Plagas e incendios amenazan con duplicar la tasa anual de bosques destruidos en Europa
En Science
Un 90% de árboles mediterráneos se verían afectados en escenario de fuerte calentamiento

Vecinos y bomberos intentan aplacar el fuego en la aldea de Lamas el pasado 15 de agosto Cualedro), en Ourense

Plagas, incendios y golpes de viento amenazan con duplicar la tasa anual de bosques destruidos en Europa. Las previsiones indican un fuerte impacto futuro del cambio climático sobre los bosques. Pero un estudio aparecido ahora en Science cuantifica todas esas perturbaciones que pueden alterarlos.
El estudio indica que, en si no se frena el ritmo de calentamiento, la superficie de bosque que ardería en Europa anualmente se triplicará antes de finales del siglo XXI en comparación con el período 2001-2020.
Actualmente, se queman unas 82.000 hectáreas de bosque (media anual entre 1986 y 2020) mientras que en ese escenario más temido serían pasto de las llamas unas 220.000 hectáreas anuales, el equivalente a siete veces la superficie de Catalunya.
En este, la incidencia de las plagas se duplicaría: pasaría de 32.000 hectáreas de media en estos años a 59.000 a finales de siglo. Por su parte, las fuertes rachas de viento aumentan ligeramente, pero no serían tan preocupantes.
Margen de actuación
Las principales perturbaciones en los bosques de Europa serán los incendios, ya que al triplicarse la superficie quemada anual a finales de siglo, estos sucesos convertirán en habituales episodios que hasta ahora se consideraban extremos.
Globalmente, la tasa de alteración o destrucción de los bosques (respecto a la superficie forestal total) aumentaría un 122% para finales de siglo. Pero si se consiguiera reducir las emisiones de gases, esa tasa sólo aumentaría entre un 30% y un 60%.
“Por lo tanto, hay mucho margen de acción y de mejora”, dice a este diario Josep Maria Espelta, investigador del CREAF uno de los autores de trabajo. Un elemento inquietante es que estas proyecciones no se comparan con períodos históricos antiguos y estables, sino con un período reciente (2001-2020), resalta Espelta.
Bosques debilitados
De acuerdo con los datos manejados, la región Mediterránea es un verdadero ‘punto caliente’, pues cerca del 90% de los bosques mediterráneos podrían verse alterados por incendios y plagas por un fuerte calentamiento.
Sería la consecuencia de una combinación de sequías, calor y bosques jóvenes y homogéneos, donde la actividad agrícola y ganadera se ha abandonado y ya no existe un paisaje en mosaico que dificulte o evite la propagación de los incendios, explica Espelta.
El trabajo alerta de que el aumento de temperatura debilita a los árboles mediterráneos y facilita la aparición de plagas, como la de los escarabajos barrenadores de la madera, cuyas larvas perforan los árboles y crean túneles que interrumpen el flujo de savia hasta causar la muerte.
Otras regiones muy vulnerables identificadas son el oeste de Francia, las islas Británicas y los Cárpatos, “aunque en general toda Europa experimentará el aumento de estos fenómenos”.

Sumideros con menos capacidad de absorción
Otro efecto es una reducción de los bosques maduros (de gran biodiversidad), ya muy escasos en Europa (3% del total), y su sustitución por un aumento de los bosques jóvenes, especialmente en las regiones mediterráneas y templadas. Esta transformación traería consigo una menor capacidad de los bosques para absorber CO₂ y actuar como sumideros de carbono para atemperar el clima.
También se identifican algunas zonas que podrían actuar como refugios de los bosques maduros, como los Pirineos, así como otras cordilleras mediterráneas y el norte de Europa, “aunque serían insuficientes para compensar la pérdida”.
El trabajo ha pasado una revisión exigente y se apoya en marcos científicos sólidos. Aun así, los expertos precisan que los resultados dependerán de si se mantiene la gestión forestal sin grandes cambios, o se mejora para tener mejor adaptados. “Siempre existen incertidumbres asociadas a la respuesta ecológica real, a la evolución socioeconómica y a posibles medidas de adaptación que podrían modificar las trayectorias previstas”, señala Daniel Montoya, profesor de investigación de Basque Centre for Climate Change, en declaraciones a la plataforama SMC.
Un mensaje positivo
El estudio también aporta un mensaje positivo: una ambiciosa reducción de las emisiones podría limitar el aumento global de las perturbaciones forestales a valores cercanos al 20%, muy por debajo de los escenarios sin esa mitigación. “Esto indica que la acción climática es clave y que todavía hay margen para reducir los impactos”, concluye Espelta.
Este investigador matiza que el estudio asume una gestión forestal continuista (es decir se siguen las prácticas habituales); y en el caso de las plagas, los datos pueden estar infravalorados, puesto que solo se ha tenido en cuenta el barrenador de la madera, que afecta a los bosques del centro de Europa.
Adaptar los bosques de Catalunya al clima futuro
“Para Catalunya, el patrón diferencial más esperable es que el incremento del riesgo para los bosques esté más dominado por incendios y las condiciones de sequía/calor, mientras que en el centro y norte de Europa el peso relativo de plagas y golpes de viento suele ser más determinante en muchas regiones (especialmente en coníferas sensibles)”, explican Jordi García e Irene Cristal, del Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya
(CTFC). A nivel mediterráneo, la combinación de sequías, calor y paisajes más homogéneos incrementa la vulnerabilidad, añaden. Además, el modelo empleado “incorpora mecanismos para que los incendios no solo dependan del clima sino también del estado del combustible, por lo que los patrones locales pueden reflejar diferencias de continuidad forestal y carga de biomasa”.
Por otra parte, estos expertos recuerdan que el papel del bosque como sumidero de carbono no está garantizado: depende del balance entre crecimiento y mortalidad, mientras que las perturbaciones pueden acelerar la mortalidad y rejuvenecer los bosques. “El estudio indica que el aumento de perturbaciones puede reducir la proporción de bosques maduros y aumentar los bosques jóvenes”. En cualquier caso, “una ambiciosa reducción de las emisiones pueden limitar de manera importante el incremento de perturbaciones, en comparación con escenarios sin mitigación”. Esto refuerza la necesidad de políticas climáticas y de gestión adaptativa del territorio, dos palancas complementarias: “por un lado, reducir emisiones; por otro, gestionar los paisajes forestales para aumentar su resiliencia, por ejemplo favoreciendo estructuras más diversas, reduciendo la continuidad del combustible o adaptando las especies al clima futuro”.
La investigación ha sido capitaneada por la Universidad Técnica de Munich (TUM) -los investigadores Marc Grünig y Rupert Seidl- y diversas entidades catalanas, entre ellas el CREAF, el Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya (CTFC) y la Universitat de Girona.