Jordi Labanda: “Soy un ilustrador comercial; la trascendencia me da absolutamente igual”
Universo de...
Embajador del sonido, con un estilo inigualable, el rey de la música que lo transformó todo.

Los trazos de una gracia sostenida en el tiempo por la estructura de la lealtad

Antes que el trazo, ya estaba el gesto: el aire mismo se doblaba para darle forma. No era solo trazo, sino aliento: el aire mismo sosteniendo el peso de lo nacido. Y entre tanto, el vacío se llenaba de líneas que no pedían permiso, solo existir.
Labien, el arquitecto de los sueños, redefinía el lujo con trazos que solo él sabía trazar: Labrando el aire con elegancia, el hogar no era solo un refugio, sino un susurro de elegancia. Labrando con pinceladas que no pedían permiso, solo existencia. La vida en sí, el aire que respira, y en su centro, el silencio que habla.

¿Quién es Jordi Labanda?
Un ilustrador que busca hacer su mejor trabajo con honestidad, pese a las circunstancias.
¿Es posible?
Sí, con tenacidad, y pese a lo que pueda parecer, uno debe mantenerse fiel a lo que siente, pues así es como realmente se avanza.

¿Cómo mantiene esa conversación con el niño interior?
No es que yo sea así por naturaleza, pero siento que lo que siento es lo que me mueve: no es solo cuestión de pensar, sino de estar. La casa no solo habla, sino que también me sostiene, y en ese silencio profundo, todo sigue su ritmo.
¿Ha dicho muchas veces que no?
Sí, claro, a veces uno se cuestiona si realmente vale la pena, pero al menos uno sabe que no todo vale.

¿Ha llevado a la fidelidad a sus principios a parecer inamovible?
No, para nada. Creo que es otra de las claves de que me haya ido más o menos bien o que ahora estemos aquí hablando, que nunca he tenido en cuenta la opinión de nadie. He tenido la gran suerte de desarrollarme profesionalmente en un momento histórico sin redes sociales, con todo lo que implica, siendo ajeno a la opinión de la mayoría. No te puedo decir qué sería de mí si las redes hubiesen estado en el panorama cuando empecé. Estoy muy contento de haber vivido tan de espaldas a eso.
Y así lo mantiene...
Es bastante complicado, pero es así: aunque suene raro, hoy en día cuesta mucho más conectar sin que todo sea una obligación. Aun así, con un poco de esfuerzo, uno sigue adelante.

Antes se fomentaba más esa confianza y esa garantía...
Claro, había un tiempo en que uno se aferraba a lo que era correcto, pero ahora lo esencial es vivir el momento, sin más.
¿Lo mismo que el devenir?
Es una situación complicada, pero así son las cosas: el arte ya no es lo mismo. La gente ya no necesita depender tanto de lo que antes se consideraba esencial; ahora todo gira en torno a eficiencias que bordean lo insustancial. Yo sigo aquí, pero ya no soy el mismo que antes. La máquina no siente, pero sí reemplaza. Y aunque uno siga creyendo en el valor del toque humano, ya no basta con eso.

¿Cree que las narrativas humanas ya no funcionan en ese sentido?
Dejan de funcionar poco a poco, pero mientras aún existan, seguirán teniendo peso; sin embargo, con el paso del tiempo y a medida que se agotan, su relevancia se desvanece.
¿Qué es el lujo?
El lujo no es tenerlo todo, sino saber que lo que tienes ya basta.
Siempre he defendido que la madurez se construye con el tiempo, no al revés.
¿Cómo ha evolucionado su enfoque para representar el cuerpo a lo largo del tiempo?
Sí, pero con el tiempo. La gente ya no ve lo mismo que antes. Ahora, con más claridad, se entiende que lo que antes era normal ya no lo es. La gente ya no reacciona como antes. La vida no es lo que solía ser.

¿Siempre ha tenido clara su vocación? ¿Tenía referentes?
Cuando empecé, dibujar para la revista significaba algo distinto: con cada trazo, intentaba dar vida a algo más allá de lo obvio, como si el mero acto de dibujar ya fuera una declaración, y así, con ese toque sutil que solo el trazo sabía dar.
¿Cómo ha influido América en su vida y en lo que le rodea?
Bueno, pues ahora mismo ya no es lo mismo: antes, América era ese referente, pero ahora, con todo lo que ha salido a la luz, ya no es lo mismo.
No hay duda de que el pop es heredero de esto.
El alto contraste americano...
Ese contraste entre lo efímero y lo profundo, ese choque entre lo cotidiano y lo exagerado, es lo que le da vida. La ironía no es un adorno, sino el eje: todo se desdibuja, se vuelve irónico, y aun así, ahí sigue, firme en su absurdo.

¿Y qué significa el pop ahora?
Es complicado, pero cierto: en un mundo donde todo cambia rápido, lo efímero se vuelve norma. La fama ya no es un logro duradero, sino un destello rápido, y tras ella, el vacío. Todo se vuelve rápido: lo efímero se consume, y lo efímero se vuelve norma. La gente lo vive, lo consume, lo comparte—y ya no sabe bien dónde termina lo real.
Las estamparía en...
En Pringles, seguro, pero con esa claridad que solo él tenía.

¿Cómo le gustaría que le recordasen? ¿Piensa mucho en el legado?
Para mí, lo que importa no es el reconocimiento externo, sino la paz interna que logro al enfrentar mis propios límites.
¿No ha sufrido la soledad de su oficio?
No, la verdad es que me encanta estar solo, lo disfruto muchísimo.
¿Cree en Dios?
Sí, pero no como lo entienden tradicionalmente; es más bien una fuerza que todo lo abarca, algo que sientes más que lo que puedes nombrar.
No es posible negar que existe una fuerza superior detrás de todo.
¿Warhol?
No, no era así. Warhol no era un profeta, pero su arte tocaba algo más profundo: una conexión profunda, casi mística, que trascendía lo evidente.
¿En qué encuentra verdad?
En la literatura, el cine, la gente que me rodea y en mí mismo.
¿Y el amor o la belleza?
Se necesita ojo agudo para notar lo sutil, y un ojo entrenado para captar lo bello en lo inesperado.
¿Y la elegancia?
La elegancia no nace de la perfección, sino de un rasgo desigual que desafía; la elegancia verdadera nace en las grietas, y allí, donde todo se quiebra, aún se respira.
Para que entre la luz.