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Brafa, más vibrante que nunca

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La feria que abre el calendario anual dedicó a la fundación Rey Balduino su 71.ª edición

Obras de arte clásico en el espacio de la galería Jan Muller en Brafa

Obras de arte clásico en el espacio de la galería Jan Muller en Brafa

Luk Vander Plaetse

La segunda feria de arte más antigua del mundo, Brafa (Brussels Art Fair), agita el mercado nada más empezar el año. Su 71 edición tuvo lugar del 25 de enero al 1 de febrero, pero Magazine tuvo la suerte de entrar a los dos pabellones que la albergaban justo tres días antes, cuando la organización aún cerraba los últimos detalles y se ponían los manteles de lino para el gran banquete de apertura. Una cena que se celebra entre obras de arte y en la que cada galería debe escoger tres o cuatro de sus mejores clientes para sentarlo junto a Rembrandt y Rothko. Esa tarde varias obras ya tenían el cartel del vendido. Por lo visto, incluso antes de la cena de apertura, algunos tesoros ya estaban adjudicados.

Una de las estrellas de esta edición la trajo Claes Gallery. Era una máscara de madera original del pueblo Dan en Costa de Marfil que se vendió el segundo día. Por su parte la galería Desmet Fine Art presentó el resultado de una de las persecuciones artísticas más alucinantes. Hace varios años el galerista Tobías Desmet, secretario general de Brafa, compró un trozo del sarcófago de un sacerdote egipcio datado entre 664 y 525 a.C., después de muchas pesquisas consiguió averiguar que sesenta años atrás alguien había troceado la pieza original en cuatro partes. Hace dos años consiguió hacerse con un fragmento y, unido al primero, lo presenta a esta edición de Brafa advirtiendo a los potenciales compradores que faltan otros dos trozos, y que quien lo adquiera se contagiará probablemente con su obsesión por encontrarlos.

'Orbite', obra del artista senegalés Omar Ba, exhibida por la galería Templon en Brafa
'Orbite', obra del artista senegalés Omar Ba, exhibida por la galería Templon en BrafaCharles Roussel

Una muerte de Marat (2025) de más de dos metros del artista chino Ai Weiwei ha sido otra de las piezas más deseadas de la feria. La trajo el galerista belga Patrick Deron. Y a los fetichistas que recuerden el extravagante salón del apartamento parisino de Yves Saint Laurent y Pierre Bergé se les reserva el privilegio de acariciar una pareja de ovejas de los artistas François-Xavier y Claude Lalanne, muy parecidas a las del apartamento del modista.

En 1956 nacía Brafa como una feria de anticuarios belgas, casi un club secreto de expertos, pero en 1995 se abrió a galerías y anticuarios extranjeros y se convirtió en la feria que arranca el calendario del año. Esta edición, dedicada al rey Balduino, se extiende a dos pabellones del Brussels Expo, situado frente al Atomium, y ha acogido a 72.000 visitantes.

Obra de 1973 de Vivian Springford en el stand de la galería Almine Rech
Obra de 1973 de Vivian Springford en el stand de la galería Almine RechHugard & Vanoverschelde

Toda la feria es una fiesta al eclecticismo. Aquí conviven con elegancia más de veinte disciplinas: las vanguardias con el arte africano, la joyería con los impresionistas, y el arte decorativo con los libros raros y hasta con el cráneo de un dinosaurio. Pero este aparente desorden tiene una lógica y una estética muy pensada. Cada galería mima su espacio, y se agradece la ausencia de esa luz blanquecina propia de otras ferias que no es nada favorecedora para las obras. En Brafa cada galerista ilumina y los espacios son agradables y muy personalizados. En algún momento del día, más hacia la tarde, aparecerá un chico abriendo ostras frescas para el personal junto a las piezas más exquisitas de la feria.

En Brafa siempre se encuentran numerosos Picasso, algún Chagall y varios Miró que parecen dialogar de forma fluida con el arte japonés y con los expresionistas belgas. Este año hay varios cuadros de Calder y ningún móvil, y mucha joyería veneciana. La galería Colnaghi, con sede en Londres, Nueva York, Madrid y Bruselas, y la catalana Jordi Pascual son los aportes destacados de España al panel de galeristas.

Vista de uno de los pabellones de esta feria que acoge arte y diseño de todas las épocas
Vista de uno de los pabellones de esta feria que acoge arte y diseño de todas las épocasOlivier Pirard

Los organizadores de Brafa creen que esta ha sido una buena edición. Se ha vendido, se han cerrado acuerdos y se han abierto las ganas para la siguiente feria.

Entre las ventas más importantes la organización informa de que la galería Van Herck-Eykelberg vendió obras de Pierre Alechinsky, René Magritte y Dan Van Severen, así como varias piezas de James Ensor y Léon Spilliaert. Por su parte, Martos Gallery cerró la venta de diez obras de Keith Haring, una de ellas por valor de 500.000 dólares. Klaas Muller, presidente de Brafa y reputado especialista en maestros antiguos, vendió trece pinturas, entre ellas Trofeos de caza de Frans Snyders. La impresionante vista de Venecia con la que uno se cruzaba varias veces en el pabellón, una obra de Apollonio Domenichini también llamado el Maestro de la Fundación Langmatt, fue vendida por un importe aproximado de 80.000 euros, según informó la organización. 

Probablemente nadie se iría con las manos vacías y el ánimo ha sido volver en 2027 a brindar con champán

Los muebles antiguos y las artes decorativas registraron superventas. La Galerie Haesaerts-le Grelle consiguió vender la pieza principal que trajo a la feria, una lámpara de araña de cobre y latón de 1904 ó 1905, diseñada por el belga Gustave Serrurier-Bovy que ocupará un lugar prominente en una residencia bruselense de principios de siglo.

Probablemente nadie se iría con las manos vacías y el ánimo ha sido volver en 2027 a brindar con champán, una bebida que abundaba en esta edición con señalización incluida para que nadie se perdiera camino al bar.