La otra estatua del perro Hachiko que tiene Japón y que te evitará horas de colas
Alternativa
El conjunto escultórico presentó al profesor y a su compañero abrazados junto a la entrada principal y durante la noche varias luces realzaron la escena para quienes pasearon por allí
Hachiko, el perro que esperó durante años a su dueño

Una escultura reunió al catedrático y a su compañero tras décadas separados
Las historias de lealtad se cuentan mejor cuando alguien espera cada día en el mismo sitio. Japón guarda una de esas historias desde hace casi un siglo, la de un akita que acudía a una estación aunque su dueño ya no iba a volver.
Ese perro fue Hachiko, conocido en todo el país por la fidelidad que mostró hacia el profesor Hidesaburo Ueno. La fama del animal ha llenado de visitantes uno de los cruces más transitados de Tokio, donde la gente se detiene para hacerse una foto. Sin embargo, existe otra escultura menos concurrida que evita largas colas y que muestra un momento muy distinto de esa relación.
Universario especial
La universidad rindió tributo al perro más fiel
La figura más conocida de Hachiko está junto a la estación de Shibuya y recuerda su espera diaria durante años. En la década de 1920, el perro acompañaba cada mañana al profesor Hidesaburo Ueno hasta el tren y regresaba por la tarde para recogerlo.
En mayo de 1925, el docente sufrió una hemorragia cerebral en la universidad y murió ese mismo día, pero el animal siguió acudiendo a la estación durante casi diez años. La escena convirtió al akita en un referente nacional de lealtad y el nombre pasó a escribirse con el sufijo afectivo ko. Desde entonces, la estatua de Shibuya se ha convertido en punto de encuentro para vecinos y turistas que hacen fila para retratarse junto al perro que espera solo.

Muy distinta es la imagen que ofrece la otra escultura dedicada a Hachiko. Mientras en Shibuya aparece sentado y aguardando, en el campus de Hongo se le ve saltando hacia su dueño en una reunión alegre tras décadas de separación. La pieza muestra al profesor Ueno inclinado hacia el animal, como si acabara de volver del trabajo. Esa elección cambia por completo la escena, porque sustituye la espera por el reencuentro y permite contemplar a ambos juntos en bronce.
La estatua alternativa se encuentra en la Universidad de Tokio y se inauguró en 2015, cuando se cumplían 80 años de la muerte del perro. Ese aniversario tenía un valor añadido, ya que en japonés el número 80 se pronuncia hachi-juu, una coincidencia sonora con el nombre del animal.
La institución decidió rendir homenaje tanto al profesor Ueno, que trabajó en la Facultad de Agricultura, como al akita que lo acompañó. A diferencia del enclave de Shibuya, el campus recibe menos visitantes y permite acercarse sin esperar durante horas.
Se puede visitar
La facultad conservó partes del animal
El recorrido por la universidad incluye además el archivo de la Facultad de Agricultura, donde se conservan algunos órganos del perro. Tras su fallecimiento en marzo de 1935, Hachiko fue diseccionado y sus restos quedaron depositados en la institución.
En 2011, los investigadores volvieron a examinarlos para estudiar con mayor detalle la causa de su muerte. Ese material puede verse en el museo del campus, abierto a quienes quieran conocer más sobre la historia.
Sin colas
La zona está más alejada de los puntos turísticos
La creación de la escultura del reencuentro nació de un proyecto impulsado por voluntarios de la universidad. Entre ellos figuraba el profesor Masaki Ichinose, de la Escuela de Posgrado de Humanidades y Ciencias Sociales, que promovió la iniciativa Todai Hachiko Monogatari en 2015.
El grupo reunió apoyos dentro y fuera del centro y encargó la obra al escultor Tsutomu Ueda. La pieza se presentó al público el 8 de marzo de 2015, justo 80 años después del fallecimiento del animal.

Quien visite el campus de Hongo puede localizar la estatua junto a la puerta No-Seimon, muy cerca de la entrada principal. El acceso resulta sencillo desde Ueno y el recinto permanece abierto a visitantes. Por la noche, varios focos iluminan la figura, lo que permite verla con claridad cuando cae la tarde. Esa ubicación discreta ofrece una alternativa tranquila para recordar al perro que acompañó al profesor Ueno cada mañana hasta la estación.