Lifestyle

Si quieres que te amen, activa el modo escucha

Líos modernos

En un momento en el que todo el mundo acude a las citas para hablar de sí mismo, hay quien reivindica poner no el modo avión, sino el modo escucha

Si quieres que te amen, activa el modo escucha

Si quieres que te amen, activa el modo escucha

SONY PICTURES / Album

Tengo cada vez más la sensación de que mis interlocutores me escuchan menos. Intento contar alguno de mis problemas y la respuesta suele empezar igual: “Pues yo, cuando me pasa eso…” o “A mí eso no me ha pasado, pero una vez…”

Y entonces me quedo callado. Digo: adelante, sigue. Porque no tengo más remedio. Yo he venido a hablar de mi problema —que en ese momento me parece insuperable— y termino escuchando los problemas ya superados por los demás. La gente no escucha; la gente acude a las citas esperando su turno de palabra.

La gente no escucha; la gente acude a las citas esperando su turno de palabra

Al principio me molestaba. Ahora me dejo llevar y escucho. La vida es demasiado corta para interesarnos por todo, pero no es demasiado corta para interesarnos por lo que importa. Y, quizá, ahí empieza todo.

La semana pasada cayó en mis manos How to Feel Loved (Cómo sentirse amado), el nuevo libro de la doctora Sonja Lyubomirsky, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de California Riverside, graduada summa cum laude en Harvard, y escrito junto al profesor Harry Reis, de la Universidad de Rochester. Durante décadas, Lyubomirsky ha investigado la felicidad. Y durante décadas le han hecho la misma pregunta: ¿cuál es el secreto? A ella siempre le ha parecido una pregunta reduccionista. Pero si la obligan a elegir, responde algo sencillo y radical: el secreto de la felicidad es sentirse amado.

Pero lo que realmente incide en nuestra felicidad es cuánto amor sentimos que vuelve hacia nosotros
Pero lo que realmente incide en nuestra felicidad es cuánto amor sentimos que vuelve hacia nosotrosGetty Images

No amar —que también—, sino sentirse amado. La investigación, explican, se ha centrado muchas veces en el amor que damos. Pero lo que realmente incide en nuestra felicidad es cuánto amor sentimos que vuelve hacia nosotros. Y aquí viene lo incómodo. Cuando queremos sentirnos más amados solemos equivocarnos de estrategia: o intentamos arreglarnos a nosotros mismos (debería ser más interesante, más ocurrente, más atractivo, más amable…) o intentamos arreglar al otro (si me entendiera de una vez …).

La propuesta del libro es otra: no intentes cambiar a nadie. Cambia la aproximación. Para sentirte más amado, debes empezar por escuchar mejor, activar no el modo avión sino el modo escucha. Los autores proponen adoptar una mentalidad de “escuchar para aprender”: desplazar el foco de responder al de comprender.

Para sentirte más amado, debes empezar por escuchar mejor, activar no el modo avión, sino el modo escucha

La reportera del New York Times Catherine Pearson recuerda en el artículo en el que reseñaba esta novedad editorial cómo Lyubomirsky incide en que todos hemos experimentado la sensación de que alguien sienta auténtica curiosidad por nosotros: sus ojos se encienden, se acercan, parece que no pueden sino esperar a que continuemos hablando. Esa escucha genuina y concentrada resulta poco frecuente. Y, precisamente por eso, es poderosa.

Cuando alguien se siente profundamente valorado y comprendido por ti, se vuelve más dispuesto —incluso deseoso— a hacer lo mismo contigo. Las recomendaciones son casi elementales: no interrumpir, no dar consejos que no te han pedido y, cuando el otro termine, decir simplemente: “Cuéntame más”.

Solemos responder con cuidados a quienes nos cuidan

Prefiero que me quieran a tener la razón, decía Mark Twain en una frase genial. Y escuchar bien es la forma más silenciosa y efectiva de renunciar a tener siempre la razón.

Lyubomirsky propone algo más. Elige una relación, una sola persona de la que te gustaría sentir más amor. Puede ser tu pareja, un padre, un amigo, un colega. Y durante una semana, mantén con ella tres conversaciones en las que practiques esa curiosidad auténtica. Dar y recibir amor funciona como una balanza: elevas al otro con tu atención, y el otro —si todo va bien— te eleva a ti. La reciprocidad no está garantizada, pero es una premisa social poderosa. Solemos responder con cuidados a quienes nos cuidan.

Y escuchar bien es la forma más silenciosa y efectiva de renunciar a tener siempre la razón
Y escuchar bien es la forma más silenciosa y efectiva de renunciar a tener siempre la razónTODOR TSVETKOV

Y, sin embargo, también hay que saber desistir. A veces uno escucha, se abre, pregunta… y no recibe nada a cambio. Si no hay curiosidad mutua, si no hay una mínima voluntad de comprender, quizá no sea la relación adecuada en la que invertir tanta energía. Sentirse amado, sostienen los autores, no está fuera de tu control. Depende en gran medida de cómo eliges conversar y con quién eliges hacerlo.

Todo esto me hizo reparar en otro tema que me preocupa: cómo mantener el entusiasmo. Mi momento más feliz de la semana, por ejemplo, es cuando voy a clase a las siete de la mañana en el metro de París. En el aula intento hacer más preguntas que dar respuestas prefabricadas. Me gusta pensar —como decía Gentile— que una hora de clase vale la pena si yo también aprendo algo.

Cuando escucho de verdad, aprendo. Y cuando aprendo, me transformo.

Ahí está el efecto retroactivo: cuando escucho de verdad, aprendo. Y cuando aprendo, me transformo. Quizá eso sea también una forma de amor.

En su ensayo Donde no existe la gravedad.Pedagogía afectiva de la creatividad (Arquitecturas afectivas), el arquitecto Mauro Gil Fournier dedica un capítulo a “los aprendientes”: personas dispuestas a aprender en el sentido más radical, es decir, dispuestas a escuchar y a sentir cosas que quizá nunca habían escuchado ni sentido, que desbordan sus creencias y su educación. No pretenden retener el conocimiento como propiedad privada. Entienden que educar es mediar, y que la verdadera mediación es estar conectados a las fuentes de la creatividad y dejar que emerjan en nosotros.

La mediación es transformación. Es facilitación. Es sensibilidad. Es la voluntad de seguir escuchando el frágil hilo de la vida, incluso cuando contradice nuestras certezas.

Tal vez sentirse amado tenga que ver con eso: con convertirse en un aprendiente. Con abandonar la ansiedad por hablar y abrazar la valentía de escuchar. Con entender que la felicidad no es un secreto escondido en alguna fórmula mágica, sino una práctica cotidiana de atención.

Escucha otra vez, escucha mejor, entrena en la escucha como si esta fuera un saber no inferior a otros, un requisito esencial para fortalecer el pensamiento. Entrenarse para el maratón vital de la atenta escucha, ese es el reto. Maratón era una ciudad griega situada a 41,8 km de Atenas, de ahí viene el nombre de la carrera. Hace 2.500 años que Filóstrato escribió el primer manual del deporte de la historia.

Escuchar mejor. Elegir mejor. Y mantener vivo el entusiasmo. 

Etiquetas