¿Por qué el 80% de las personas olvida sus propósitos de año nuevo antes de acabar enero?
Proyectos
La mayoría de los propósitos en la tercera semana de enero se han diluido por consecuencia de la rutina y del cansancio

Olvidar los propósitos pasado enero es muy común
El año nuevo llega con la promesa del reseteo y la firme voluntad de convertirnos en mejores versiones de nosotros mismos: ir al gimnasio entre tres y cuatro días a la semana, leer dos libros al mes, sacar el móvil de la habitación, cocinar más, beber menos, ahorrar … En la tercera semana de enero la mayoría de esos buenos propósitos se han diluido en la rutina y en el agotamiento de cada día. Nos pasa cada año y el patrón es tan exacto que los científicos se han dedicado a estudiar qué nos pasa entre que tomamos las uvas de Nochevieja y el 20 de enero para que flaquee nuestra voluntad y decidamos, como cada año, dejarnos llevar por la vida y hacer lo que podamos.
Solo unos pocos estoicos mantienen sus promesas y ellos son los raros. Las investigaciones muestran que solo entre el 8% y 10% de las personas consigue cumplir sus propósitos de año nuevo. Eso significa que solo una de cada diez personas consigue mantener disciplinadamente sus promesas. Un estudio de la Universidad de Bristol revisó cómo iba el cumplimiento de las resoluciones de año nuevo en junio y se encontró con que el 80% de las personas las habían abandonado a pesar de que más de la mitad se las habían tomado muy en serio y estaban realmente dispuestos a cumplirlas a primeros de enero.
Las investigaciones muestran que solo entre el 8% y 10% de las personas consigue cumplir sus propósitos de año nuevo
¿Qué les pasó o que nos pasa a los que no pertenecemos a ese 20% que sí consigue llevar adelante lo que se promete a sí mismo el primer día del año?
Los expertos hablan de propósitos poco realistas, difíciles de encajar en el modo de vida o complicados de cuantificar. Al parecer las metas tienen más probabilidades de cumplirse cuando son específicas y fáciles de medir. Las metas vagas como “quiero ser más saludable” no funcionan si no van acompañadas de pasos y acciones específicas. El profesor Pragya Agarwal de la Universidad de Loughborough (Reino Unido) argumenta en su blog que enfocarse en cantidades difíciles de medir o cuantificar, como ser más feliz, comer más saludable o ganar más dinero no van a ningún sitio si no van acompañadas de un plan de acción.

Una meta más modesta, es más fácil de cumplir
El perfeccionismo es uno de los grandes enemigos de los cambios de estilo de vida. Así que si uno se propone ir al gimnasio los cinco días de la semana es probable que no vaya ninguno. En cambio, una meta más modesta, por ejemplo entrenar tres veces a la semana es más fácil de cumplir. Las investigaciones de Per Carlbring, profesor de Psicología de la Universidad de Estocolmo, revelan que la efectividad de las resoluciones de año nuevo dependen de cómo las enfoquemos. “Muchas veces un reenfoque es suficiente para que funcionen. Por ejemplo, si el propósito es dejar de comer dulces para perder peso, se puede tener más éxito si se reenfoca el asunto y uno se propone comer varias piezas de fruta a lo largo del día”, explica el profesor. De este modo se reemplaza el azúcar por algo más saludable, y el planteamiento es menos restrictivo.
Cuando nuestras metas descansan en un pensamiento binario: hacerlo todo o nada es fácil abandonar a la primera dificultad que torpedee ese todo. Saltarse una sesión de gimnasio o comer postre un día no tendría que invalidar el resto de la semana.

Cuando nos prometemos a nosotros mismos cambiar algo sin estar convencidos, solo porque toca o por presión social, es más que probable que a las tres semanas hayamos encontrado una buena razón para seguir haciendo lo que nos apetece. Muchas resoluciones se hacen al calor de tendencias y de lo que mandan las redes sociales. Quien no sea un gran lector o una gran lectora no podrá leerse tres libros al mes por más que se apunte en Goodreads.
Tampoco se avanzará mucho si detrás del propósito de año nuevo no hay una estructura y un sistema que soporte el cambio. Decir “voy a comer mejor en 2026” sin un plan organizado de comidas, una hoja de ruta de compras y tiempo para cocinar es como no decir nada. Los hábitos requieren estructura y algo de disciplina hasta que se hacen automáticos y entonces son más fáciles de seguir.

Para no fallar tanto los expertos recomiendan ponerse metas menos grandilocuentes y concentrarse en pequeñas acciones y esfuerzos que vayan construyendo un cambio. Para quien no ha hecho nada de ejercicio en años intentarlo durante quince minutos diarios puede ser un buen comienzo, y sobre todo algo posible y a su alcance.
Además, recomiendan acometer únicamente los propósitos que estén alineados con un fuerte deseo y una motivación real, y medir el progreso más que la perfección. Y, sobre todo, piden flexibilidad y compasión con uno mismo. No hay que echarse una broca cada día, mejor considerar cada error como parte del proceso y seguir adelante sin recriminarnos mucho lo que hemos hecho regular. Si llega febrero y aún mantenemos alguno de los propósitos de año nuevo, quizás valga la pena insistir en ese último que sobrevive y olvidar todo lo demás. Nadie es perfecto.