Del obrador a la pasarela: la historia de Higar Novias, una empresa familiar que viste bodas
Industria española
Con más de 45 años produciendo en España, la firma andaluza recibe a novias de distintos rincones del país y del extranjero para crear su vestido a medida

Imagen de archivo de los talleres de Higar Novias.
Entre fachadas andaluzas blancas y amarillas y naranjos en flor, destaca un edificio color fucsia. En 1980 Fuente Palmera (Córdoba), el llamado “pueblo de las novias”, vio a José Luis Hidalgo dejar el obrador y atreverse a cambiar la tibieza del pan recién horneado por el roce de las telas. Así nació Higar Novias, una firma que en sus más de 45 años de vida ha vestido a generaciones de novias.
Hoy es una empresa familiar, y no solo porque su hijo, Manuel Hidalgo, se incorporó al negocio con apenas 22 años, incluso antes de terminar sus estudios, sino porque el taller acoge a novias con el calor y cariño propios de un hogar. Según Manuel Hidalgo, los motivos por los que las clientas eligen Higar Novias siempre son parecidos: diseño, experiencia y, sobre todo, personalización.

En Higar Novias cada vestido se hace a mano y se crea en complicidad con la novia: elegir tejidos, ajustar siluetas, jugar con detalles hasta lograr una pieza que represente a la protagonista del día. “Compre o no compre, la atención tiene que ser la misma”, repetía siempre Angelita García, madre de Manuel Hidalgo. Cada año más de 1.500 parejas acuden a la tienda en busca de sus trajes de boda soñados. La firma también viste a madrinas e invitados. Su mercado principal es España, seguida de Italia y de países de Oriente Medio y Centroamérica.
Con todo, la entrada en la moda nupcial no fue planeada. En 1980, José Luis Hidalgo, entonces panadero, tuvo la oportunidad de abrir una tienda de ropa donde primero se vendía todo tipo de prendas: de señora, caballero, niños. Hasta entonces, el pueblo no había conocido nada igual. Con el tiempo, la tienda se volcó hacia la moda femenina, conservando hasta hoy su nombre original. Sus amplios probadores que están allí desde los inicios, se despliegan a lo largo de un corredor que lleva al espacio favorito de las novias: un espejo decorado con motivos blancos, donde se miran y toman la decisión final.

El siguiente paso llegó con el cierre de un gran fabricante, que en aquel momento marcaba tendencia. Ese vacío obligó a reinventarse. Primero comprando, después confeccionando de manera artesanal, pieza a pieza, con modistas, sembrando la semilla de algo mayor: la fabricación propia.
Por encima del ruido de las máquinas de coser destaca la alegre voz de Loli Díaz, que lleva 45 años trabajando en el grupo: “Aquí estoy”. Debajo de fotografías en blanco y negro de los primeros días, decenas de modistas dan forma a vestidos en las dos plantas de la fábrica. José Luis Hidalgo recorre los talleres, que hoy dirige su hijo, y aún recuerda viajes a Barcelona para buscar telas.
Manu García es una marca de alta costura, mientras que Valerio Luna se aproxima al prêt-à-porter”
Un día no pudo encontrar ninguna tela que fuera de lunares. Recorrió Barcelona, Mataró y sus alrededores, pero la respuesta era siempre la misma: no quedaba género. Al final tuvo un golpe de suerte. Un fabricante le propuso un trato: si se llevaba todo el stock, se lo dejaba a buen precio. José Luis Hidalgo aceptó, y en pocos días a Fuente Palmera llegó un camión cargado de telas.
Junto a Loli Díaz, su primera trabajadora, comenzaron a desenrollarlas: lunares grandes, pequeños, en positivo, en negativo... Todo era lunares. Ya no había marcha atrás. Durante meses, todo se confeccionó con esas telas: mezclando, probando y experimentando. Aún así lograron vender prácticamente todo, y los restos apenas alcanzaron para camisas o prendas sueltas.
Ahora la marca apuesta por tejidos lisos como seda, piqué, mikado o crepé. Antonio Vázquez, director creativo de Manu Garcia, lleva 18 años creando diseños para las dos líneas del grupo, cada una con su propio carácter. “Manu García es una marca de alta costura, mientras que Valerio Luna se aproxima al prêt-à-porter”, explica Vázquez.
Cada línea propone una forma distinta de acompañar a la novia. En la de Manu García, el proceso fluye sin intermediarios. El diseñador se implica directamente en todo el proceso creativo, desde la primera entrevista hasta la entrega final.
Una moda nupcial más atrevida
A Antonio Vázquez le gusta cuestionar el protocolo de la moda nupcial, elaborando vestidos más atrevidos, sensuales y libres. En la nueva colección antes que el vestido, fue el movimiento: el viento atravesando la arquitectura, deslizándose entre columnas, alterando la quietud de las estructuras. De este diálogo entre el viento y la arquitectura nacen giros de falda, superposiciones de tejidos y volúmenes suaves.
“Siempre me atrajo la novia y la fiesta, porque es donde más creatividad hay”, señala el director creativo al presentar Luz Propia, una colección cápsula pensada para trascender el día de la boda. Faldas combinables con punto, corsés que funcionan con pantalón, vestidos que se transforman y adoptan un aire más cóctel.
Esa versatilidad se traslada también a la colección de pasarela, donde algunas piezas funcionan tanto como vestidos de novia clásicos como prendas reutilizables. En esta propuesta, Manu Garcia colabora además con la sombrerera Alexia Álvarez de Toledo, autora de tocados para la infanta Elena y la actriz Glenn Close. La colección se presentará en la Barcelona Bridal Fashion Week, del 24 al 26 de abril.