Testimonios

“Sin refugio ni jaulas, trabajamos con hogares de acogida y, muchas veces, mi propia casa es una clínica de recuperación”: de gatos huérfanos a caballos descartados, cada rescate se convierte en una historia nueva

Testimonio

Míriam De Fuentes, fundadora de la Asociación Mímame, lleva años dedicando su vida a los animales, desde gatitos huérfanos hasta caballos rescatados, cuidando de cada uno como si fuera suyo

Míriam De Fuentes (36 años), fundadora de la Asociación Mímame.

Míriam De Fuentes (36 años), fundadora de la Asociación Mímame.

Cedida

Míriam De Fuentes (36 años) vive cerca de Vilanova i la Geltrú, y ha fundado y dirige la Asociación Mímame, una entidad sin refugio ni jaulas que rescata, cuida y busca hogar a animales abandonados. Su labor parte de un principio sencillo y a la vez exigente: acompañar a cada animal hasta que encuentre un lugar seguro y afectuoso. Nos explica su historia, su método y su visión sobre el abandono animal en España.

¿Cómo empezó su relación con los animales y qué la llevó a fundar Mímame?

Desde muy pequeña he convivido con animales. En casa siempre hubo gatos y caballos. Mi madre rescató una gata cuando yo era bebé y crecimos juntas. Mi abuelo, que había hecho la mili con caballos, transmitió a la familia ese respeto y fascinación por ellos. Con los años empecé a implicarme en rescates y acogidas de manera particular, hasta que entendí que podía organizarme mejor y llegar a más animales si daba un paso más formal. Así nació Mímame. No tengo refugio ni jaulas: trabajamos con casas de acogida y, muchas veces, mi propia casa se convierte en una pequeña clínica de recuperación y tránsito.

Míriam De Fuentes (36 años), fundadora de la Asociación Mímame.
Míriam De Fuentes (36 años), fundadora de la Asociación Mímame.Cedida

¿Por qué decidió prescindir de un refugio físico? ¿No sería más práctico?

En teoría podría parecerlo, pero un refugio implica mucho dinero y logística. Prefiero dedicar los recursos al bienestar directo de los animales: tratamientos, alimentación, esterilizaciones, transporte. Además, la convivencia en hogares facilita su recuperación emocional. Los animales vuelven a confiar cuando conviven con personas en entornos tranquilos, es una forma más humana y más cercana de rescatar.

¿Cómo es el día a día de su trabajo?

Es intenso. Empiezo el día llevando a mi hijo al colegio, porque ante todo soy madre. Después me dedico a las tareas de la asociación: responder llamadas, coordinar rescates, programar visitas veterinarias, revisar adopciones y publicar casos urgentes en redes sociales. Cuando tenemos animales en acogida, también me encargo de su alimentación y de sus tratamientos. Desde hace unos meses intento marcar límites: a las diez de la noche desconecto el teléfono de la asociación. Antes atendía llamadas a cualquier hora, incluso de madrugada, pero era insostenible. Ahora busco equilibrar la dedicación con mi vida familiar, porque para cuidar, también hay que cuidarse.

¿Cuántos animales tiene bajo su cuidado actualmente?

En casa tengo ocho gatos, todos rescatados, y colaboro en el mantenimiento de una colonia de unos dieciocho gatos callejeros a los que alimentamos y esterilizamos. También tengo cuatro caballos: Caramelo, Chenoa, Poma y Cala. Todos tienen historias difíciles detrás. Caramelo, por ejemplo, fue semental de la yeguada militar. Lo iban a sacrificar tras una lesión en los hombros. Una veterinaria nos avisó y conseguimos que lo cedieran. Hoy tiene treinta y dos años y vive tranquilo.

Chenoa es una poni de veinticinco años que venía de las ferias. Cuando se prohibieron los ponis en atracciones, muchos acabaron vendidos por muy poco dinero. Nosotros la rescatamos. Poma tenía problemas dentales y la iban a sacrificar porque se quejaba al morder la embocadura. Cala, la más joven, fue yegua de competición y la descartaron cuando dejó de ganar. Cada uno de ellos arrastraba una historia de desinterés o abuso, pero ahora todos viven en paz.

Hay familias que se deshacen de perros de trece o catorce años porque se orinan o necesitan medicación. Para mí eso es incomprensible

Míriam De Fuentes

Fundadora de la Asociación Mímame

También convive con gatos. ¿Cómo llegaron a su vida?

La mayoría llegaron por urgencia. Tres son hermanos que rescatamos con apenas unas horas de vida. Su madre había sido atropellada y un vecino escuchó maullidos. Estuvimos dos días buscándolos hasta encontrarlos. Los criamos con biberón y sobrevivieron tres de cuatro. Hoy tienen seis años. Otro caso es el de un gato adoptado por una familia vegana. Lo alimentaban con dieta vegetal y llegó a pesar solo un kilo ochocientos. Lo recuperamos poco a poco y se quedó con nosotros. Ahora pesa casi cuatro kilos y está sano. También tenemos tres gatitos de una colonia que recogimos para controlar su crecimiento y una gata que, un día, simplemente entró en casa y no quiso salir. Ella se autorrescató.

¿Qué diferencia hay entre rescatar un gato y un caballo?

Los caballos son animales grandes, necesitan espacio y recursos, pero su lenguaje corporal es muy claro. El gato, en cambio, es más independiente y adaptativo. En ambos casos el proceso es parecido: primero hay que recuperar la salud física y después la confianza. A veces un animal llega curado por fuera, pero completamente roto por dentro. Para mí el trabajo emocional es tan importante como el veterinario.

¿Cómo afronta esas heridas emocionales?

Con paciencia y con rutinas. Los animales necesitan previsibilidad: misma hora de comida, misma voz, mismos gestos. Cuando un animal sabe qué esperar, el miedo baja. También les hablo mucho, incluso cuando parecen no escuchar. Y los observo. Su cuerpo dice cuándo están listos para avanzar. No forzamos nada. Cada uno tiene su ritmo.

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¿Cuántas adopciones gestionan al año y cómo se aseguran de que funcionen?

Entre cien y ciento cincuenta. Hacemos un proceso muy cuidadoso: entrevista, visita, contrato y seguimiento. El seguimiento no tiene fecha de caducidad. Si dentro de cinco años un adoptante me llama porque su perro necesita una operación costosa, intento intermediar con mi veterinario para conseguir un precio más accesible. Mímame no se desentiende nunca. Es una cuestión de responsabilidad.

¿Puede contarnos algún caso especialmente difícil que la haya marcado?

Uno de los más duros fue en febrero de 2022. Se trataba de un caso de síndrome de Noé en un piso de unos sesenta metros en Sant Boi. Había casi cincuenta perros. Intervenimos con el SEPRONA en dos fases. Los primeros doce se rescataron la primera semana y el resto unos días después. La escena era impactante: olor insoportable, animales desnutridos, algunos enfermos, todos viviendo entre sus propios excrementos. 

Conseguimos reubicarlos en tres casas de acogida y en mi propio domicilio. Fue agotador, pero verlos después recuperados compensó todo el esfuerzo. Otro caso fue el de una yegua que habían intentado vender como más joven limándole los dientes. No podía comer bien. La cedieron tras insistir mucho y ahora vive estable. Hay historias que te dejan huella.

Míriam De Fuentes (36 años), fundadora de la Asociación Mímame.
Míriam De Fuentes (36 años), fundadora de la Asociación Mímame.Cedida

En su opinión, ¿ha mejorado la conciencia sobre el abandono animal en España?

Se ha avanzado en educación y leyes, pero los números siguen siendo altos. Cada verano aumentan los abandonos, y en Navidad, las adopciones impulsivas. Mucha gente sigue viendo a los animales como objetos. Los regalan a los niños sin pensar en el compromiso que conlleva. Y cuando llegan las vacaciones o los problemas, los abandonan. También me preocupa el abandono de animales mayores. Hay familias que se deshacen de perros de trece o catorce años porque se orinan o necesitan medicación. Para mí eso es incomprensible. Abandonar a un animal viejo es como abandonar a un familiar dependiente.

¿Qué le aporta a nivel personal esta labor?

Es dura, pero también gratificante. La satisfacción de ver un animal recuperado, feliz en su nueva familia, es incomparable. Recibir fotos o vídeos de un perro corriendo en la playa o de un gato dormido en el sofá de su nuevo hogar compensa el cansancio. Es lo que me da fuerzas para seguir. Al final, más que rescatar animales, ayudamos a construir historias nuevas.

Uno de los casos más duros fue en febrero de 2022. Se trataba de un caso de síndrome de Noé en un piso de unos sesenta metros en Sant Boi donde había casi cincuenta perros

Míriam De Fuentes

Fundadora de la Asociación Mímame

¿Cómo financia la asociación su actividad?

Principalmente con aportaciones personales, donaciones y algunas colaboraciones veterinarias. También organizamos rifas y campañas en redes para recaudar fondos. Todo se destina al bienestar de los animales. No hay sueldos ni gastos innecesarios. Es un proyecto completamente altruista.

¿Qué papel tienen las redes sociales en su trabajo?

Son fundamentales. A través de Instagram, Facebook y TikTok, bajo el nombre @adoptameymimame, difundimos casos urgentes, buscamos adoptantes y educamos sobre tenencia responsable. Intentamos usar las redes de forma ética, sin sensacionalismo. Mostramos la realidad, pero siempre desde el respeto.

Si alguien quisiera ayudar, ¿qué puede hacer?

Puede ofrecerse como casa de acogida, adoptar, colaborar económicamente o simplemente difundir. También se puede participar en campañas de esterilización de colonias felinas. Cualquier gesto cuenta. A veces una simple publicación compartida puede salvar una vida.

Míriam De Fuentes (36 años), fundadora de la Asociación Mímame.
Míriam De Fuentes (36 años), fundadora de la Asociación Mímame.Cedida

¿Cómo imagina el futuro de Mímame?

Me gustaría que siguiera creciendo, pero de forma sostenible. Ojalá contar con más voluntarios, más recursos y más apoyo institucional. Mi sueño es que algún día no sea necesario rescatar tanto, porque la gente haya aprendido a cuidar y respetar. Mientras tanto, seguiremos trabajando cada día, con la misma convicción: donde hubo miedo, puede haber ternura si alguien se toma el tiempo de ofrecerla.

¿Le queda alguna esperanza frente al aumento del abandono?

Sí, siempre. Cada adopción que sale bien, cada animal que vuelve a confiar, es una prueba de que vale la pena. No podemos cambiar el mundo entero, pero sí el mundo de cada animal que pasa por nuestras manos.