Protagonistas
Manuel Vilas

Manuel Vilas

Erik Satie, el viento y la lluvia

La belleza del mundo

Escribo este artículo desde una planta 23 de un rascacielos de Madrid. Aquí tengo mi despacho, en las alturas. Aquí escribo una novela sobre el cielo y las nubes. Llueve hoy en Madrid. Está lloviendo como nunca. ¿Por qué llueve tanto? Veo desde esta atalaya un campo de fútbol de jóvenes futbolistas a quienes no les importa la lluvia, porque es más fuerte su deseo de jugar al fútbol que el hecho de mojarse. Escucho música del compositor y pianista francés Erik Satie. Es domingo. Los domingos son días melancólicos. Está cerrado Mercadona. Cuando me deprimo me voy a Mercadona a comprarme una fideuá. Los langostinos de la fideuá de Mercadona son de verdad. 

Me he hecho adicto a una serie de Netflix titulada The good doctor, en la que el protagonista es un cirujano joven que padece de autismo. Me encanta ese cirujano. Mi madre soñaba con que yo fuera cirujano de cuerpos, pero al final me hice cirujano de palabras. El otro día fui al hospital Puerta de Hierro de Madrid, a neumología, porque tengo asma, y me atendió una doctora de una profesionalidad extraordinaria. Me encargó un montón de pruebas. Se concentró en mí. Desde aquí le doy las gracias. Su nombre es doctora Trisán. Me devolvió la fe en la medicina pública. Con cien doctoras como ella, España se ponía a la vanguardia de la medicina en el mundo. Le preocupé. Cuando ves cosas así vuelves a creer en la vida y en la gente.

 
 Kako

Fui a casa de Joana Bonet porque daba una fiesta y dijo que la bondad es sexy. Y tiene razón. La bondad es belleza. Suena Satie. Es domingo. Los domingos de mi infancia eran fútbol todo el rato. Le cogí manía a los domingos. Ahora en vez de la lluvia son las nubes las que gobiernan el cielo de Madrid. Desde esta planta 23 parezco el notario del cielo de la capital de España. A veces salgo a la terraza y miro al vacío. Y luego está el viento. Cuando escribes desde una planta 23 te dicta las palabras el mismísimo viento, que mueve las paredes y parece que va a romper los cristales de las ventanas. Pongo libros en los cristales de las ventanas para que el viento lea novelas y poemas y me coja un poco de cariño. 

Adoro el viento, pero no adoro los domingos. Adoro a Satie, pero no me gusta que llueva tanto. ¿Por qué llueve tanto? Sin embargo, el otro día nevó. Nevó en Madrid. Desde una planta 23 puedes ver el nacimiento de la nieve. Veo ángeles todo el rato. Suena Satie. Su piano, su melancolía, su bondad.