Àfrica Muntané, veterinaria: “No dejo a ningún animal atrás porque alguien no pueda pagar, pero también tenemos que poner límites para no destruirnos”
Felinos
El estudio, en línea con investigaciones de la UAB y la Fundación Galatea, confirma que la veterinaria es una formación exigente y emocionalmente dura, atravesada desde muy temprano por eutanasias, dilemas éticos y una fuerte carga psicológica

Àfrica Muntané.

En 2025, Gosbi publicó un estudio contundente: el 94 % de los veterinarios ha experimentado agotamiento emocional, el 76 % ha sufrido ansiedad y el 26 % ha pensado en abandonar la profesión. Las cifras hablan por sí solas. Pero aún lo hacen más las voces como la de Àfrica Muntané, veterinaria por vocación tardía, pero de entrega absoluta, que ha conseguido sostener su práctica clínica en un entorno social, emocional y legal cada vez más exigente, especialmente en el ámbito de los gatos comunitarios.
Su historia no es solo la de una mujer veterinaria. Es la de una profesional que ha aprendido a sobrevivir emocionalmente en un mundo donde el amor por los animales puede acabar rompiéndote… si no sabes protegerte. También es la historia de una relación estrecha con las gestoras de colonias, con quienes comparte algo más que pacientes: comparte trincheras emocionales, decisiones críticas y, demasiadas veces, precariedad. “Yo no dejo a ningún animal atrás porque no puedan pagar. Eso no es amor: eso es responsabilidad compartida”.
El maltrato invisible: cuando el sistema enferma a quien cuida
El desgaste emocional de las veterinarias no nace solo del dolor de los animales. Nace del silencio, de la falta de tiempo para procesar, de la presión institucional, de los diagnósticos imposibles y de la falta de recursos para actuar con dignidad.
Cuando una gestora te pide eutanasiar a un gato porque el ayuntamiento no costea su tratamiento, estás ante un dilema ético extremo. Cuando una clínica asume el coste de múltiples intervenciones sin cobrarlas, está poniendo en riesgo su propia sostenibilidad.
Esto no es una excepción: es una forma estructural de precariedad que se inicia con el NO bienestar animal y termina afectando también al bienestar humano. Porque un sistema que rompe a las personas que cuidan, también falla a los animales que dependen de ellas. Es lo que Àfrica identifica como una forma indirecta de maltrato animal. No es solo una cuestión económica: es emocional, ética y política.

La entrada en vigor del Real Decreto 666/2023 ha complicado aún más la atención veterinaria en el ámbito de los gatos ferales. En teoría, exige cultivos previos para prescribir antibióticos. En la práctica, implica retener a una gata feral durante tres días en una jaula, completamente estresada, para cumplir con la burocracia. “Aplicar esto a un gato comunitario es absurdo. Ni siquiera a los humanos les hacen cultivos antes de recetar un antibiótico… No tiene sentido ni hay en esta norma un respeto por la realidad del animal”.
Yo no dejo a ningún animal atrás porque no puedan pagar. Eso no es amor: eso es responsabilidad compartida
El decreto, ideado para frenar el mal uso de antibióticos en animales de consumo, ha sido implantado de forma generalista, sin diferenciar entre animales que viven libres y los que viven en casa. Así, una herramienta técnica se convierte en un freno para la salud pública felina… y una carga más para quienes trabajan sobre el terreno.
Salvar puede costarte todo (menos dejar de hacerlo)
Muchas gestoras se han endeudado para salvar un solo gato. Y muchas clínicas han asumido intervenciones quirúrgicas sin cobrarlas. No es caridad: es desesperación. Muntané lo dice claro: “La gente confunde gastar dinero con querer. Cuanto más te gastas, más parece que los quieres. Pero eso no es verdad. Amar también es decidir bien, cuidar sin arruinarte. Y el consejo de una profesional veterinaria SIEMPRE hará prevalecer la vida del animal y su sufrimiento”.
También denuncia la cantidad de malas praxis que muchas personas que cuidan animales siguen realizando, sin tener en cuenta el bienestar del animal. Frases como “es más barato pegarle un tiro que eutanasiarle” han cambiado la realidad de los tratamientos clínicos, asumiendo en algunos casos la incineración para que su gratuidad ayude a dar una muerte digna al animal… si es que la persona tutora accede a ello. Es una carga emocional inmensa, que nadie debería tener que llevar.
Àfrica no trabaja sola. Colabora con varias protectoras y asociaciones. Conoce a las gestoras, habla con ellas, las educa y las escucha. Sabe que también están emocionalmente quemadas. Sabe que detrás de cada captura hay noches sin dormir, discusiones en casa, comidas sin tiempo y recursos personales que no vuelven. “La base de todo es querer entenderse con la gente. Tener empatía. Pero también aprender a poner límites. Si no, te destruyes”. El vínculo entre veterinarias y gestoras no es solo profesional. Es emocional, ético y, muchas veces, terapéutico. Ambas sostienen la red invisible que hace posible la gestión ética de las colonias felinas.
La violencia que nadie ve: insultos, redes y muertes inesperadas
Durante una intervención quirúrgica con gatos comunitarios, puede pasar que uno muera. Son animales sin prequirúrgico, con cuerpos debilitados y muchísimo estrés. Algunas veterinarias han sido atacadas por redes sociales, acusadas de “asesinas” por muertes inevitables. Àfrica lo ha vivido: “La mayoría llegan en estado crítico. Una vez me pasó con un gato, con la pre-anestesia, murió… porque ya había algo mal dentro. Y aún así, te exigen diagnóstico inmediato, como si fuéramos máquinas. Ni a los humanos nos hacen eso”. El juicio público es cruel. Y muchas veces, injusto. Porque se juzga desde el desconocimiento, desde la exigencia sin empatía y desde un sufrimiento desproporcionado.
El consejo de una profesional veterinaria SIEMPRE hará prevalecer la vida del animal y su sufrimiento
Tras una jornada difícil, Muntané no va a terapia. Camina por la montaña con su perro. Medita. Busca la desconexión del centro para encontrar su foco: seguir ayudando sin caer. Pero reconoce que esto no es lo habitual. Que hay muchas clínicas veterinarias que no tienen espacio ni tiempo para cuidarse. Que hablar de salud mental en la profesión sigue siendo tabú. “Parece que si hablas de emociones eres débil. Pero no es debilidad. Es salud”. Formaciones en gestión emocional son muy escasas. Y cuando se hacen, casi nadie asiste. El miedo al juicio o al estigma pesa más que la necesidad de cuidar(se).
A pesar de todo, Àfrica sigue. No porque sea fácil, ni rentable, ni reconocida. Sigue porque esto va más allá de una profesión. Porque trabajar con gatos (comunitarios o domésticos, para ella todos son iguales) no es un negocio, es vocación. “Todo lo que hago desde el corazón, sale bien. Incluso cuando no cubro ni gastos. Esto no es un trabajo. Es una forma de estar en el mundo”.
