El Mediterráneo se parece cada vez más al Caribe: la fauna, la flora y las especies ya están cambiando
Cambio climático
El agua que rodea a la península se está tropicalizando: las especies nativas de aguas frías o templadas están siendo reemplazadas por especies invasoras o exóticas de aguas más cálidas y la fauna y flora se transforma

El Mediterráneo rompe récords: 31,87ºC en Mallorca el 12 agosto del pasado año

En 2025, el mar Mediterráneo alcanzó en algunas zonas temperaturas de hasta 6,5 °C por encima del promedio habitual registrado entre 1982 y 2015, con un promedio de 190 días de olas de calor marinas en toda su cuenca. Las Islas Baleares registraron el año con la temperatura superficial del mar más cálida de su historia.
Esta anomalía térmica empieza a ser crónica, con récords que se baten y se rompen en los últimos años. Con la vuelta de El Niño, como se conoce la fase cálida de un ciclo climático llamado ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), que afecta al Pacífico ecuatorial, el 2026 asoma como otro año con registros muy cálidos para todo el Mediterráneo.
El aumento de la temperatura del mar ya ha alterado la base de las redes tróficas marinas, esenciales para equilibrio de los ecosistemas oceánicos
La comunidad científica viene advirtiendo desde hace tiempo que, producto del cambio climático antropogénico, el agua que rodea a la península se está tropicalizando. ¿Qué significa? Que su fauna y flora original se está transformando. Las especies nativas de aguas frías o templadas están siendo reemplazadas por especies invasoras o exóticas de aguas más cálidas. En otras palabras: el Mediterráneo se está pareciendo cada vez más al Caribe.
Hasta ahora, este proceso de tropicalización estaba documentado en la cuenca oriental. Son cada vez más las especies tropicales que llegan a través del canal de Suez. Pero no así en el Mediterráneo occidental, con pocas señales científicas de estar sufriendo este irreversible proceso.
Sin embargo, un estudio reciente, liderado por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB), demuestra por primera vez que la expansión de especies microscópicas en esta parte del mar “proporciona una indicación clara y temprana” de tropicalización.

La evidencia: el plancton
La investigación explica que el Mediterráneo es uno de los principales puntos calientes de biodiversidad del planeta y, al mismo tiempo, una de las regiones más vulnerables al cambio climático. Este ecosistema está experimentando “una creciente crisis”, especialmente impulsada por el calentamiento, la degradación del hábitat, la contaminación y la introducción de nuevas especies.
La mayoría de los estudios sobre los cambios en la biodiversidad marina se han centrado principalmente en organismos con los que los seres humanos interactúan o que consumen, como los peces. Por el contrario, apenas se ha prestado atención al plancton, a pesar de su papel fundamental como base de las redes tróficas marinas y en el funcionamiento de los ecosistemas marinos.
Para detectar estos cambios, el equipo científico de ICTA-UAB analizó registros de sedimentos marinos del mar de Alborán, en la cuenca occidental, y del estrecho de Mesina (Sicilia), en la zona mediterránea central. Estos sedimentos actúan como archivos naturales, debido a que preservan restos fósiles de plancton acumulados a lo largo del tiempo. A partir de este registro, se reconstruyeron los patrones de biodiversidad de los últimos dos milenios.
Los expertos pusieron la lupa sobre dos grupos dominantes de microorganismos planctónicos calcificadores: los cocolitóforos, microalgas fotosintéticas, y los foraminíferos, pertenecientes al zooplancton. Ambos -explican- desempeñan un papel clave en la regulación del ciclo del carbono y la química del océano, y actúan como indicadores ambientales eficaces, registrando de forma temprana los cambios en las condiciones oceánicas.
“Este estudio es especialmente relevante y oportuno, ya que aborda los cambios en los patrones de biodiversidad desde una perspectiva microplanctónica, con importantes implicaciones para el mayor ecosistema del planeta: el océano superficial. Los resultados muestran que el aumento de la temperatura superficial del mar ya ha alterado la base de las redes tróficas marinas, los productores y consumidores primarios planctónicos, esenciales para el funcionamiento y el equilibrio de los ecosistemas oceánicos”, indica Arturo Lucas, investigador del ICTA-UAB y primer autor del estudio
Un mar cada vez más cálido, estratificado y pobre en nutrientes
Los resultados han confirmado respuestas opuestas en los patrones de diversidad de estos grupos frente al calentamiento del mar. Mientras que la diversidad de los cocolitóforos ha aumentado rápidamente desde el inicio de la Revolución Industrial, la diversidad de los foraminíferos planctónicos ha disminuido. Estas tendencias contrastadas se explican por diferencias en sus rasgos fisiológicos y ecológicos. Reflejan, al cabo, cómo un mar cada vez más cálido, estratificado y pobre en nutrientes favorece a unas especies frente a otras.
Uno de los hallazgos más destacados es el aumento de la Gephyrocapsa oceánica, una especie de cocolitóforo más común en aguas tropicales del océano Atlántico que se dispersa a través del estrecho de Gibraltar. Hasta ahora, esta especie sólo había sido abundante en el Mediterráneo durante períodos cálidos, lo que refuerza su valor como indicador del calentamiento actual.

Además, aunque algunas especies mediterráneas continúan siendo comunes a lo largo del período estudiado, los resultados muestran que otras están siendo reemplazadas progresivamente por especies adaptadas a aguas más cálidas y pobres en nutrientes. “Estos cambios coinciden con las proyecciones de los modelos climáticos y de distribución de especies, y apuntan a una reorganización de las comunidades planctónicas”, detalla Lucas.
Aunque el plancton es prácticamente imperceptible a simple vista, los autores de este estudio advierten de que los cambios detectados pueden tener “efectos en cascada” sobre el funcionamiento de los ecosistemas marinos. “Hay que tener muy presente que las alteraciones en la base de la red trófica pueden propagarse hacia niveles tróficos superiores, afectando al equilibrio general del ecosistema marino”, señala Patrizia Ziveri, investigadora del ICTA-UAB y coautora del estudio.
La conclusión de esta nueva evidencia científica es que la tropicalización del Mediterráneo, en particular en la cuenca occidental, “ya no es una proyección futura, sino un proceso en curso”.
Un calentamiento a largo plazo de aproximadamente 0,4 °C por década
En el mar Mediterráneo, las observaciones satelitales confirman una tasa de calentamiento a largo plazo de aproximadamente 0,4 °C por década desde 1982, con una fuerte variabilidad regional. En 2025, la temperatura media anual de la superficie del mar a nivel de cuenca alcanzó los 21,1 °C, lo que la convierte en el segundo año más cálido registrado, solo superado por 2024.
Según el informe “Annual Report 2025: Global Warming Impacts in the Mediterranean Sea and Balearic Islands Region” del Sistema de Observación Costero de las Illes Balears (SOCIB), el “calentamiento sostenido” está siendo acompañado por una “ocurrencia excepcional de olas de calor marinas”, definidas como períodos en los que las temperaturas superficiales del mar superan el percentil 90 de los valores históricos durante al menos cinco días consecutivos.
El año pasado, el Mediterráneo registró 190 días de olas de calor marinas, con intensidades máximas promedio a nivel de cuenca que superaron los 4 °C por encima de la media histórica (1982–2015).
La parte occidental del mar sufrió durante junio y julio eventos muy intensos y prolongados en todas las subregiones. El calentamiento más excepcional ocurrió en el área Liguro–Provenzal, con un incremento de 6,5 °C por encima del promedio habitual, llegando localmente a cerca de 8 °C en zonas costeras del golfo de León.


