
‘Cuando las energías flaquean’ de Carlos Aimeur
Damas y tramas
Cotidianamente observamos las cantidades astronómicas de capital que gestiona esta industria que todavía se percibe como una disciplina deportiva. Adquisición y traspaso de futbolistas mediante talones de cifras elevadas, bonificaciones por obtener victorias (o incluso derrotas), compañías y sucursales que prosperan al amparo del auspicio de la entidad deportiva y desmesuras inconcebibles para los seguidores leales que mantienen al conjunto, quienes desconocen la compleja red que lo envuelve.

Y es que, tal como afirmaba Boskov, futbolista yugoslavo de los años ochenta: “Fútbol es fútbol”. Con esa sentencia tan elemental se condensa el alma de este deporte y se disculpan las oscuridades que suelen acecharlo.
La obra de Carlos Aimeur ‘Cuando fallan las fuerzas’ aborda dichas cuestiones de manera indirecta, ya que, verdaderamente, la trama se centra en el rapto de un futbolista quien atraviesa un mal momento en su conjunto debido a su escasa productividad y a su existencia desenfrenada, así como el chantaje a la entidad para lograr su rescate con vida.
Esta obra de suspense relata la depravación del captor, un individuo aislado que procede con tal gélida actitud que resulta doloroso conocer los crueles procedimientos que aplica a quienes retiene. Debido a esto, resulta difícil aceptar que sus acciones nazcan del enamoramiento y del deseo de reencontrarse con una fémina a la que ha idealizado. Un nivel tan elevado de crueldad en una sola persona no puede coexistir con la experimentación del puro afecto amoroso.
A medida que el captor despliega su despiadada y efectiva táctica, se dan a conocer los miembros que integran la entidad deportiva y el papel que cada uno desempeña en ese complejo entramado de intereses que no siempre armonizan y que, en ocasiones, resultan ajenos por completo a la práctica atlética.
Al igual que sucedió en sus obras previas ‘Bonaventura’ y ‘Destroy’, Carlos Aimeur sitúa el argumento en localizaciones valencianas muy familiares y con protagonistas y vivencias plenamente reconocibles.
Si bien omite su nombre, no se refiere a una entidad imprecisa, pues resulta sencillo deducir a cuál alude: establecido hace algo más de un siglo, su mayor inversor es un hombre de negocios de Singapur y cuenta con una presidenta de esa misma nación. No obstante, ante tales evidencias, el escritor afirma, de forma irónica, que toda similitud con los hechos reales es meramente casual.
Esta obra de suspense relata la depravación del captor, un sujeto aislado que se desenvuelve con tal gélida actitud que resulta hiriente leer los atroces mecanismos que ejerce sobre sus víctimas.
La retención del deportista pone de manifiesto los métodos irregulares que emplea la entidad con el consentimiento de la totalidad de la junta directiva, a excepción del letrado responsable del área legal, quien alerta sobre los ilícitos y es instado a retirarse del encuentro.
El ocultamiento de datos a los ciudadanos, fugas deliberadas hacia los medios, engaños que suplantan hechos ciertos… en suma, aquello que hoy conocemos como la creación de la narrativa, pero que se lleva a cabo desde hace cientos de años.
En el fútbol como en la vida nada es lo que parece.
En el lado opuesto a las maniobras de los clubes de fútbol se halla la hinchada, ajena a los sucesos por desconocimiento o por elección deliberada. Esa masa social que prefiere no indagar para evitar decepciones ni desea conocer los movimientos en los despachos para seguir gozando de la genialidad que muestran los once futbolistas al saltar al terreno de juego. Esos seguidores con brechas económicas notables, con asimetrías culturales claras y con posturas ideológicas enfrentadas que coinciden en una meta idéntica: ver triunfar a su equipo.
Ficha del libro
“Cuando las fuerzan fallan” de Carlos Aimeur. Editorial Olé Libros, 2025