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Seis bodegueros con solera en el ‘backstage’ de la enología

Profesionales del vino

Han pasado toda su vida entre barricas, trasiegos y botellas, entregados a una profesión imprescindible que nunca ha gozado del reconocimiento que merece

Teresa Font Vernet, bodeguera de Juvé & Camps

Teresa Font Vernet, bodeguera de Juvé & Camps

Cedida

Los bodegueros son profesionales imprescindibles en la elaboración del vino, pero su trabajo nunca ha gozado del reconocimiento que merece. No son los propietarios de las bodegas sino aquellos trabajadores que se ocupan de hacer pies de cuba, de la recepción, la selección y el prensado de las uvas, los que practican el despalillado y el estrujado o están pendientes de la temperatura de fermentación de los mostos y de la densidad. 

También son los que mueven el vino con mangueras y bombas peristálticas, descuban, siembran para realizar fermentaciones malolácticas, desfangan, trasiegan barricas y las mantienen en condiciones o bien filtran y clarifican los vinos. Además de la crianza, incluso están pendientes de los controles de calidad. A la vez, pueden tener un rol clave en el embotellado y etiquetado o en la gestión y operación del almacenamiento de productos.

Trabajando en la sala de barricas de Bodegas Martínez Lacuesta de Haro 
Trabajando en la sala de barricas de Bodegas Martínez Lacuesta de Haro Cedida

Son las manos (y a menudo las narices) de los enólogos. A través de la cata algunos de ellos son los que acaban decidiendo trasegar para solventar las reducciones en la crianza de los vinos. Su labor puede variar dependiendo del tamaño de la bodega y del rol específico que desempeñen, pero en general se ocupan de supervisar y participar en todas las etapas de la vinificación.

Nunca se habla de ellos, aunque son piezas clave. Pese a que hay quien cree que con el tiempo todos aprendemos que en esta vida nada ni nadie es indispensable, sin ellos no habría vino que valga. Como recuerda la directora general y gerente de la bodega familiar vallisoletana De Alberto, Carmen San Martín Gutiérrez, la de bodeguero es una profesión “imprescindible”. Y añade que las nuevas generaciones no van a tener “la dedicación y compromiso” de la actual. Carmen San Martín Gutiérrez lamenta que los bodegueros “ni salen en las fotos ni en los premios”. 

Carmen San Martín Gutiérrez lamenta que los bodegueros “ni salen en las fotos ni en los premios”

Hemos recorrido España buscando retratar a seis bodegueros de toda la vida. No ha sido fácil encontrar a estos bodegueros con tanta solera. Muchos de ellos ya se han jubilado. En más de un caso es una profesión imprescindible que ha pasado de padres a hijos.

San Bartolomé (Lanzarote)

Vicente Lemes de León: 41 años en El Grifo

Vicente Lemes de León afirma que si volviera a nacer, volvería a ser bodeguero 
Vicente Lemes de León afirma que si volviera a nacer, volvería a ser bodeguero Cedida

Vicente Lemes de León, nacido el 4 de septiembre de 1965, lleva 41 años siendo bodeguero con contrato indefinido en El Grifo, en la carretera de Teguise a Uga (Lanzarote), una de las bodegas más antiguas de España. En realidad, lleva más tiempo vinculado a El Grifo, ya que trabajó unos meses en esta bodega de la isla conejera antes de cumplir el servicio militar. Una vez terminada la mili ya se incorporó como bodeguero.

Su padre, Manuel Lemes, fallecido hace tres años, empezó en las tareas del campo, echaba una mano en bodega y también trabajó como jardinero de El Grifo. Vicente suele cubrir su testa con una gorra del revés. Tiene los ojos azules que ha heredado de su padre, y luce bigote y va mal afeitado. Ha empezado a pensar ya en la jubilación, que espera poder empezar a disfrutar a partir de los 63 años.

Si volviera a nacer, volvería a ser bodeguero, asegura. “Creo que lo más bonito de mi trabajo es que me gusta lo que hago”, añade. Incluso ayuda, cuando es menester, en el tren de embotellado o en los trabajos del campo, como podar las vides que crecen en hoyos de ceniza volcánica en paisajes casi lunares. Manifiesta que “el compañerismo en bodega es muy importante”, y dice que se ha fijado en el trabajo de los muchos enólogos que han ido pasando por El Grifo.

Creo que lo más bonito de mi trabajo es que me gusta lo que hago”

Vicente Lemes de León

Vicente Lemes de León

Bodeguero de El Grifo

Es más de blancos que de tintos. Especial devoción confiesa sentir por El Grifo Seco Colección (un 100% malvasía volcánica). No bebe a diario, excepto si tiene que catar en la bodega. Dice esperar tener “un buen relevo”. En este sentido señala que “hay dos chiquitos” que apuntan maneras, aunque reconoce que aún no puede dejarlos solos. “Hay que estar aún encima de ellos”, reconoce. Incluso sus dos hijas, Nerea y Tamara, han trabajado “a temporadas” en Bodegas Hijos de Alberto Gutiérrez (De Alberto).

No le da rabia ninguna que se hable solo de los enólogos y nunca de los bodegueros. En su tiempo libre se dedica a la agricultura en sus propias dos fincas, en los términos municipales de San Bartolomé y Tías. Mima sus parras de listán negro, moscatel y malvasía volcánica, que ocupan una hectárea. Vende sus uvas a El Grifo. Y también cultiva un huerto propio y tiene árboles frutales de los que obtiene productos ecológicos para consumo propio (no va a comprar al súper). Le gusta, además, la práctica cinegética. Caza perdices y conejos, afición a la que se dedica algún domingo. Para Vicen (que es como se dirigen a él en la bodega) la vendimia es sagrada: “si hay que venir en domingo, ¡se viene!”.

Jerez de la Frontera (Cádiz)

Antonio Flores Pedregosa: una vida entre barricas de González & Byass desde que llegó al mundo

Antonio Flores Pedregosa sigue trabajando en la bodega que lo vio nacer 
Antonio Flores Pedregosa sigue trabajando en la bodega que lo vio nacer Cedida

Antonio Flores Pedregosa nació en la que hoy es la habitación número 15 del Hotel Tío Pepe de Jerez de la Frontera, el 22 octubre de 1955. A sus 70 años sigue trabajando en la misma bodega del grupo González Byass que lo vio nacer. Dice que seguirá “mientras la familia propietaria me quiera y soporte”. Reconoce que disfruta mucho con su trabajo: “es mi vida”. Eso sí, ha decidido “bajar el ritmo”. Lleva ya 8 años trabajando con su hija Silvia. Bromea afirmando que su hija “esperará más que el príncipe Carlos”, hoy ya el rey Carlos III del Reino Unido. Su padre Miguel Flores Izquierdo entró de botones a los 14 años a trabajar en González Byass. Fue capataz general, jefe de producción y director de producción. Se jubiló a los 72 años.

La primera vendimia de Antonio Flores fue a sus 17 años. Cobró justo para sus gastos. Trabajó primero en viña y luego en bodega, hasta los 24 años. Recuerda que “no me libré de ninguna vendimia ni cuando hice la mili en la Marina, en San Fernando”. Pidió permiso a la Marina para poder seguir vendimiando. Antonio Flores ha tocado todas las teclas. Fue maquinista de prensa y el 1 de septiembre de 1980 se convirtió en jefe de planta de vendimia. También llevó el laboratorio y fue jefe de cuarto de muestra (afirma que era el sancta sanctorum de las antiguas bodegas de Jerez). Hoy se presenta como un “hacedor” de vinos.

Antonio Flores cree que la de bodeguero (capataces o arrumbadores en el Marco de Jerez) es un oficio que no ha sido reconocido suficientemente. Algunos trabajadores de González Byass han sido la tercera o incluso la cuarta generación familiar dedicadas al oficio. No tiene dudas de que “transmitir conocimientos de padres a hijos es muy importante”. Y resalta que “montar una andana en la bodega no es fácil”, o que “el trabajo de los arrumbadores es súper especializado, como lo es el de los injertadores en el viñedo”.

Seguiré mientras la familia propietaria me quiera y soporte”

Antonio Flores Pedregosa

Antonio Flores Pedregosa

Hacedor de vinos en González & Byass

Le gustan mucho las paellas “buenas”, aunque admite que no es un “cocinillas”. También le place, especialmente, el pescado de Cádiz. Dice que “el atún es como el jamón bueno, y combina muy bien con nuestros vinos”. Además de la afición por el vino y su trabajo en la bodega, le gusta escribir. Incluso tuvo vocación para estudiar periodismo antes que enología. Revela que “si tuviera tiempo escribiría más: algo de poesía, prosa y relatos cortos”.

De jovencito jugó a fútbol (dice que era malo) y a voleibol (balonvoleo le llamaban entonces), pero sobre todo a hockey patines. Su madre sevillana le envió a estudiar a la capital hispalense, y allí jugó en el equipo del Patín San Antonio Maria Claret. Jugaba de defensa. Antonio Flores es una persona muy activa en las redes sociales. Está en Instagram, X y Facebook. Asegura, sin embargo, que “me niego a estar en más redes sociales”, que gestiona personalmente, aunque “algunos no se lo creen”.

Si se le pregunta por su vino favorito no duda lo más mínimo: el Cuatro Palmas de Tío Pepe. Lo prefiere “por muchas cosas”, y añade que “lo salvé de una situación muy especial que no viene al caso”. Manifiesta que “me ha dado muchas satisfacciones este vino cuyas uvas, con toda seguridad, vendimió mi padre”. Incluso señala que “yo lo he llevado a la gloria medio siglo después”. Es del parecer que “se acerca mucho a lo que es la perfección en un amontillado”.

Serrada (Valladolid)

Antonio Ortega Rodríguez: 40 años en Bodegas De Alberto de Rueda

Antonio Ortega Rodríguez asegura que la suya “más que una profesión, es un arte” 
Antonio Ortega Rodríguez asegura que la suya “más que una profesión, es un arte” Cedida

El próximo mes de marzo se cumplirán 41 años desde que Antonio Ortega Rodríguez empezó a trabajar en Bodegas De Alberto de Serrada (Valladolid), en la DO Rueda. A sus 57 años (nació el 25 de junio de 1968) dice que, si volviera a empezar, sin duda, elegiría de nuevo dedicarse a su amada profesión. Sus primeros pasos profesionales los dio a la corta edad de 15 años, cuando ya estaba a punto de cumplir los 16. Su padre fue viticultor y vivió, desde niño, el mundo de la viña. Un antiguo jefe de la bodega De Alberto fue quien le propuso el trabajo, que inicialmente compaginó con tareas en los viñedos.

Antonio Ortega no tiene dudas de que la suya “más que una profesión, es un arte”. Ya dijo Oscar Wilde que “el arte no es algo que se pueda tomar y dejar. Es necesario para vivir”. Cree en los valores inculcados y en la firme vocación para elaborar alguno de los mejores vinos de España. No bebe vinos a diario. Sí lo hace los fines de semana, tres o cuatro copitas de blanco de la variedad verdejo, del que elaboran en De Alberto. Confiesa, además, que le gusta más disfrutar del vino en el aperitivo que en las comidas.

Un enólogo no es bueno sin un buen bodeguero al lado”

Antonio Ortega Rodríguez

Antonio Ortega Rodríguez

Bodeguero de Bodegas De Alberto

Asegura que no le sabe mal que se hable de los enólogos pero apenas de los bodegueros, aunque recuerda que “un enólogo no es bueno sin un buen bodeguero al lado”. A este hombre sencillo de apariencia recia y seria, aunque en realidad es muy afable, sonriente y con las mejillas rojas, no le importaría continuar trabajando 5 o 6 años más. Asegura que el trabajo no le pesa. Y no sabe decir qué es lo más duro de su quehacer profesional, aunque no tiene dudas de que “antes lo era más que ahora”. Y resignado explica que “la vida es así, hay que tomarla como viene”. En la bodega ya están preparando a “un muchacho” con la idea de que lo revele en el futuro.

Como a Vicente Lemes de la bodega El Grifo, a Antonio Ortega también le gusta la caza menor. Lo hace con ayuda de galgos, siempre los domingos andando por el campo con su cuadrilla. Pese a ello, confiesa que “no soy muy de comer caza, más bien soy de platos de cuchara con legumbres castellanos”. Por cierto, no hay ni rastro de su vida en las redes sociales.

Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona)

Teresa Font Vernet: 37 años en las cavas Juvé & Camps 

Teresa Font Vernet junto a una rima de botellas en las centenarias cavas Juvé & Camps 
Teresa Font Vernet junto a una rima de botellas en las centenarias cavas Juvé & Camps Óbal Estudi

Nacida en Sant Sadurní d’Anoia hace 61 años, Teresa Font Vernet lleva 37 años trabajando en las cavas Juvé & Camps. Ya piensa en jubilarse. Quizás lo haga en un par de años, a pesar de admitir que “siempre he disfrutado mucho haciendo el trabajo, que es muy entretenido, siempre aprendes”. Añade que se ha encontrado con compañeros que son “muy buena gente” y con los que ha pasado muchas horas. Y también reconoce que “los jefes siempre se han portado bien conmigo”.

Desde hace cinco años ella también es jefe, adjunta al encargado de producción, un trabajo que considera que es “más duro” por no saber en todo momento si es capaz de “imponerse mucho a los trabajadores”. En todo caso, dice que “me cuesta”. Tiene móvil del trabajo y privado. Y está presente en las redes sociales “pero no las uso”.

Su abuelo materno, Jaume Vernet, a quien no llegó a conocer, trabajó de encargado de bodega en Codorníu. Y su tío materno había sido director general de Codorníu. Su nuera trabaja en Freixenet, y su hijo en Recaredo. Además, su hija trabaja en la oficina municipal de Turismo de La Fassina, de San Sadurní d’Anoia, y su yerno en el restaurante Jardí El Celleret de Família Torres en Pacs de Torres. Su principal afición es el karate (es segundo dan Genbu-Kai). Este deporte también lo practican su marido y sus nietas. Su plato favorito es caracoles en jugo, y su vino predilecto el cava Gran Reserva Brut Nature Reserva de la Familia de Juvé & Camps.

Siempre he disfrutado mucho haciendo el trabajo, que es muy entretenido, siempre aprendes”

Teresa Font Vernet

Teresa Font Vernet

Adjunta al encargado de producción de Juvé & Camps

Teresa Font se incorporó a Juvé & Camps trabajando sólo tres meses al año, por la campaña de Navidad. En aquella época, señala, era necesaria mucha gente porque había muchas tareas manuales. Después empezó a venir también en primavera a podar en el viñedo y en Espiells, en la línea de embotellado, etiquetado y encajado de los vinos tranquilos, hasta que la contrataron a tiempo completo para el equipo de cavas.

Esta risueña trabajadora de Juvé & Camps afirma que durante estos años se ha dedicado a muchos trabajos diferentes y que los ha disfrutado todos “mucho”, especialmente cuando tenían que hacer el cava Gran Juvé & Camps. Dice que “era un trabajo agradecido porque podía hacerlo sentada y sin prisas, ya que requería hacerlo con mucho cuidado”. Colocaba manualmente un lacre verde con una cinta roja en cada botella. Posteriormente ya trabajó con un robot que montaba palés de cajas llenas, y también se ha dedicado a tareas para asegurar la trazabilidad.

Teresa Font afirma que “en una bodega todos somos importantes”, pese a reconocer que “el de enólogo es el trabajo con mayor responsabilidad”. Opina que es “algo injusto” que no se valore en su justa medida el quehacer de los trabajadores anónimos de las bodegas ya que, asegura, “se trabaja muy duro”.

Jerez de la Frontera (Cádiz)

José Blandino Carrasco y su hijo Selu de Bodegas Tradición

José Blandino Carrasco y su hijo Selu sirviendo un catavinos con la venencia 
José Blandino Carrasco y su hijo Selu sirviendo un catavinos con la venencia Cedida

Para José Luis Blandino Suárez, a quien todo el mundo llama Selu, la de capataz (que es como se conoce al bodeguero en el Marco de Jerez) es más que un trabajo, “es una forma de vivir”. Nacido hace 57 años, se ha criado escuchando hablar de vinos. Ya a los 3 años jugaba al fútbol o corría con un patinete en una bodega de tierra. Casi nació debajo de una bota. Selu no tiene dudas de que su profesión no está suficientemente valorada. Dice que “se habla de enólogos y propietarios, pero no de capataces y arrumbadores, que con el tiempo se llamaron trasegadores”.

Lleva 32 años en esta profesión en Bodegas Tradición de Jerez de la Frontera. A los 14 años ya no quiso seguir estudiando, lo mismo que su hijo José Luis Blandino Mariscal, que trabaja en la bodega jerezana San Francisco Corrales. Selu, que dice que nació en Cádiz capital, se crio en El Puerto de Santa María Puerto y es “mantenido en Jerez”, dice que es más sibarita que su padre y que le gusta el Amontillado de Bodegas Tradición.

Selu, que asegura que “hay capataces que saben más que enólogos”, empezó a trabajar en bodega de Fundador (antiguo Domecq) en período de vendimia. De allí pasó a trabajar con su padre José Blandino Carrasco, que tiene 83 años pero está a punto de cumplir los 84. Reconoce que ha aprendido “más buenas cosas que malas” de su padre. Aunque ha sido su maestro, “todo lo he aprendido de él”. Le gusta lo que hace, y dice que “no me pesa venir a trabajar”. A Selu, que tiene WhatsApp y todas las redes sociales, le gusta pescar con caña a bordo de la barca que tiene amarrada en El Puerto de Santa María, en el río Guadalete.

Hay capataces que saben más que enólogos”

José Luis Blandino Suárez

José Luis Blandino Suárez

Capataz en Bodegas Tradición

José Blandino Carrasco empezó a trabajar en 1963 en Domecq (a los 21 años). Antes fue confitero. Su padre ya fue tonelero de Domecq. Recuerda que la profesión de confitero era “muy sacrificada” puesto que supone “trabajar días festivos”. Aprendió el oficio ya a los 8 años, cuando este trabajo era manual. Sacó el número 1 en el examen para incorporarse a Domecq, donde llegó a mandar a su padre (José Blandino López). En 1988 se incorporó como consultor a Bodegas Tradición, desde la fundación de la bodega. Manifiesta que no ha sido difícil trabajar con su hijo, y que antiguamente el capataz era una persona “más importante” ya que “los enólogos casi no existían”. Si volviera a empezar volvería a hacer lo mismo.

Le gusta el vino. A media mañana prefiere fino, pero “no bebo cualquier fino, ya que no me entra”. Tiene WhatsApp pero no está en ninguna red social. No esconde que ha exigido más a su hijo que a otros trabajadores, a pesar de que siempre le ha gustado delegar. Le hubiera gustado que su hijo estudiara una carrera, igual la de Medicina, aunque no descarta que “hubiera sido más desgraciado que ahora”. Lo ve “feliz y contento consigo mismo”. Y no tiene la menor duda de que en este oficio “sin nariz, que se educa a base de experiencia, no vales un duro”. A José Blandino Carrasco le ha quedado, sin embargo, la espina clavada de haber sido prejubilado en Domecq en 1988, cuando tenía 56 años: “me echaron a la calle en pleno apogeo profesional”.

Haro (La Rioja)

Pedro Cadiñanos Martínez: toda una vida, como su padre, en Bodegas Martínez Lacuesta

El actual bodeguero, Pedro Cadiñanos (izquierda), con el actual enólogo, Álvaro Martínez, de Bodegas Martínez Lacuesta 
El actual bodeguero, Pedro Cadiñanos (izquierda), con el actual enólogo, Álvaro Martínez, de Bodegas Martínez Lacuesta Cedida

Luis Martínez-Lacuesta, copropietario de la bodega familiar riojana que lleva sus apellidos, afirma que la trayectoria del bodeguero Pedro Cadiñanos Martínez “es una repetición calcada de la de su padre”. Se incorporó a la plantilla de esta bodega de Haro el 5 de noviembre de 1994, con 27 años. Sus primeros pasos fueron trabajando en la categoría de peón especialista.

Llegó a coincidir trabajando con su padre hasta que éste se jubiló anticipadamente en el mes de mayo de 1999. Un poco antes, en enero de 1998, fue ascendido a la categoría de Oficial de Segunda. Con esta responsabilidad permaneció hasta que en mayo de 2014 se le nombró (como a su padre unos cuantos años atrás), encargado de Sección, el equivalente a lo que se conoce como bodeguero.

Luis Martínez-Lacuesta asegura que “es un excelente trabajador, comprometido y fiel”. Añade que “siempre ha mostrado una muy buena disposición a los cambios que mejoran el trabajo, buscando la mayor eficiencia”. Y también afirma de este hombre, que describe como “tranquilo y sosegado”, es muy ordenado y con una gran capacidad de organización. 

Nosotros hacemos lo que nos indican los enólogos”

Pedro Cadiñanos Martínez

Pedro Cadiñanos Martínez

Bodeguero en Martínez-Lacuesta

Nacido y residente en Haro, a Pedro Cadiñanos no le parece injusto que los enólogos de las bodegas “se lleven todos los parabienes y reconocimientos”. De hecho, este hombre cuya una de sus virtudes no es la del verbo fácil, es más bien parco en palabras, reconoce que “nosotros hacemos lo que nos indican los enólogos”. Curiosamente, en Martínez Lacuesta no sólo en el cargo de bodeguero un hijo ha relevado a un padre. Lo mismo ha ocurrido con el de enólogo, que ocupa actualmente Álvaro Martínez.

No sería de extrañar que Pedro Cadiñanos acabe trabajando durante cuatro décadas, como lo hizo su difunto padre, en las históricas Bodegas Martínez Lacuesta, fundadas el 1 de febrero de 1895. De hecho, a sus cerca de 59 años ya se ve acabando su vida laboral trabajando en Martínez Lacuesta. Asegura que “me gusta lo que hago”. Entre sus aficiones destaca la lectura y la práctica del ciclismo, tanto de carretera como de montaña. Su plato favorito son unas típicas patatas a la riojana, y su vino predilecto es el Campeador de Martínez Lacuesta, un Reserva elaborado con la variedad tempranillo completada con garnacha tinta. Usa el móvil, pero no las redes sociales, que dice que no le interesan.

Ramón Francàs Martorell

Ramón Francàs Martorell

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