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Vamos a implosionar

Cristales de bohemia

David Uclés Escritor

Hace unos días, el instituto Ramiro de Maeztu de Madrid me invitó a hablar a sus alumnos de mi última novela y del mundo de hoy. Después de una hora larga, antes de despedirme de ellos, me levanté del asiento y les hablé desde el corazón y sin guion. “Solo os quiero dar un consejo: id a vuestros pueblos, hablad con vuestros abuelos y tened los ojos bien abiertos, porque en unos años no quedará ya nada de vuestro mundo de ayer”.

La infancia siempre es un territorio añorado. Desaparece pronto y su escenario se desmorona con los años. Pero intuyo que, hoy día, esos cambios se están produciendo mucho más rápido. La modernidad está devorando todo. Los apéndices electrónicos sustituyen nuestras arterias por cables de alta velocidad. El mundo rural, donde el tiempo todavía latía más despacio, está desapareciendo. Los hábitos tranquilos, como la lectura pausada o la costumbre de ir al cine, menguan. Los espacios temporales donde no hay nada que hacer y el aburrimiento se adueña de nosotros apenas existen ya. Todo es fugaz y vertiginoso. Todo está mutando.

 

Vicenç Llurba

No se está expandiendo el universo, como afirman los científicos, se constriñe y nos asfixia. Nuestros territorios se están plegando, como en la película Origen. Y no nos da tiempo a reflexionar para trazar un plan y escapar de ellos. El pensamiento va a una velocidad limitada y no puede seguirle el ritmo al vertiginoso compás de estos tiempos devoradores.

Me doy cuenta de todo esto trayendo mi infancia a la memoria, cuando todo era más pausado. Ahora: los cereales que tomaba de pequeño tienen el doble de azúcar; el ritmo de los programas televisivos está más fragmentado que nunca, y apenas dura un mismo plano más de unos segundos, y hay más luz y ruido en pantalla; no hay bancos para sentarse en mitad de un día desasosegante; los artículos de los periódicos me marcan en negrita lo que tengo que leer, o resumen en un audio el contenido; las plataformas montan las películas para atrapar nuestra atención; la forma de ligar se basa en un modelo de usar y tirar; la comida es rápida; los encuentros, cada vez más virtuales; las modas cambian cada mes…

Siento mucha ansiedad porque todo va muy rápido

Siento mucha ansiedad porque todo va muy rápido. Lo peor es que nos venden que todo esto es progreso porque, a esta velocidad, conseguimos ahorrar tiempo. Es cierto. Pero si empleamos el tiempo ganado en ver historias instantáneas en las redes y en llenarnos la cabeza de estímulos fugaces… ¿merece la pena el ahorro?

Ojalá la peonza dejara de girar.