Paradores y el rugido del motor: una historia que sigue rodando
Vehículos y paisaje
Varios alojamientos de la red se han ligado al volante como sede de eventos, punto de encuentro de aficionados del mundo del motor o incluso como base de operaciones de marcas automovilísticas

El Parador de Manzanares en la actualidad acoge encuentros de vehículos clásicos que recuerdan su papel pionero en las rutas españolas
En 1931, un edificio de líneas sobrias se levantó junto a la carretera nacional en Manzanares, Ciudad Real. Por entonces, recorrer España en coche podía llevar días enteros, ya que solo un 10% de las carreteras estaba asfaltado y los viajes dependían tanto del vehículo como de la resistencia del conductor. Aquel lugar tenía acceso directo para coches, garajes individuales y frigoríficos importados de EE. UU. No era un hotel al uso: era el primer albergue de carretera de España, y según algunos cronistas, el primer “motel” del país. Su objetivo era claro: dar cobijo a los “autoturistas”, término adoptado por el propio Ministerio de Turismo en los años 50 para describir a estos pioneros del volante que empezaron a recorrer el país.

Aquel primer establecimiento formó parte de una red hotelera pública que, con el tiempo, se convertiría en uno de los grandes referentes del turismo en carretera en España: los Paradores. El experimento funcionó y además, marcó un antes y un después en la forma de viajar de entonces, sentando las bases de una relación entre carretera y hospitalidad que sigue e impulsó a los primeros conductores para disfrutar a la vez de la velocidad, de la historia, el paisaje y la experiencia.

En 1931 se creó el primer albergue de carretera de España, y según algunos cronistas, el primer “motel” del país. Su objetivo era claro: dar cobijo a los “autoturistas”, término adoptado por el propio Ministerio de Turismo en los años 50
Hoy los Paradores siguen siendo aliados naturales del asfalto. Junto a aquel primer albergue de carreteras de España, hoy Parador de Manzanares, que sigue haciendo gala de hospitalidad castellana y reuniendo a aficionados al motor (como la asociación de motos de época, AMOE, que acude anualmente a su ya tradicional comida), hay muchos más. Otros alojamientos de la red que se han ligado también al volante como sede de eventos, punto de encuentro de aficionados del mundo del motor o incluso como base de operaciones de marcas automovilísticas.

El Parador de Mojácar, por ejemplo, acoge talleres temporales de marcas como Mercedes, BMW o Ferrari, que afinan allí sus prototipos antes de lanzarlos al mercado. En Alcañiz, el Rally Internacional Hospederías de Aragón recorre 900 kilómetros con clásicos deportivos como el Aston Martin DB5 o el Ferrari Testarossa. El Parador de Ciudad Rodrigo es también punto de referencia para muchos aficionados al motor. Y en Almagro, por citar otro de sus históricos edificios, los patios del antiguo convento de Santa Catalina se llenan de Cavallinos Rampantes durante los encuentros del Ferrari Club España.
La red ofrece algo que pocos hoteles pueden: contexto histórico, espacio, infraestructuras adecuadas y buenas rutas cercanas. Y eso explica la relación natural de dos mundos, patrimonio y motor, compartiendo viaje.

Otros alojamientos de la red Paradores se han ligado también al volante como sede de eventos, punto de encuentro de aficionados del mundo del motor o incluso como base de operaciones de marcas automovilísticas
El taller secreto del Mediterráneo
Se podría decir que el Parador de Mojácar tiene una doble vida. Para el viajero común siempre ha sido un refugio blanco frente al Mediterráneo, un lugar donde el sol parece no agotarse nunca y el tiempo discurre con la calma propia del sur. Pero para la industria del automóvil es algo más. Desde 1992, este rincón de la costa almeriense se ha convertido en un enclave estratégico de referencia internacional para muchos fabricantes donde testar sus modelos antes de que lleguen al mercado.
La geografía explica buena parte del misterio. Las carreteras de montaña de Mojácar Pueblo, Sierra Alhamilla, el Desierto de Tabernas o los Filabres, con pendientes exigentes e interminables rectas costeras, permiten ensayos de frenada a distintas velocidades, ofrecen curvas técnicas donde comprobar la estabilidad y, sobre todo, un clima que garantiza continuidad casi todo el año. Hablamos de más de 3.000 horas de sol al año y muy pocas lluvias, lo que garantiza unas condiciones que casi no se encuentran en otros puntos de Europa.

Las carreteras de montaña de Mojácar Pueblo, Sierra Alhamilla, el Desierto de Tabernas o los Filabres permiten ensayos de frenada a distintas velocidades y ofrecen curvas técnicas donde comprobar la estabilidad
Para quienes prueban coches, eso significa poder repetir cada ensayo en las mismas circunstancias, algo esencial cuando se analizan frenos, agarre o estabilidad. Además, las carreteras de la zona ofrecen asfaltos muy distintos y tramos con menos adherencia, lo que permite ver cómo responde un vehículo en situaciones reales.

Pero más allá del propio paisaje, la zona cuenta con otro aliado importante: la cercanía a instalaciones especializadas, como el centro de ensayos de Michelin en Cabo de Gata–Níjar y otras áreas técnicas en Antas y Almería, donde es posible completar las pruebas en pistas cerradas.
A todo ello se suma la tranquilidad, la baja densidad de tráfico y la discreción que ofrece esta zona para facilitar la circulación de prototipos camuflados que aún no pueden ser fotografiados. Por ello, no sorprende que fabricantes de todo el mundo, desde Alemania a Japón, pasando por Estados Unidos, Corea del Sur, Francia, Italia, China, Vietnam o Reino Unido —lo que se traduce en marcas como Volkswagen, BMW, Mercedes-Benz, Audi hasta Toyota, Ford, Hyundai, Renault, Lamborghini, BYD o Aston Martin— utilicen Mojácar como laboratorio de pruebas.

Tal ha sido su atractivo que el Parador cuenta ya en sus instalaciones con once oficinas técnicas donde analizan datos, revisan componentes o trabajan con vehículos tanto de combustión como eléctricos. De hecho, en su recinto se encuentra una de las mayores estaciones de recarga para coches eléctricos de gran potencia, pensada para que las marcas puedan probar aquí sus modelos más avanzados.
Su infraestructura presume también de una estratégica rampa técnica, un desnivel pronunciado que se utiliza para probar el freno de estacionamiento y comprobar cómo resiste tras horas de uso. Cada vehículo sometido a pruebas realiza una frenada en este punto cada cuatro horas, y los datos obtenidos se envían al instante a los ingenieros de la marca para seguir afinando el coche mientras aún está en fase de desarrollo.

El Parador gestiona también la operativa de más de setenta empresas auxiliares, ofreciendo espacios técnicos, soporte logístico integral y la capacidad de adaptar sus instalaciones para presentaciones y eventos internacionales. Actividad coordinada por el jefe de recepción, Carlos Teruel Farruggello, una figura clave para que todo funcione con precisión y discreción.
Todo esto sucede, y aun así cuesta creerlo, sin alterar la vida tranquila del Parador. Sus jardines silenciosos, las vistas abiertas al mar, la gastronomía regional y la arquitectura blanca que se funde con el paisaje, siguen siendo lo que ve cualquier huésped. Mientras los coches del futuro se ponen a punto a pocos metros, quienes están de vacaciones solo perciben el sol, el Mediterráneo y la calma habitual del lugar. Pero Mojácar, lejos de ser una excepción, es solo el principio. Uno de los muchos ejemplos de Paradores que también han escrito su propia historia sobre motor.
El Parador de Mojácar cuenta con jardines silenciosos, vistas abiertas al mar, gastronomía regional y una arquitectura blanca que se funde con el paisaje
Un pasado medieval con curvas y caballos de potencia

En lo alto de la loma de Pui Pinos, en Teruel, se alza el Parador de Alcañiz, un castillo-convento del siglo XII que hoy es uno de los Paradores más imponentes de Aragón, con frescos medievales, claustros silenciosos y vistas que cortan la respiración. Aunque para los aficionados al motor este icónico Parador no necesita presentación, ya que este enclave turolense se encuentra cerca del circuito de MotorLand Aragón, uno de los trazados más importantes de España. Pero su vínculo con el motor va más allá de la competición.
Cada año, además, este lugar se convierte en el corazón palpitante del Rally de Hospedería de Aragón, recorrido de 900 kilómetros que atraviesa paisajes de ensueño. Un evento que está considerado uno de los mejores tours turísticos de Europa para clásicos deportivos: Ferrari, Lotus, Jaguar, Aston Martin… nombres que evocan velocidad, diseño y leyenda. Y todos ellos, descansan bajo las bóvedas de piedra del Parador.

Elegancia deportiva entre montañas
En la comarca de Osona, Cataluña, el Parador de Vic-Sau se asoma al pantano de Sau como un balcón sobre la naturaleza. Inaugurado en 1972, este edificio de líneas sobrias y terrazas amplias se ha convertido en un símbolo de turismo sostenible y cultura local.
Pero también ha sido escenario de encuentros inesperados para el huésped, como las convenciones de Porsche, donde los chillones colores de estos deportivos desfilan sobre el asfalto. El aparcamiento se convierte así en una pasarela de diseño alemán, y el Parador, en el backstage perfecto.

El Parador de Vic-Sau también ha sido escenario de encuentros inesperados para el huésped, como las convenciones de Porsche, donde los chillones colores de estos deportivos desfilan sobre el asfalto

Teatro clásico y caballos de metal
En el corazón de Castilla-La Mancha, el Parador de Almagro ocupa el antiguo Convento de Santa Catalina, una joya del siglo XVII con patios de columnas, artesonados de madera y una atmósfera muy especial que te sumerge en el pasado.
Aquí, Ferrari Club España ha organizado encuentros, pernoctando en el histórico alojamiento, y combinado gastronomía manchega, descanso y exhibición. Experiencias inolvidables para sus conductores y también para los viajeros que han tenido la suerte de encontrarse con los flamantes Cavallinos Rampantes, como si fueran parte del decorado, y fotografiarse con joyas como el Ferrari 488 GTB o el F8 Tributo.

En el corazón de Castilla-La Mancha, el Parador de Almagro ocupa el antiguo Convento de Santa Catalina, una joya del siglo XVII con patios de columnas
En esa misma línea de exclusividad, el Parador ha recibido también a pequeños grupos de coches de alta gama como el Club The Traced, cuyos miembros recorren España al volante de deportivos poco habituales y encuentran en Almagro un escenario perfecto para detenerse, disfrutar del entorno y convertir su paso en un pequeño acontecimiento para quien se cruza con ellos. Un cruce perfecto entre cultura, velocidad y estilo.

Un castillo fronterizo entre clásicos
El Parador de Ciudad Rodrigo también pide su sitio en este mapa de carreteras particular. Instalado en la antigua alcazaba que domina el Águeda, se ha convertido en un punto de referencia para los aficionados al motor que recorren la frontera salmantina. La ciudad ha acogido en los últimos años diversas concentraciones de vehículos clásicos, como la Concentración Nacional del Seat 600 de 2023, que reunió a decenas de unidades de este modelo emblemático y convirtió el casco histórico en un recorrido abierto para propietarios y curiosos.

Instalado en la antigua alcazaba que domina el Águeda, se ha convertido en un punto de referencia para los aficionados al motor que recorren la frontera salmantina
Ciudad Rodrigo ha sido también escenario de pruebas de regularidad histórica, como la celebrada en 2025 dentro del evento “Las Arribes del Duero”, donde vehículos con más de 25 años completaron varios tramos cronometrados en la comarca. Este tipo de citas, organizadas por clubes y escuderías especializadas, no siguen un calendario fijo, pero la ciudad figura de forma recurrente entre los destinos valorados por los organizadores por su combinación de patrimonio, accesibilidad y entorno. Y, en este contexto, el Parador funciona como base logística y punto de encuentro para participantes y acompañantes. No es para menos. Su ubicación sobre la muralla, los accesos amplios y la capacidad para acoger grupos lo han convertido en un recurso habitual para concentraciones y rutas.

Donde el motor encuentra su lugar
España lleva décadas construyendo una relación natural entre carretera, patrimonio y afición. Desde los albergues de carretera que nacieron junto a las primeras rutas hasta los que hoy sirven de base logística para competiciones o concentraciones el país ha sabido integrar el turismo del motor en su oferta cultural y territorial. Y en ese mapa, los Paradores siguen siendo puntos de referencia.

Los ejemplos citados son sólo la punta del iceberg. Otros Paradores han acogido concentraciones de motos clásicas, rutas de coches históricos y convenciones de clubes automovilísticos. El Parador de Santiago de Compostela, por mencionar uno de los más emblemáticos, ha sido sede de encuentros de Harley Davidson. O el de Cangas de Onís, en Asturias, ha recibido rutas de vehículos 4x4 que recorren los Picos de Europa. También en Málaga, la red ha sido testigo de escenas que hablan por sí solas del vínculo entre motor y paisaje. En el Parador de Málaga Golf, grupos de motoristas han encontrado base para sus rutas por la Costa del Sol y por miradores tan espectaculares como el de Gibralfaro, donde se ubica otro Parador.

La red de Paradores, con más de 90 establecimientos, ofrece patrimonio, ubicación estratégica y capacidad operativa. Muchos cuentan con aparcamientos amplios, acceso directo a carretera y servicios adaptados para grupos. Todo lo que el autoturista necesite. Y todo eso los mantiene en la primera línea de un turismo del motor que crece, se diversifica y busca algo más que un simple lugar donde dormir. Para muchos viajeros, son ya parte del propio recorrido.
