José Carbonell, psicólogo, sobre la cuesta de enero: “Nos encontramos agotados y con el síndrome posvacacional; lo importante es gestionar las expectativas”
Un nuevo año
El psicólogo José Carbonell explica cómo superar la cuesta de enero y convertirla en nuestra aliada

José Carbonell, psicólogo

Enero suele llegar con más peso del que aparenta. Tras semanas marcadas por celebraciones, reuniones familiares y una ruptura casi total de la rutina, el primer mes del año se convierte para muchas personas en un periodo de adaptación complejo, tanto a nivel emocional como psicológico. Cansancio, desmotivación y una sensación generalizada de agotamiento son algunos de los síntomas más habituales de la conocida como cuesta de enero.
Según explica José Carbonell, psicólogo, este malestar no es casual. “Venimos de un periodo muy intenso en el que hemos pasado la Navidad, el Año Nuevo y todas las fiestas. Cuando todo termina, nos encontramos agotados y con el síndrome posvacacional, teniendo que volver a adaptarnos al trabajo y a la rutina diaria”, señala.
Sin expectativas
La cuesta de enero
El regreso a la normalidad implica también despedirse de los familiares y retomar obligaciones que habían quedado en pausa. “Volvemos a la cotidianidad, al día a día, y ese contraste se hace especialmente duro en enero, un mes que psicológicamente se percibe como muy largo”, apunta el especialista.
Nos cargamos de objetivos poco realistas: dejar de fumar o convertirnos en una versión idealizada de nosotros mismos que no conseguimos el año anterior
A este proceso de adaptación se suma otro factor clave: las expectativas que muchas personas se imponen con la llegada del nuevo año. “Nos cargamos de objetivos poco realistas: dejar de fumar, hacer deporte de forma constante o convertirnos en una versión idealizada de nosotros mismos que no conseguimos el año anterior”, explica Carbonell. Estas metas, lejos de motivar, pueden generar frustración y una sensación de fracaso prematuro.

Para el psicólogo, la clave está en cambiar el enfoque. “Lo importante es aprender a gestionar las expectativas y centrarse en el día a día. No se trata de exigirnos cambios radicales, sino de recuperar poco a poco la normalidad con paciencia”, afirma. En este sentido, recuerda que el proceso de adaptación no es inmediato y puede requerir varias semanas hasta que el cuerpo y la mente vuelven a sincronizarse con la rutina.
Carbonell insiste en normalizar este periodo de transición. “No siempre podemos estar de vacaciones ni rodeados de la familia. Enero es un momento para recolocar nuestra vida, recuperar hábitos y asumir que el ajuste forma parte del proceso”, concluye.