Jaime Lorente, 33 años, actor: “Con el éxito de Denver en 'La Casa de Papel' pasé un momento de sufrimiento en el que quise acabar con todo”
'La Fórmula del Éxito'
El actor se sincera con Uri Sabát sobre cómo el éxito con su famoso personaje casi termina con su pasión por la interpretación y la vida

Jaime Lorente: “Fui Denver… y me perdí en el personaje”.

“Llegué a odiar La Casa de Papel con todas mis fuerzas. Mucho. Lo que había supuesto. Todo lo que era, lo que representaba”. Así de claro se muestra Jaime Lorente en una sincera charla con el periodista Uri Sabát en su podcast, La Fórmula del Éxito, al hablar de cómo una mala gestión de la fama desmesurada y totalmente inesperada a la que le llevó interpretar el personaje de Denver en la serie le llevó a casi tratar de acabar con todo.
Un papel que llegó a “comerse” a ese Jaime Lorente que salió de su Murcia natal con la ilusión de ser actor, pero que llegó a un punto que era irreconocible.

“Vives con una máscara, vives con un papel. Te construyes un personaje para ir a los sitios. La gente me conoce por un papel que no tiene nada que ver conmigo”, revela. “Lo que más he trabajado en terapia ha sido tratar de descubrir qué personaje me he inventado. Ese personaje, al final, te crea unas tensiones que o bien entras en una depresión, en una tristeza profunda o en un rechazo al elemento donde estás brutal”.
El actor reconoce que siempre ha sido muy introvertido, tímido y con cierto problema para gestionar las grandes multitudes. Al vivir el éxito de Denver, las cosas se le fueron de las manos. “Todos los días vivía en una lucha, con una coraza, un escudo”.

La Casa de Papel supuso su sueño, pero también su condena. Desde que comenzó su carrera como actor de teatro, encontró su lugar interpretando a personajes que nada tenían que ver con él. “Me sentía cómodo, valiente”, revela.
Jaime Lorente: “Todo el mundo sufre, y cuando no tienes una persona al lado que no te de una palabra de aliento o no tienes un lugar al que volver, vas a buscar tu medicina”
La llegada de Denver fue su sueño, pero como reconoce, no supo aprovechar esa oportunidad. “Estaba a medio construir. De repente, todo eso… No puedes limpiar una casa que no está hecha todavía. ¿Cómo puedes cuidar algo que no está hecho todavía? ¿Cómo puedes podar un jardín que aún no tiene flores? Seguramente, lo que te vaya a crecer ahí va a ser hierba mala, que es lo que me pasó a mí”, reconoce.

El actor cuenta cómo pasó a ser mundialmente conocido, cambió de casa a una mejor, cómo todo a su alrededor cambió. “No era Paco el que me ponía los cafés. Llegó un momento en el que tienes un mal día y la gente te sigue llamando por un personaje que no eres. Denver es un personaje muy compuesto e interpretativo. No soy yo”, dice.
Para gestionar el éxito, solo tienes dos opciones: o destruyes lo de fuera o lo de dentro. Yo he estado en todos los lugares oscuros en los que se pueden estar. He pasado el peor momento de mi vida. He sido el peor hijo, hermano, amigo, padre, marido… El peor todo”, dice emocionado.

El actor insiste en que el sufrimiento, sobre todo cuando uno está solo, es lo peor a lo que alguien se puede enfrentar. “‘Aceptar la sombra y convivir con ella’ es uno de los lemas más peligrosos que nos han intentado meter a calzador, como ‘somos todos lo que nos pasa’. Todo el mundo sufre, y cuando no tienes una persona al lado que no te de una palabra de aliento o no tienes un lugar al que volver, vas a buscar tu medicina. Puede que te sientas bien al principio, pero te va a destruir la vida, porque gestionar un personaje que no eres… Llega un momento que te levantas y dices: ‘No puedo más’”.

El murciano reconoció que llegó al límite por culpa de la presión. “Llega un momento que dices, no aguanto. Yo pasé un momento de sufrimiento que quería terminar con todo. A través de mucho trabajo he conseguido salir.Estoy alejado de todo. No tomo una gota de alcohol. Soy mucho mejor así. Todo lo demás me ha hecho perder la ilusión por el trabajo, despegarme de mis responsabilidades, desvirtuar los vínculos emocionales que tenía… No merece la pena, y quien diga lo contrario, miente”.
Lorente insiste: “Sobre todo, preguntar cómo está el otro. Hay muchas veces que digo, no sabes lo importante que es compartir el espacio con alguien. Te puede cambiar la vida de verdad”.