“¿Cómo combino la americana azul marino?” La IA se mete en tu armario y te dirá como vestirte
Futuro
Ask Ralph, el asistente conversacional de Ralph Lauren, y otras soluciones tecnológicas que responden dudas de moda, viajes y estilo

Ask Ralph

Mientras el mundo espera, con distintos grados de ansiedad, que la burbuja de la inteligencia artificial estalle de una vez, ella sigue a lo suyo: organizarte el viaje de bodas o elegir la camisa correcta para la primera cita tras el divorcio. ¿Quién más delega su vida al algoritmo? Estudios indican que cerca del 50 % de los hombres ha utilizado herramientas de IA en el último año, frente al 37 % de las mujeres. Así, hemos pasado del hombre que fingía saberlo todo al que se lo consulta todo a una máquina. Y la IA ha empezado a encargarse de lo que antes hacían los mejores mayordomos: interpretar, anticipar, ordenar, evitar desastres… empezando por el vestuario.
La realidad es que el estilismo masculino sigue siendo una frontera inestable: azules que se pelean con marrones, tallas basadas en el optimismo de la voluntad, veleidades de elegancia arruinadas por zapatillas de jubilado prematuro. En la sociedad de los móviles en la cara, ya nadie tiene un amigo capaz de detenerle antes de salir de casa. En su lugar hay interfaces que, con un prompt, pueden limitar los daños del mal gusto. Siempre que quienes las hayan diseñado posean algo de gusto, claro.
Hemos pasado del hombre que fingía saberlo todo al que se lo consulta todo a una máquina
El caso que ofrece más garantías de elegancia, con su allure de club inglés y cálido tweed, es el de Ralph Lauren. La marca, que desde hace sesenta años vende al hombre occidental una versión tranquilizadora de sí mismo, ha decidido aplacar sus nuevas inseguridades colocándose directamente entre él y su armario. Se llama Ask Ralph y es un asistente conversacional que, dentro de la app de la firma, responde a preguntas del tipo: “¿Qué me pongo para un concierto?”, “¿Cómo combino una americana azul marino?”. La promesa es sencilla: simular la presencia de un estilista de carne y hueso, con la paciencia infinita de la máquina y la estética reconocible de la marca.
No propone prendas sueltas, sino looks completos, ya armados, listos para entrar en el carrito con un solo gesto. Un mayordomo digital de modales impecables, alimentado por la infraestructura de Microsoft Azure OpenAI, que no pone los ojos en blanco cuando el usuario insiste en combinar una chaqueta de rayas con un pantalón de cuadros, sino que intenta explicarle, con aterciopelada lógica algorítmica, la realidad de las cosas.

Si Ask Ralph es la versión aristocrática de la delegación del estilo personal en la IA, existe también su equivalente más austero, casi calvinista: Twelve70. Nada de fotografías ni ilusiones narcisistas. Solo datos, lógica, combinaciones. Fundada por dos hermanos canadienses de origen surindio, esta aplicación funciona como una calculadora de outfits: introduces lo que ya tienes en el armario y el algoritmo te devuelve combinaciones posibles, reduciendo compras innecesarias y crisis matinales frente al espejo.
De la aspiración se pasa a la optimización. En cuatro años, Twelve70 ha reunido más de un millón de prendas cargadas por sus usuarios, generando más de 13 millones de combinaciones. Promete orden y criterio a una generación de hombres performativos que con demasiada frecuencia confunde la eficiencia —o el conformismo— con la elegancia.

El tercer eslabón es aún más íntimo, porque trabaja sobre el punto ciego más extendido del vestuario masculino: el color. Daily Male, desarrollada en Amsterdam, parte de una constatación: muchos hombres nunca han hecho un autoanálisis cromático y no saben por qué ciertos colores los apagan en lugar de realzarlos. La app escanea piel, ojos y cabello y devuelve una paleta personal. Basta una foto tomada en una tienda para saber si esa prenda te favorecerá o te restará luz. Un gesto mínimo que le quita al hombre la excusa del “no entiendo nada de moda” y lo ayuda a hacer las paces con su rostro. Más que una rendición al algoritmo, es un pacto de no beligerancia entre la pereza humana y la asertividad de la máquina.
Si la camisa adecuada responde a una exigencia de encaje social, el viaje es la gran vía de escape frente a las constricciones diarias. Sin embargo, ni siquiera esos sueños de libertad se libran ya de la presencia del consejero digital. El portal Kayak formaliza este tránsito con su AI Mode, una modalidad de búsqueda conversacional que permite planificar un viaje entero escribiendo simplemente una solicitud en lenguaje natural, como se haría con un amigo muy informado y perspicaz. Ya no hay filtros, fechas ni aeropuertos que marcar, sino frases como “Quiero salir de fiesta en Nochevieja, ¿a dónde debería ir?” O “Encuéntrame un pueblo invernal de película por menos de 600 euros”. El algoritmo responde en tiempo real, alimentándose de los datos de cientos de proveedores.
El mayordomo digital se encarga de todo, y la vieja masculinidad estólida vive de sugerencias algorítmicas
Según su CEO, Steve Hafner, el objetivo es liberar al viajero de la tiranía de los formularios y permitirle “decir qué busca con palabras normales, recibiendo respuestas del mismo modo”. La empresa habla abiertamente de un futuro de IA agéntica, capaz de optimizar cada fase del viaje —desde la planificación hasta la asistencia en ruta— dentro de una única interfaz. No es solo una simplificación técnica: es la idea de que la ansiedad del viaje, con toda su carga de microdecisiones, pueda externalizarse de forma progresiva.
La agencia británica especializada en viajes de lujo Black Tomato actúa, en cambio, sobre la parte más escurridiza de todas: el motivo por el que viajamos. En este caso, la IA no sirve para encontrar el vuelo más barato, sino para enfocar un deseo a menudo confuso. Su Feelings Engine, definido como una herramienta basada en la empatía, ayuda a los clientes a traducir un estado emocional —cansancio, necesidad de reconexión, deseo de aventura— en un itinerario real.

Ronan Gay, responsable de transformación digital de la empresa, asegura: “con nuestra IA ayudamos a las personas a entender qué quieren de verdad de un viaje, no como una lista de cosas que hacer, sino como una necesidad emocional”. Es decir, la máquina detecta el deseo y la experiencia humana lo construye. Pero, también aquí, la exigencia de fondo es la misma: externalizar la incertidumbre y delegar el esfuerzo de elegir. Irse de vacaciones y apagar el cerebro amenaza así con convertirse en un gesto literal incluso antes de partir.
La idea de confiar la percepción de uno mismo al algoritmo, del look a la exploración del mundo, no puede prescindir del cuerpo. L’Oréal Paris Beauty Genius se presenta como un personal beauty assistant activo las 24 horas del día, construido sobre tres capas de inteligencia artificial —diagnóstica, generativa y agéntica—. En un mundo en el que, según la propia empresa, el 70 % de los consumidores se siente desbordado por el exceso de elección, su IA promete diagnósticos personalizados de piel y cabello mediante selfies, recomendaciones basadas en un atlas cutáneo con 150.000 anotaciones dermatológicas, pruebas virtuales en realidad aumentada y un catálogo de más de 750 productos listos para ser sugeridos en el momento oportuno, incluso en el baño y a través de WhatsApp.

El mayordomo digital se encarga de todo, y la vieja masculinidad estólida, cuyo orgullo antes le impedía incluso pedir indicaciones por la calle, hoy, tras la deconstrucción, vive de sugerencias algorítmicas. Una heterogénesis de los fines cuyo desenlace aún desconocemos: tal vez perdamos algunas capacidades cognitivas, pero vestiremos camisas impecables.