Marianne Nielsen, musa de Antonio Flores: “Los dos éramos muy libres y muy rockeros”
Fotografía
Memoria, flamenco y verdad en la mirada de la fotógrafa noruega que encontró en el flamenco, la amistad y la rebeldía su verdadera patria.
Una exposición en la boutique vintage Ojo con el Duende, propiedad de sus amigas Rosario Flores y Mariola Orellana, muestra su colección de fotografías hasta el 8 de marzo

Marianne Nilsen y Antonio Flores
Marianne Nielsen, con su mirada azul, una melena blanca hasta la cintura y una elegancia libre de pretensiones, nos recibe en la que para ella es ya —después de tantos años hermanados por la amistad y el arte— una segunda casa: el hogar de los Carmona Orellana en Madrid. Ofrece café y nos sentamos en el salón, un collage de recuerdos familiares de los que ella lleva siendo testigo desde hace más de cuatro décadas.
Se siente cansada, pero también más ligera, tras el éxito inaugural de su exposición fotográfica dedicada a Antonio Flores -con quien se definían entre sí como almas gemelas- ubicada en la boutique vintage Ojo con el Duende, propiedad de sus amigas Rosario Flores y Mariola Orellana.

“Para mí era importante que esta muestra se instalase en un lugar que, de alguna manera, también tiene que ver con él; quería que fuese algo familiar”, comenta en cuanto a la elección del espacio, que, lejos de compartir la estética común de una tienda de ropa, recrea la de una librería en la que las historias no se encuentran entre páginas, sino entre telas y prendas cargadas de singularidad y memoria, como las fotografías de Marianne.
La exposición, comisariada por Carmensa de la Hoz y que podrá visitarse gratuitamente hasta el 8 de marzo, está parcialmente compuesta por el fondo fotográfico y videográfico donado por Nilsen para vertebrar la película Flores para Antonio, protagonizada por Alba Flores: doblemente nominada a los Goya y ganadora de un premio Forqué a mejor Película Documental. Sin embargo, la muestra también cuenta con numerosas fotografías inéditas de la artista a otras personalidades del mundo del flamenco como Estrella Morente, Paco de Lucía o Antonio Carmona.

Retratos llenos de fuerza que documentan una época en la que España -y especialmente el sur, donde Marianne ubica su patria sin fronteras- era un auténtico hervidero artístico y cultural; libre, rebelde y compartido por talentos de todas las procedencias: “Era un momento increíble, mágico. Una explosión de creatividad, no solo en la música, sino en todos los ámbitos. Había un feeling entre todos y una comunidad tan bonita… nos ayudábamos, nos inspirábamos y nos retroalimentábamos. El arte se vivía de una manera muy distinta a como ahora se vive. Era una experiencia más colectiva y no tan individualista”.
El arte se vivía entonces de una manera muy distinta, era una experiencia
más colectiva y no tan individualista como ahora”
Ese ambiente tan libre -“a pesar de la dictadura, que en realidad nos impulsaba a rebelarnos más”- fue lo que verdaderamente sedujo a Nilsen de España, mucho antes de que Antonio Flores la adoptase como amiga del alma y le abriese las puertas de su entorno.
Bodø, su ciudad natal en el norte de Noruega, recogió los primeros frutos de su creatividad: pintaba telas y, a los 12 años, fundó un grupo de rock femenino en el que cantaba y tocaba el órgano. Sin embargo, Bodø también sembró en ella un cierto instinto de huida: no se sentía pertenecer a un entorno “demasiado cuadrado, ordenado y convencional para mí”. Por eso nunca volvió de aquel viaje a España que hizo junto a su familia a los 16 años.

A pesar de la dictadura, la España de los setenta era extraordinariamente libre porque el régimen nos impulsaba a rebelarnos más”
Fue cuando su hija Eva ya tenía 9 años cuando conoció a Antonio Flores, a través de un cruce de miradas en el aeropuerto, justo un día antes de ser presentados oficialmente por un amigo común en un chiringuito de Marbella. No volvieron a separarse:
“Antonio me presentaba siempre como su musa, y me dedicó aquella canción… pero él fue lo mismo para mí. Era una amistad muy especial; conectamos porque los dos éramos muy libres y muy rockeros. También fue quien me abrió la puerta al flamenco de verdad y me quedé prendada de esa cultura”, recuerda. “Lo que sentí la primera vez que escuché cantar hondo fue algo físico difícil de describir. Es una música viva, como el blues, y es capaz de transmitir una fuerza incomparable”.
La belleza de Antonio era salvaje”
Su vida rodeada de artistas le ha legado una larga lista de anécdotas apasionantes, una extensa familia y una identidad mestiza entre lo flamenco y lo rockero. Además de algunos divertidos sobrenombres con los que se siente muy bien definida, desde Marifé de Noruega a la Gitana de ojos azules.
La necesidad de retratar a su hija Eva fue lo que llevó a Marianne a experimentar con la cámara, pero fue Antonio Flores -y el mundo flamenco y gitano- quienes consolidaron su entusiasmo por la fotografía: “Los gitanos tienen algo profundamente atractivo, unos rasgos y una personalidad que enganchan. La belleza de Antonio era salvaje. Cuando te acostumbras a leer los rostros, te das cuenta de que todo lo que hay en el interior de una persona se refleja en sus ojos, y yo necesitaba plasmarlo”.

El flamenco es capaz de transmitir una fuerza incomparable”
Le pregunto qué es más importante en la fotografía, si la belleza o la verdad. “Diría que la verdad… pero bajo la luz correcta”, responde con humor. “El arte debe ser atractivo, pero la verdad es imprescindible; si no, todo se queda en lo estético, en lo superficial, y se ve y se siente vacío. Creo que eso pasa mucho hoy en día y yo me siento muy alejada de esa forma de creación”.
De esa obsesión por plasmar la identidad a través del retrato nacieron otros grandes proyectos de su carrera como fotógrafa, que compagina con la pintura y con su trabajo como directora de casting: portadas tan icónicas como la de Toma Ketama o la de Remedios Amaya; la exposición Flamenco Anarco-Punky; y un proyecto pionero del que se siente especialmente orgullosa: un revolucionario concierto que impulsó en la cárcel de Carabanchel en 1994, del que también produjo el documental Jail Blues junto a Álvaro Forqué.

El documental me ha servido de excusa para reencontrarme con los recuerdos de Antonio más desde el amor que desde el dolor”
Sin embargo, para ella, haber fotografiado tanto a Antonio Flores se sitúa más en lo emocional y familiar que en lo profesional. “Me costó mucho tiempo, después de su muerte, poder abrir todas aquellas cajas repletas de negativos y cintas. El documental que ha hecho Alba ha sido una excusa para hacerlo y ha sido muy curativo, también para mi, poder enfrentarme a esos recuerdos desde el amor y no tanto desde el dolor”
Marianne no puede evitar las pausas cuando habla de la muerte de Antonio. “Me cuesta, porque vuelvo a ese momento y a ese dolor. Vuelvo a la cabaña y a los días previos a su muerte, durante el luto de Lola”, y continúa: “Él estaba roto, pero incluso a pesar del dolor seguía obsesionado con el disco que quería sacar. A todos los que pasábamos por allí nos sentaba a ver las cintas con las canciones. Él no quería morir, en absoluto”, afirma rotunda, negando con la cabeza: “Me duele mucho que la gente lo pensase, también el estigma de drogadicto con el que cargó. No era real, no era algo con lo que le definiésemos nunca quienes le conocimos”.

A pesar del dolor, Antonio nunca quiso morir”
Marianne se marchó de la cabaña donde vivía Antonio a las dos semanas de morir Lola, intentando, como todos los demás, recuperar un poco la normalidad tras ese paréntesis tan doloroso. Al día siguiente la llamaron para comunicarle la muerte de Antonio: “No lo podía creer, solo quería volver y abrir a puerta de ayer. Ha sido el único momento de mi vida en que he temido de verdad caer en una locura sin retorno. Pero, a los pocos días, volvió en mis sueños y me dijo que estaba bien, que estaba con su madre, y eso me salvo. Me ayudó muchísimo a mitigar el dolor”.
Después de tanto sufrimiento “es bonito seguir teniéndole presente a través de ese amor que nunca se acaba cuando una amistad ha sido tan profunda; por eso esta exposición es tan emocionante para mí”.