sufrir lo mismo que su esposo, empleado de la Agencia Tributaria, quien aguardó su jubilación y perdió la vida apenas unas semanas antes de dejar su empleo. Su retrato permanece junto a ella detrás del mostrador.

Virtudes ha rechazado ceder la actividad a un tercero: “La Casa de la Madera tenía que tener un principio y un final”, y en la actualidad su hija va a subarrendar el espacio. Ella querría que el próximo comercio mantuviera la esencia por la que su madre ha luchado para brindar prestigio y fama a la vía, aunque no resultará una tarea fácil.

Tras la clausura de la encantadora Casa de la Madera, todo indica que la calle continuará su fase de cambio. Próxima al Mercado Central, el cual atraviesa igualmente una notable etapa de reestructuración recientemente, en esta rúa se ubica un local de paellas para recoger, una consigna de equipajes, un establecimiento hotelero de gran nivel, un punto de alquiler de bicis y un Carrefour Express.

Terencio, copropietario junto a su mujer Teresa de la cestería El Globo.
Terencio, copropietario junto a su mujer Teresa de la cestería El Globo.LV

Terencio, quien colidera El Globo desde hace un sexenio, momento en que junto a su esposa compró un establecimiento emblemático -”fundado en 1854 ha permanecido activo hasta en la época de entreguerras”-, admite que la llegada de residentes recientes altera la esencia del casco antiguo. “No estoy contra el turismo, pero el exceso y la proliferación de apartamentos turísticos ha vaciado el barrio. Vamos quedando pocos”. Los visitantes suelen observar y capturar imágenes, pero escasos cuentan con hueco en su equipaje para adquirir artículos. “Hemos hecho envíos a Irlanda u Holanda, pero los portes cuestan más que el producto”. Relata que ciertos australianos adquirieron un maletín con el fin de enviar una testa de toro fabricada en esparto, si bien representan la excepción.

Manteniendo el entusiasmo y satisfecho de prolongar la trayectoria de un establecimiento con 172 años de recorrido, Terencio reconoce que el turismo masivo es un proceso mundial no limitado únicamente a València, señalando que los vendedores suministran lo que la clientela solicita para subsistir: “Estoy convencido de que los dueños de las paellas, que por cierto son unos grandísimos cocineros, preferirían tener un restaurante que empaquetar su comida en un táper”.

Hèctor Sanjuán

Hèctor Sanjuán

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Graduado en Periodismo (2005) así como en Ciencias Políticas y de la Administración (2012). Ejerce como redactor para Guyana Guardian dentro de la Comunidad Valenciana desde el inicio de 2021. Previamente, trabajó en El Mundo. Ha colaborado en diversas obras literarias acerca de la Comunidad Valenciana.