Álex Rovira, experto en crecimiento personal, detalla la forma de concluir una relación perjudicial: “El primer paso es aceptar que no estás loco, que tu malestar es válido”
Salud mental
El autor afirma que apartarse de estos hábitos mejorará la salud mental, a pesar de que el comienzo sea complicado.

Álex Rovira: “La toxicidad actúa de una manera insidiosa” y “normalizando lo inaceptable gota a gota”.

¿Te hallas en un vínculo donde los reproches, el desdén, la actitud defensiva y el distanciamiento emocional son habituales? Son uniones fundamentadas en juegos de control, en las que un integrante termina apartado y subestimado por su compañero. Muchos identificarán estos indicios, ya que es frecuente involucrarse y mantenerse en lazos dañinos más tiempo del deseado, ya sea con cónyuges, amistades o parientes.
No solo se experimenta una inquietud continua, sino que además se perjudica la valoración personal. El deterioro del bienestar psicológico aumenta con el transcurso del tiempo y resulta progresivamente difícil escapar de ese ciclo destructivo.

Reconocer esta clase de vínculos resulta fundamental para resguardarse de los mismos, debido a que gran parte de dichas conductas dañinas tienden a manifestarse de forma progresiva y sutil. Con el fin de terminar con estas situaciones, se requiere mantener una gran atención, poseer seguridad personal y, si hace falta, solicitar apoyo profesional.
Aquellos vínculos “que pesan, que hunden”, tal como los caracteriza el especialista en crecimiento individual Álex Rovira en su programa de audio, Ojalá lo hubiera sabido antes; esas conexiones que resultan “como un veneno de acción lenta” y que “contamina cada aspecto de tu existencia” de las que uno no advierte que se halla inmerso hasta que es excesivamente tarde, mientras, tal como apunta el igualmente autor, “te convence que la/lo necesitas para sobrevivir”.

A nivel global, muchísimos individuos se hallan inmersos en vínculos de esta índole, aunque no por una carencia de intelecto o firmeza, según señala Rovira, sino a causa de “la toxicidad actúa de una manera insidiosa” y “normalizando lo inaceptable gota a gota”.
Una de las fallas fundamentales que llevan a los individuos a involucrarse en estos vínculos surge del temor a estar solos, una valoración personal reducida y la aceptación habitual de dichas disputas, especialmente si hay patrones adquiridos durante la niñez. Aquellos sujetos con estilos de apego ansioso o evitativo presentan una tendencia superior a soportar interacciones perjudiciales para no enfrentar el desamparo (Hazan & Shaver, 1987; Mikulincer & Shaver, 2012). Asimismo, la gratificación de “cariño” conseguida después de las peleas consolida esa unión afectiva nociva, lo cual complica el fin de la relación aun cuando esta provoque dolor.
Maneras de alejarse de un vínculo dañino: reconoce tus emociones.
Abandonar un vínculo dañino acostumbra a resultar difícil ya que conlleva tanto el fin del lazo emocional como un proceso de redefinición personal. Debido a esto, para lograr alejarse, el paso inicial consiste en reconocer el escenario real en el que se halla el individuo. “El primer paso para escapar es reconocer que no estamos locos”, indica Rovira. “Que tu malestar es válido y que mereces algo radicalmente diferente a esa persona que te está desgastando”.
Consiste en terminar con aquel conflicto mental que insiste en asumir la responsabilidad y en requerir respaldo afectivo. Justamente ese acompañamiento terapéutico representa el factor determinante: identificar el vínculo como perjudicial, disminuir la comunicación de forma gradual y abordar las convicciones que mantienen la subordinación constituyen etapas fundamentales para romper el ciclo.

Las investigaciones científicas demuestran que persistir en vínculos afectivos nocivos genera repercusiones inmediatas en la estabilidad psicológica, tales como el aumento de la angustia, la depresión, la tensión constante y cuadros psicosomáticos. Un análisis de larga duración divulgado en Journal of Social and Personal Relationships determinó que la convivencia habitual con discordias conyugales se relaciona con una estimulación más intensa del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, lo cual potencia la vulnerabilidad ante patologías afectivas (Kiecolt-Glaser et al., 2005).
Del mismo modo, diversos análisis en Clinical Psychology Review indican que los vínculos emocionalmente abusivos pueden generar secuelas equiparables a otros tipos de traumas psicológicos, perjudicando la valoración personal y el control emocional de forma duradera (Lawrence et al., 2009). Por otra parte, abandonar una relación tóxica se vincula con progresos sustanciales en la salud mental, incluso si el periodo de ruptura resulta doloroso.

Con el tiempo, terminar un vínculo perjudicial resguarda el bienestar psicológico. No obstante, Rovira señala lo sencillo que resulta volver a caer en estas dinámicas afectivas poco saludables, ya que el cerebro “tiene una capacidad asombrosa para idealizar el pasado” y tiende a omitir aquello que percibe como nocivo. “No volver a una relación tóxica es un compromiso contigo mismo que es bueno renovar, especialmente en los momentos de debilidad”.