Marta Robles: La dama del ‘noir’
Escritores
“Escribir una novela es un milagro”, asegura la periodista y autora de ‘Amada Carlota’

Marta Robles presenta su libro Amada Carlota’, editado por Espasa
Marta Robles se ha convertido contra todo pronóstico en nuestra gran dama del noir. Se siente cómoda en la Semana Negra de Gijón y entre los autores que imaginan, como ella, crímenes rocambolescos que mezclan secretos familiares con la historia reciente de un país como España. Desde el 2019 dirige y prologa para la editorial Alrevés la colección true crime Sin Ficción.
¿De dónde le viene el gusto por la novela negra?
El género negro tiene una vinculación con mis primeros recuerdos lectores. La gente de mi generación empezó a leer con los pequeños detectives creados por Enid Blyton, Los Cinco... Todos teníamos ese primer contacto con esos pequeños investigadores que nos retaban a descubrir tramas, misterios y asesinos. Luego en mi vida apareció Edgar Allan Poe y ya me acerqué a lo que era el noir, y empecé a escribir historias de sangre. A mis padres los llegaron a llamar del colegio porque le había clavado un destornillador en el ojo a un personaje en uno de mis relatos. El noir siempre ha sido uno de los géneros más denostados. Jorge Luis Borges solía decir que a los académicos no les gustaba el género negro porque no era suficientemente aburrido.
Es que a mí me gusta el héroe clásico, ese detective deslabazado que comete errores”
¿Dice que prefiere el noir clásico al contemporáneo?
Es que a mí me gusta el héroe clásico, ese detective deslabazado que comete errores, y entonces cuando era glamuroso vivía empapado en alcohol y asfixiado por el humo del tabaco, y tenía la vocación de enfrentarse a las instituciones corruptas, y si era necesario, saltarse la ley. Era un poco como el Quijote.
¿Y cómo ha evolucionado ese personaje en el noir moderno?
Pues, excepto en mi caso que trato de recuperar al detective del Chicago de los años veinte, ese personaje es un policía, o varios guardias civiles, gente profesional. Luego hay otra rama en la que los investigadores son abogados o, incluso, amas de casa.
Entre los hallazgos de su investigación para esta novela está la teoría del “gen rojo”. ¿En qué consistía exactamente?
Era una teoría eugenésica desarrollada por el psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera durante la Guerra Civil y la posguerra que sustentaba la supremacía moral e ideológica de muchas cosas que pasaban en el tiempo de Franco; por ejemplo, el robo de bebés.

Su novela parte de algo que parecen tener todas las familias, un secreto.
Siempre he creído que todos tenemos escaparate y trastienda. En el pasado las apariencias pesaban más y había que proteger más esos secretos y lavar los trapos sucios en casa, y cuando se cerraban las puertas todo pasaba en una impunidad horrorosa. Probablemente ahora pase en menor medida, pero sigue habiendo violencia secreta.
Esta es la novena novela que escribe y a la vez ha seguido ejerciendo el periodismo. ¿Como separa la realidad de la ficción?
Mis primeros libros fueron periodísticos, precisamente por mi respeto a la literatura, que en mi vida ha sido siempre muy importante. Empecé a escribir ficción en el 2001, y debe ser que en la cabeza se separan las cosas, porque cuando hago periodismo sé que mi compromiso es con la verdad, pero cuando estoy en el terreno de la ficción me permito usar sus herramientas de reparación para conmover a los corazones endurecidos de los lectores con tanta realidad.
Cuando me meto en una novela escribo seis horas seguidas diarias. No descanso”
¿Amada Carlota es una novela de ficción?
Absolutamente, lo que pasa es que la ficción tiene que ser verosímil, y para eso tiene que estar apuntalada en datos reales. Esto lo hago yo y lo hacía Stendhal.
¿Cómo es su rutina de escritura?
Cuando me meto en una novela escribo seis horas seguidas diarias. No descanso. Y durante la escritura sigo investigando. Me gusta que la novela esté viva.
¿Todo el universo conspira y manda señales cuando empieza a escribir?
Tienes tal obsesión que todo son señales. De hecho, Amada Carlota es el nombre de un hotel perdido que descubrí por casualidad.

Hay escenas duras en la novela. ¿Cómo ha podido escribirlas?
He estudiado, me he documentado y he tenido la ayuda de asesores a los cuales agradezco al final de l libro, pero muchas veces, cuando las vuelvo a leer, yo también me pregunto cómo he podido hacerlo.
Se dice que en España hay más gente escribiendo que leyendo...
A mí siempre que me viene alguien a decirme que está escribiendo pero que no lee, le digo lo mismo: se nota. Si no lees, la riqueza del lenguaje va a ser menor, pero también te va a faltar la empatía que aporta la lectura, que te abre la mente de manera que puedes ponerte en el lugar del otro, y eso te permite crear situaciones, voces, personajes. Es verdad que los escritores somos ladrones de conversaciones ajenas, pero yo creo que el ejercicio de la literatura requiere la lectura, de una manera indispensable.
Con el auge de la s plataformas las buenas novelas suelen mutar en series, digamos de Netflix. ¿Piensa en ello cuando escribe?
Negarlo sería no vivir en el siglo XXI, pero creo que escribir pensando en el audiovisual se nota mucho. No me gusta en absoluto. Los libros que se acercan tanto al guion le está robando magia a la literatura. Escribir un buen guion es muy difícil, pero escribir una novela es un milagro.