Moda

Autónoma y radiante, la modelo Laura Ponte elabora vestidos de novia singulares en su propia residencia.

Entrevista

La experta en tendencias y diseñadora ha establecido un estudio en su residencia del centro de Madrid. Desde este espacio recibe a sus clientas con una cercanía y la calma necesaria para concretar su particular método de creación, alejándose de moldes rígidos y de soluciones precipitadas.

Laura Ponte con una práctica artesanal desde su casa diseñandovestidosdenoviaamedida&nbsp;<br>

Laura Ponte realiza un trabajo artesanal en su hogar confeccionando trajes nupciales bajo pedido. 

Carlos Puig Padilla

Laura Ponte (Vigo, 1973) experimenta una fase creativa excepcional: a la edad de 52 años alterna su faceta de modelo en constante evolución (trabaja para marcas como Versace y encabeza lookbooks de Phoebe Philo) con un taller artesano en su hogar dedicado a crear vestidos de novia exclusivos. Su nexo con la industria de la moda es antiguo. Su abuelo se instruyó como sastre en Barcelona y estableció un comercio textil de gran tamaño en Asturias, lugar donde Laura permaneció largas jornadas entre telas y recipientes. Su madre, ducha en el manejo de paños y en distinguir la categoría de cada material, le brindó una instrucción visual prematura que se inició como curiosidad y acabó siendo su medio de vida. 

A pesar de haberse formado en patronaje y modelaje en Parsons, reconoce que su instrucción resultó tan caótica como su inquietud personal: más que la enseñanza formal, fue el acopio de perspectivas (texturas, formas, ademanes) lo que definió su enfoque creativo. Aquella fascinación insumisa por los materiales y la silueta la impulsó a cooperar con colegas del sector y a recorrer lugares participando en diversas propuestas, hasta que terminó confeccionando piezas personalizadas para una conocida. En ese momento, explica, surgió su verdadera vocación: el desafío de ajustar una idea estética a la existencia de un tercero, considerando sus dilemas, su pasado y sus paradojas.

Si bien se formó en patronaje y modelaje en Parsons, reconoce que el aprendizaje fue igual de disperso que su propia inquietud.

Retrato de la modelo española Laura Ponte
Retrato de la modelo española Laura PonteCarlos Puig Padilla

Ha dicho que no le gusta que la etiqueten como diseñadora de vestidos de novia.

Por lo general, no soy partidaria de las etiquetas. Creo que esto se relaciona con mi forma de existir. Literalmente, ignoro qué estaré haciendo el día de mañana. En este momento, acepto encargos de las novias que aparecen, pero desconozco cuánto tiempo seguiré por aquí. Se lo comento siempre a Ana, quien dirige el taller: “cuando tú te jubiles, igual yo también”. No me agrada que se limite mi trayectoria vital, pues estoy dispuesta a vivir nuevas vivencias. A menudo, las clasificaciones terminan bloqueando opciones antes de lo previsto.

Pero el trabajo con novias ocupa una parte importante de su día a día.

Por supuesto, y lo disfruto muchísimo. Me aporta equilibrio de una manera muy especial. Primero, porque poseer una profesión y sentir que estás construyendo algo te otorga gran serenidad. Y además, porque no es solo el trabajo: son las personas. Colaboro con Cris, una de mis amistades más cercanas, quien me motivó a iniciar este proyecto. También están Ana, otras dos compañeras y alguien más que acude ocasionalmente… hemos formado un grupo reducido, y para mí el sentido de comunidad es fundamental.

El amplio piso de alquiler del paseo de La Habana donde vive Ponte le permite albergar a la vez y con comodidad su vida familiar y su actividad como diseñadora
El amplio inmueble arrendado en el paseo de La Habana donde vive Ponte le permite compaginar con sencillez su entorno familiar y su actividad como diseñadora.Carlos Puig Padilla

¿Qué significa eso para usted, la comunidad?

Tengo la facultad de permanecer tres jornadas en mi cuarto sin conversar con nadie, manteniendo el móvil en modo silencio permanentemente. No obstante, requiero igualmente esta otra faceta. Que acudan personas, que se sientan cómodas, que permanezcan y que conversemos. Existe un componente muy hogareño en esta dinámica que me agrada. El hecho de que entren en este espacio y depositen su confianza en mí al grado de visitarme para confeccionar una prenda tan relevante… eso establece un vínculo diferente. Tener el estudio en mi propio hogar favorece la creación de un ambiente íntimo. Comprendo que para algunos resulte extraño o poco profesional, sin embargo, para mí es fundamental conocer a quienes colaboran conmigo. Percibirlas. Y en este lugar, ese proceso ocurre de manera espontánea.

Me es fundamental tratar a las personas con las que laboro. Percibirlas.

¿Cómo empieza el proceso con una novia?

Conversando. No existen prendas exhibidas ni piezas para medirse. Y aquello, por supuesto, no resulta precisamente lo más calmante. Suelo afirmar que se trata de un ejercicio de confianza. La vestimenta no está presente al momento de tu llegada. Se construye poco a poco. Evoluciona conforme ganamos seguridad, debido a que ocurren situaciones o surgen imprevistos que terminan siendo valiosos. Disfruto laborar de esta manera ya que me otorga autonomía. Además, por una cuestión de consideración, evito duplicar diseños. Cada pieza es totalmente única. Considero fundamental que, al encargar una prenda, esta te pertenezca genuinamente.

Ponte no usa patrones para elaborar sus trajes de novia: cada uno de ellos es un<br>proyecto construido sobre el cuerpo de la novia
Ponte prescinde del uso de patrones durante la confección de sus trajes de novia: cada pieza constituye un
proyecto construido sobre el cuerpo de la novia
Carlos Puig Padilla

Ese comienzo sin referencias puede imponer bastante.

Exige seguridad mutua. No obstante, siempre les aseguro que no se marcharán con un resultado que no deseen. Observan cada etapa del desarrollo y toman decisiones. Si algún detalle no convence, se modifica sin inconvenientes. En ocasiones callan por temor (a la madre, a la suegra…) y después surge el arrepentimiento. En ese punto, retrocedemos. Esta labor no funciona como una línea de producción. Carezco de una metodología estricta. No utilizo formularios, ni dibujos previos, ni ofrezco tres alternativas para escoger. La prenda no está definida al inicio, sino que se va elaborando. Tal incertidumbre resulta molesta para bastantes personas. Sin embargo, a mí me atrae esa apuesta arriesgada. Me motiva desconocer el destino preciso del camino. Es ahí donde surgen los hallazgos. Se manifiestan respuestas que no se habían planeado. Yo planteo ideas y ellas eligen. Y aquello representa, para cualquier diseñador, una lección de modestia inmensa.

Y, sin embargo, trabaja muy de cerca con la inseguridad.

En gran medida. Enormemente. Y no siempre resulta obvio. A veces llegan con mucha firmeza y decisión, pero luego, paulatinamente, todo empieza a manifestarse. Porque de pronto te conviertes en el eje de todo. La silueta, los retratos, el juicio ajeno… Es una situación violenta, sinceramente. Intento mitigar esa carga. Explicarles que nadie las observa de la forma en que ellas piensan. Los invitados celebran algo mucho más trascendente que su físico. Hay complejos corporales muy específicos (los brazos, la espalda, el pecho), pero también existen otros más hondos. El temor a no agradar. A defraudar. A no alcanzar el nivel de algo que debe ser impecable. Y en esos casos no puedo hacer prodigios, pero sí estar presente. Quitarle peso al asunto. Reírnos. En ocasiones, simplemente charlar tres horas sobre cualquier otro tema.

LauraPonte recibe a sus novias en un espacio donde conversan y toman decisiones<br>sobre lamarcha
LauraPonte recibe a sus novias en un espacio donde conversan y toman decisiones
sobre lamarcha
Carlos Puig Padilla

Habla mucho de embellecer, no de transformar.

Por supuesto. Mi labor no consiste en hacer perder peso a nadie. Me enfoco en la figura actual, tal y como se presenta hoy. Esto requiere una observación detallada: sus movimientos, su posición, si suele encorvar la espalda o la forma en que manipula sus prendas. Resulta imposible diseñar un cuello muy elevado para quien eleva los hombros constantemente, ya que experimentaría agobio. Es inviable exigirle que mantenga una postura erguida permanentemente. Mi función es adaptarme a su realidad.

¿Piensa en el novio cuando diseña?

Por supuesto. Habitualmente, cuando me muestran cómo lucen al arreglarse, suele ser con motivo de bodas. Así logro ver quién es su pareja. Después me narran su trayectoria: el tiempo que llevan unidos, el carácter de él y el tipo de vínculo que mantienen. Todo eso me proporciona datos valiosos. No realizo diseños para el hombre, pero sí valoro el entorno. No es igual tratar con alguien retraído que con alguien muy abierto. En ocasiones, los novios visitan este lugar, vienen a por vestuarios o llegan al terminar. Es llamativo, ya que a menudo confirmas percepciones que ya habías notado en ella.

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