Beatriz Beltrán, experta en medicina estética, sobre el tratamiento estrella de 2026: “Trata cinco áreas fundamentales para un balance facial”
Belleza
La doctora apunta que se trata de una filosofía revolucionaria que tiene el objetivo de realzar la armonía natural de los rasgos

Beatriz Beltrán es especialista en medicina estética

La medicina estética es una gran aliada para verse y sentirse mejor. Muchas personas se someten a diferentes tratamientos para prevenir arrugas y reducir líneas de expresión, así como tratar la flacidez del rostro que con el paso del tiempo se hace más visible por la disminución de la producción de colágeno.
Cada año hay procedimientos que se posicionan como los más demandados. Una de las grandes tendencias más relevantes en la medicina estética actual es el concepto de full-face balancing (equilibrio facial completo), una filosofía revolucionaria que aborda el rostro como un conjunto integral, con el objetivo de realzar la armonía natural de los rasgos y respetar así la anatomía individual, evitando esos resultados exagerados que no son nada naturales.

Con esta visión integral, hace más de once años la doctora Beatriz Beltrán creó su propia técnica de armonización facial: Beauty Balance. “Cuando el rostro está en equilibrio, la belleza aparece de forma natural. Hoy entendemos la armonización facial como un trabajo global del rostro, no como una suma de retoques. El objetivo no es transformar, sino equilibrar y acompañar el envejecimiento de forma coherente”, indica la experta en medicina estética, medicina interna y nutrición.
Para la fundadora de la Clínica Beatriz Beltrán en Barcelona y único miembro español de la ISAC (International Society of Aesthetic Complications), el punto de partida para hacer este tratamiento es el análisis global. “Un médico debe reconocer la singularidad de cada rostro y abordarlo como un todo. En este enfoque, la belleza no se logra simplemente añadiendo volumen, sino creando equilibrio a través de la proporción, la estructura y los contornos faciales”, señala.
Cuando el rostro está en equilibrio, la belleza aparece de forma natural”
Este planteamiento se aleja de tratamientos tendencia o zonas ‘estrella’ y se centra en cómo interactúan entre sí las diferentes áreas del rostro. “La clave no es tratar lo que está de moda, sino entender cómo cada parte del rostro se relaciona con las demás. Un buen profesional no solo sigue tendencias: escucha, orienta y establece expectativas realistas desde la primera consulta”, expone.
Como apunta la doctora Beltrán, hay cinco zonas fundamentales que cuando se tratan de forma integrada permiten alcanzar ese balance facial. La primera área son las sienes. “La pérdida de volumen en esta parte del rostro aparece de forma temprana y aporta un aspecto más anguloso o cansado. Una intervención suave en esta zona ayuda a relajar visualmente el tercio superior del rostro”, explica la especialista.
Otra zona clave son los pómulos, que aportan soporte estructural al rostro. “Restaurar su volumen de manera adecuada ayuda a prevenir la flacidez y suavizar las transiciones entre distintas regiones faciales”, expone.
También es esencial la línea mandibular que define el óvalo y la estructura del tercio inferior. Corregir esta área mejora la proporción del rostro y la relación con el cuello sin ese efecto de endurecer los rasgos. Asimismo, el mentón es un “punto clave” del perfil y la simetría facial. “Además, constituye la base del triángulo de la belleza, por lo que su correcta proyección puede equilibrar todo el rostro, incluso cuando el problema aparente se encuentra en otra zona”, expresa.

Finalmente están los labios, cuya misión es armonizarse con el resto del rostro y mantener una relación natural con pómulos y mentón. “El equilibrio facial no se calcula, se interpreta. Se basa en entender cómo se relacionan los distintos rasgos entre sí y cómo el rostro se percibe en su conjunto. Por eso debe realizarse siempre por médicos con conocimiento profundo del rostro y con un enfoque conservador y personalizado”, afirma la doctora, que añade que cuando el tratamiento está bien ejecutado, “nadie debería preguntarse qué se ha hecho el paciente”.

