El duro relato de Henar Álvarez (‘Al cielo con ella’) sobre su parto: “Tal y como entró el médico le pregunté si me estaba muriendo”
La maternidad real
En 2017, la presentadora madrileña relató en un artículo las complicaciones y la falta de respeto institucional sufridas durante un alumbramiento que derivó en una intervención de urgencia

Henar Alvarez, en una imagen de archivo.

Del internet a la televisión lineal. En el arranque de 2026, Henar Álvarez puede enorgullecerse de haberse hecho con el hueco preciso. La segunda temporada de Al cielo con ella, el programa que comenzó emitiéndose en RTVE Play, ha saltado con éxito a la noche de los domingos en La 2. Con su habitual estilo ácido y reivindicativo, la cómica madrileña ha logrado consolidar un espacio donde el humor gamberro y la perspectiva de género se dan la mano, entrevistando a figuras de la talla de Ana Belén o Leticia Dolera en esta nueva etapa.
Sin embargo, detrás de la faceta pública de la guionista y actriz, existe una trayectoria marcada por la honestidad sobre su vida privada. Antes de los pódcast virales y los premios a la igualdad, la comunicadora ya utilizaba su pluma para desmitificar procesos vitales. Fue en 2017, durante su etapa como columnista en El Confidencial, cuando detalló sin ambages la crudeza de una experiencia que la marcó profundamente: el nacimiento de su hijo, un proceso que ella misma definió como falto de respeto hacia el cuerpo femenino.

“Pan para hoy y hambre para mañana”
Las críticas de la humorista a la medicalización excesiva del alumbramiento y la presión hospitalaria
La madrileña relató cómo, tras cuarenta y ocho horas de retraso sobre la fecha de cuentas, el proceso comenzó de forma inducida mediante la maniobra de Hamilton. Álvarez defendió inicialmente su intención de evitar una excesiva intervención, señalando que “nuestro cuerpo está preparado para los dolores del parto” y criticando cómo la medicina moderna, en ocasiones, acelera los tiempos por pura logística hospitalaria. “Como ya no sientes dolor, pueden empezar a manipularte para acelerarlo y evitar que te tires un día entero ocupando una cama”, explicaba sobre el uso de la anestesia.
Según su testimonio, la presión para aceptar la epidural fue constante por parte del personal sanitario, a pesar de sus negativas iniciales. “La matrona me preguntó si quería la epidural y dije que no. Torció el gesto”, recordaba Henar. Tras varias insistencias, la comunicadora acabó claudicando cuatro horas después. En ese momento, la sensación de la presentadora fue la de haber dejado de “joder la jornada laboral” a los profesionales, permitiendo que comenzara el protocolo de oxitocina para generar contracciones artificiales.
El relato se vuelve especialmente descriptivo al hablar del entorno del paritorio, que Álvarez comparó con una situación de aprendizaje académico donde la intimidad quedaba en un segundo plano. “La matrona principal explicaba cómo se determina la cantidad de centímetros que has dilatado y unos tres o cuatro futuros médicos metían su mano”, confesaba sobre aquel momento en el que se sintió observada por múltiples desconocidos mientras su pareja asistía atónito a la escena.

“No somos vasijas”
El desenlace en quirófano y la denuncia de una atención médica centrada en el profesional y no en la mujer
El momento crítico llegó cuando la anestesia dejó de surtir efecto frente a las contracciones generadas artificialmente. La intensidad del dolor físico llevó a la cómica a una situación límite de vómitos y desesperación. Fue entonces cuando se produjo el encuentro que encabeza esta noticia: “Llamaron corriendo al médico y tal y como entró por la puerta le pregunté si me estaba muriendo”. La respuesta médica fue que aquellos dolores eran simplemente producto de las contracciones, aunque finalmente fue trasladada de urgencia al quirófano para una cesárea.
Henar Álvarez concluye su experiencia denunciando la soledad del postoperatorio y las secuelas físicas que, años después, todavía persisten. El texto original de la presentadora es una crítica frontal a lo que denomina “medicina androcentrista”, cuestionando por qué se descuida el bienestar de la madre bajo la premisa de que solo importa el bebé. “Ya basta de que se descuide nuestro bienestar. No somos vasijas que poblamos el mundo, somos personas”, sentenciaba con la contundencia que hoy caracteriza su discurso en la televisión pública.