La fuerza del barro: la cerámica contemporánea que rompe todas las expectativas
Cerámica
Entre fragilidad y monumentalidad, la cerámica irrumpe como arte total y despliega en Ceramic Brussels todo su poderío simbólico y transgresor

La francesa Marie Pic fue distinguida con el premio del jurado de esta edición de Ceramic Brussels. Trabaja intrincados paneles de gres esmaltado, inspirados en el art nouveau y los motivos orgánicos

Antes de ser vaso fue barro; antes de ser hija del fuego, fue gesto humano. Hoy la cerámica ya no acepta el rincón doméstico ni la etiqueta de oficio menor, ha dejado de un mero objeto utilitario para reclamar su lugar como lenguaje expresivo pleno, capaz de narrar, interrogar y conmover. No es solo material, es pensamiento contemporáneo hecho con las manos. En el tacto de una superficie esmaltada, en la tensión de una forma que desafía la gravedad, se percibe un arte que dialoga con nuestra percepción del espacio, de la huella humana.
Puede ser sutil, como una membrana translúcida que filtra la luz; brutalista, en piezas rotundas que confrontan el vacío, como los troncos de Claudi Casanovas; irónica, cuando juega con nuestras expectativas y nos recuerda que la cerámica puede reírse de sí misma –véase la irrevencia de Chris Rijk- o poética, con texturas, color y fragilidad que susurran historias que trascienden su propio volumen, caso de los finísimos celadones de Kino Satoshi.


En Ceramic Brussels 2026, esta potencia expresiva se desplegó a finales de enero en su máxima diversidad. La feria, la más importante del mundo dedicada en exclusiva al arte cerámico, mostró las infinitas posibilidades del barro en todos sus acabados, con más de 200 artistas y más de 70 galerías. Esculturas delicadas convivieron con piezas gigantescas que parecían pura arquitectura; bodegones al estilo de Morandi con obras que remiten al manga y series que desafían cualquier concepción tradicional del oficio, como los cactus de Chiqui García, con las técnicas precolombinas de la paraguaya Julia Isídrez.


En la entrada al recinto, más de 300 m² dedicados a la obra monumental de Elmar Trenkwalder, el invitado de honor cuyas esculturas de barro se expanden con una riqueza ornamental que bebe del barroco, el art déco y el pensamiento asiático. Tras este primer impacto, las membranas petrificadas, sutiles y orgánicas de Daniela Bergschneider; los jardines encantados de Muriel Persil; los expresivos bustos de Kevin Francis Gray, un delicado equilibrio entre la estabilidad y el cambio. A la vez, técnicas híbridas, esmaltes experimentales y superposiciones de texturas expandían los límites de lo que puede ser cerámica.



España, como país invitado, estuvo representado por las galerías Al-Tiba9, Tramuntana, Barrera Baldán, Metro, Osnova, Ponce+Robles y Jorge López Galería. También por la obra de Enric Mestre, que impulsó la visibilidad internacional de la escultura cerámica contemporánea con sus creaciones, austeras y simbólicas, recintos sellados, silos abandonados, arenas inmóviles y plazas vacías donde resuenan la soledad y la memoria.
La presencia de múltiples generaciones de ceramistas demostró que este lenguaje no solo se sostiene, sino que se expande; jóvenes talentos dialogan con maestros consagrados, y ese intercambio se percibe en la fuerza vital de las piezas exhibidas. La cerámica, en este sentido, se erige como una metáfora del propio proceso artístico: modelar y ser modelado, resistir y ceder, construir y deconstruir. Los premios de arte que en cada edición –y ya van tres– reconocen los trabajos de jóvenes artistas como Marie Pic, Danny Cremers, Walter Yu y Ninon Hivert no hacen más que resaltar la vitalidad y diversidad del barro como arte mayor.

