Viajes

Así es el hotel fetiche en la zona más animada de la noche de Lisboa

Un San Valentín especial

Famoso por su concurrido bar al lado de la turística calle rosada, Pensão Amor es un singular hotel de Baixa que invita a desinivirse en lo que fue un antiguo burdel para marineros

Un detalle de una de las 22 habitraciones de la Pensão Amor de Lisboa

Un detalle de una de las 22 habitraciones de la Pensão Amor de Lisboa

Arlinda Camacho | Cedidas

Me ha tocado una habitación triple, pero en este caso no se trata del típico aposento familiar. Al contrario. La cama extra ancha es tan grande que está pensada expresamente para que duerman más de dos personas. El color rojo domina la estancia, el techo parece el de un teatrillo, y la decoración de estilo victoriana se completa con las picardías de tiras cómicas eróticas en el baño. El cuarto está lleno de detalles para liberar el fetichismo que uno lleva dentro, como una barra de pole dance, un aro y una jaula, y una mesita de noche en la que, además de un minibar básico, hay una surtida oferta de vibradores, preservativos y “otros detalles”, como dice la gerencia.

La habitación que me han asignado, la 34, la estancia de Misaki, es un templo del voyeurismo y una invitación a desinhibirse. Hasta cuenta que con un gran espejo vertical que refleja al completo la inmensa cama y que, una vez saciado el narcisismo sexual, se puede convertir por arte de un mando a distancia en una televisión panorámica plana. Así es la Pensão Amor, en el viejo corazón portuario de Lisboa, un hotel para dejarse ir y celebrar cualquier fiesta del amor, ya sea San Valentín, un cumpleaños o un fin de semana especial.

El bar de la Pensão Amor es uno de los más famosos de Lisboa, conocido por sus fiestas
El bar de la Pensão Amor es uno de los más famosos de Lisboa, conocido por sus fiestasRoxana I. Machado | Cedidas

Candelabros, columpios, camas encastradas en la pared, bañeras de pie clásicas con modernidades como hidromasajes, juegos de luces de colores, saunas... Enclavado en el Cais do Sodré, en una calle empinada que cruza la famosa calle rosada, uno de los lugares más concurridos para salir de noche en Lisboa, cada una de las 22 habitaciones de este hotel de la capital portuguesa tiene detalles propios y muchos clientes, cuentan los encargados, plantean peticiones muy fetichistas y algunos siempre quieren ocupar la misma habitación.

La Pensão Amor tiene una historia muy particular porque fue hasta los años setenta, cuando Portugal vivía la oscura noche de la dictadura de Salazar, un burdel con una clientela fiel pero variable de marineros que llegaban al estuario del Tajo dispuestos a saciar sus apetitos. En aquella época, la prostitución era legal en Portugal, así que la supuesta Misaki y sus compañeras eran trabajadoras sexuales a efectos de la ley, cotizaban en la seguridad social y tenían cobertura sanitaria. Supuestamente, porque ya se sabe del pisoteo habitual de los de los derechos en los regímenes autoritarios…

La Pensão Amor fue un burdel pero se desconoce la identidad de sus trabajadoras y el hotel ha construido una fantasía en la que prevalece la discreción, con una ‘Madame’ virtual que va dejando notas

Misaki, nombre japonés que significa flor hermosa, era una tayú, una de esas meretrices de élite que dominaba la técnica de la ceremonia del té y de la caligrafía, que practicaba desnuda, y que tenía grandes privilegios como poder rechazar un cliente si así se le antojaba o de decidir por su cuenta si respondía o no al grito de ¡chicas al salón! La que fue la supuesta ‘call room’ de las prostitutas es donde se ha instalado la recepción del hotel, en la segunda planta del bar homónimo, Pensão Amor, con neones chillones en el exterior, que es uno de los más famosos lugares de copas de la zona en lo que fue el inseguro distrito rojo y que ahora es uno de los barrios más animados de la noche lisboeta.

Como todas las prostitutas que dan nombre a cada una de las habitaciones del local, Misaki en realidad no existió, incluso pese a la foto que cuelga de una de las paredes del cuarto. La Pensão Amor fue un burdel pero se desconoce la identidad de sus trabajadoras y el hotel ha construido una fantasía en la que prevalece la discreción. La ‘Madame’ ahora solo existe de manera virtual, y va dejando notas como la que llega junto a la cesta tipo picnic en la que se sirve el desayuno: ahí pide que se deje frente a la puerta para que “vuestros placeres matinales prosigan sin interrupciones”.

La recepción del hotel es en la sala donde se convocaba a las meretrices cuando llegaban los clientes
La recepción del hotel es en la sala donde se convocaba a las meretrices cuando llegaban los clientesArlindo Camacho | Cedidas

Al revés que la tendencia mundial, el check out, todo un detalle, es a las 14.00 horas para que no haya interrupciones en las noches liberadas. “Beba, baile y ame, es todo lo que tenemos en la vida, disfrute cuanto pueda, después ya podrá dormir”, dice la 'Madame' en una carta lacrada que se entrega a cada huésped.

Pese a la discreción, la Pensão Amor no es un motel por horas ni un lugar al que subir con un ligue inesperado tras unas copas en el famoso bar. Es un hotel singular que invita a jugar, con inspiración erótica presente a cada rincón, pero que cuenta con todos los servicios y en el que es recomendable reservar con antelación.

El desayuno se sirve en una cesta picnic bajo petición y el check out es a las 14.00 horas
El desayuno se sirve en una cesta picnic bajo petición y el check out es a las 14.00 horasArlindo Camacho | Cedidas

El Cais do Sodré, en la Baixa, ya no es un barrio conflictivo y peligroso de Lisboa como en la época de la dictadura sino que se ha convertido en uno de los centros turísticos más importantes de la capital, con una importante oferta de diversión y de restauración articulada alrededor de la calle pintada de rosa. Del ambiente marinero de la época queda el fado como legado musical, como se puede apreciar en las actuaciones que programan muchos locales.

Cerca de la céntrica y monumental plaza de Comercio, el Cais do Sodré y los vecinos Das Pombas y Das Riberas das Naus son ideales para pasear por la ribera del Tajo, descubrir las artesanías, perderse por el mercado, probar la deliciosa ginjinha -licor de cereza-, buscar los deliciosos pastéis de nata y, sobre todo en invierno, disfrutar de las puestas de sol. Muchos de los placeres de Lisboa.

David Dusster Sánchez

David Dusster Sánchez

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Comunicador, cronista y trotamundos. Responsable editorial de Narrativas Visuales en ‘