Ai-Dada o cuando la inteligencia no es artificial sino artística
Historias del tiempo
Con desparpajo culto, memoria artística y latido pop, Swatch ha democratizado como ninguna otra manufactura el arte y ahora ofrece, además, todo su legado para que quien quiera pueda editarse un reloj único

Desde el primer día la firma ha democratizado el arte para llevarlo a la muñeca

Hay firmas que se acercan al arte con guantes blancos y otras, como Swatch, que se manchan felizmente las manos de pigmento para convertir cada reloj en un manifiesto pop. El color, la gráfica insolente y la muñeca como galería portátil han encarrilado su obsesión de democratizar el acceso no solo a la relojería sino también al arte. Latiendo al ritmo de la cultura contemporánea, la manufactura ya adelantó maneras en 1984 con la presentación (adelantadísima a su tiempo) de su inesperado Swatch World Breakdance Championship.
La música, las electrizantes batallas de breakdance que hicieron retumbar las paredes del hotel neoyorquino The Roxy y el icónico cartel diseñado por ¡Keith Haring! Han quedado para la historia.

Pero, sobre todo, ratificaron ese ADN insólito e irreverente de Swatch. En su convicción contagiosa de que el arte cabe en la muñeca y desborda cualquier esfera, ha invitado a intervenir sus relojes a artistas de todas partes. Desde el propio Haring a Annie Leibovitz o Yoko Ono e incluso la controvertida Pigcasso. ¿Se acuerdan? Superando todos los límites de la creatividad y extralimitándose como nunca en la provocación, el talentoso cerdo del que tanto se habló en el 2019 fue el creador del Flying Pig by Ms. Pigcasso, de edición limitada.
Ahora, mucho más recientemente, Javier Mariscal ha añadido un nuevo capítulo a esta colección, la Swatch Destination Art, que recorre diferentes destinos del mundo con diseños trazados por un artista local imprescindible con el Grancelona. El suyo, el de Mariscal, es un recorrido por su mundo único y por la dinámica cultural de la ciudad que permanecerá olímpica para siempre.

Estos 43 años que Swatch celebra cada día han dado para mucho, pero sobre todo para colaborar con grandes museos. Todo empezó cuando el MoMA añadió un Swatch a su colección de diseño (ahora ya hay tres: GB100, Jelly Fish y Jelly Skin), y más tarde, en el 2021, aceptó la asociación con la marca relojera para reproducir la obra de Klimt, Van Gogh, Mondrian y un largo etcétera de grandes, grandísimas, firmas.
Ahora, además de una recentísima entrega de la colaboración con el Guggenheim (Pollock, Monet, Klee y Degas culturalizando desde las esferas), Swatch sorprende con un nuevo arrebato artístico de los suyos, otra provocación en toda regla. Es su AI Dada, que no se apoya, defiende Nick Hayek, el inventor de la firma, en la inteligencia artificial sino en la artística. Swatch, predispuesto desde sus inicios al dadaísmo, pone a disposición de todo usuario su base para que edite su pieza única.

