Un reloj con alma roquera creada por Eric Singer, el batería de Kiss
Historias del tiempo
Del mismo modo que su pasión por el buceo llevó al presidente y CEO Marc A. Hayek a revivir el legendario Fifty Fathoms, su amor por la mecánica le impulsó a buscar y crear lo nunca visto: el Grande Double Sonnerie de Blancpain

Desde hace ocho años dos maestros relojeros de Blancpain dedican todo su tiempo a este reloj, el primero de pulsera capaz de interpretar dos melodías a elección

En un universo donde la precisión es un credo, Blancpain ha convertido el tiempo en un arte que respira. Entre sus complicaciones maestras, su Grande Double Sonnerie ocupa un altar reservado para quienes saben escuchar y un récord difícilmente repetible, puesto que, además de integrar un calendario perpetuo retrógrado, es el primer reloj de pulsera capaz de interpretar dos melodías a elección. Mediante un pulsador en la caja, ofrece la tradicional, la Westminster, o la composición Blancpain, creada por Eric Singer, el batería del grupo Kiss.
Esta pieza, que no puede ser más compleja, ha requerido ocho años de proyecto, 1.200 planos técnicos e incluye 21 patentes y es, además, el único reloj del mundo que interpreta los cuatro cuartos al marcar la hora, brindando una experiencia sonora prolongada.

Todo, con un sonido sensacional, fruto de una experiencia que condensa siglos de ingeniería acústica y una lógica matemática de máxima precisión. Es un instrumento musical que solo se puede producir uno al año, bajo demanda, claro, con un precio plagado de ceros. La apuesta más personal de Marc A. Hayek, maestro impulsor de Blancpain que defiende la sonería como un territorio donde la relojería muestra su alma. Por ello ha involucrado también a su amigo Eric Singer, quien con solo cuatro notas ha inventado un sonido nuevo. La melodía Blancpain.

Aunque lo habitual es marcar la hora utilizando dos notas, Hayek inspiró a los relojeros de Blancpain a desarrollar un grande sonnerie equipado con cuatro notas. Más aún, y aumentando considerablemente la complejidad, quiso que el reloj anunciara la hora mediante notas organizadas en forma de melodía. Entonces surgió la inspiración: ¿por qué no hacer sonar el tiempo con dos melodías diferentes interpretadas con cuatro notas —el clásico carillón de Westminster y una composición original escrita por el roquero Eric Singer? Y además, permitir que ambas melodías se puedan seleccionar y alternar con solo pulsar un botón en la caja.
Exclusividad absoluta entre los grande sonneries de pulsera, interpreta las cuatro cuartas partes cada hora, ofreciendo así una ejecución sonora prolongada y excepcional. Es el reloj más complicado de toda la historia de Blancpain y se entrega en un estuche especial. Elaborado en madera procedente del legendario bosque de Risoud, en el Vallée de Joux, este estuche es mucho más que una simple caja de presentación: prolonga la tradición centenaria de los abetos de resonancia, apreciados por los luthiers por sus excepcionales cualidades acústicas. Actúa como una caja de resonancia natural, amplificando el sonido del carillón y vinculando la pieza al patrimonio cultural y artesanal del valle.
Las grandes complicaciones ocupan un lugar destacado en la historia de Blancpain
Desde sus comienzos, cuando se trataba de una empresa familiar (que durante dos siglos permaneció dentro de la familia Blancpain) la manufactura se ha enorgullecido de su fidelidad a las grandes tradiciones relojeras. En sus talleres situados en el Vallée de Joux, cuna de la alta relojería, el 100% de sus movimientos se fabrican internamente, desde la producción hasta el diseño, ensamblaje y acabados.
Todas las complicaciones y construcciones emblemáticas de la relojería están presentes en las colecciones de Blancpain: calendario completo con fases lunares, calendarios perpetuos, calendarios anuales, tourbillons, carruseles, cronógrafos, GMT, despertadores, repetidores de minutos y, ahora, el grande sonnerie. Además, Blancpain produce sus propias cajas en acero, cerámica, oro, platino y titanio.

Las grandes complicaciones ocupan un lugar destacado en la historia de Blancpain, siendo especialmente notable el 1735, el reloj de pulsera automático más complicado de su época, que contaba con repetición de minutos, cronógrafo con función split-seconds, calendario perpetuo y tourbillon.
Cuando el Presidente y CEO de Blancpain, Marc A. Hayek, concibió este nuevo proyecto de gran complicación hace ocho años, tenía claro que los objetivos habían evolucionado respecto a aquel logro histórico. La apoteosis de los relojes sonoros ya no sería un repetidor de minutos, sino un grande sonnerie. Incluso entonces, crear un nuevo grande sonnerie no bastaría. La instrucción de Hayek a su equipo de diseñadores de movimientos los impulsó a un ambicioso objetivo aún mayor: desarrollar un grande sonnerie que fuera un avance para el arte de la relojería. Los límites exteriores de la relojería sonora pasarían de marcar simplemente la hora a hacerlo mediante una melodía compleja. Como expresó Hayek, aún había más por lograr: El Grande Sonnerie es una de las complicaciones más difíciles de crear. Es la reina de las complicaciones relojeras. Quise ofrecer un Grande Sonnerie que fuera cómodo al llevarlo, no un producto destinado únicamente a permanecer en una caja fuerte. Dos melodías con verdadera musicalidad. Y, sobre todo, un reloj que haga sonreír al dar la hora, que despierte una emoción genuina.
Con una sonería muy elaborada a la vista, que pueda ser admirada mientras sus cuatro martillos interpretan las melodías, encontramos un magnífico movimiento de oro rebosante de las innovaciones de sus 13 patentes y un acabado llevado a la máxima expresión. Esperamos tocar el corazón de los más apasionados conocedores”.
Hoy pensamos en el repique del tiempo como una complicación, un aderezo al movimiento regular de un reloj, que indica que la pieza se encuentra entre las más fascinantes e impresionantes de todas las creaciones relojeras. Sin embargo, en el siglo XIV, la situación era justamente la opuesta. Marcar el tiempo con grandes relojes de monasterios y aldeas se volvió fundamental, superando en importancia a la simple indicación de la hora mediante agujas y esfera. La organización y regulación de la vida diaria de todos los que vivían y trabajaban a su alrededor dependía del tañido del tiempo.
