Natural

El Teide, el volcán más vigilado de la Tierra

Vulcanología

El volcán canario y pico más alto de España se encuentra monitorizado por cinco grandes sistemas de control

El Teide parcialmente nevado el pasado mes de enero 

El Teide parcialmente nevado el pasado mes de enero 

F. Bracero

Con redes sísmicas, estaciones GPS, control geoquímico, mediciones termométricas y observación visual permanente que permiten detectar “cualquier pequeño movimiento” y analizar en tiempo real la evolución del sistema magmático, el complejo volcánico del Teide dispone del sistema de vigilancia más completo y sofisticado del planeta.

Así lo confirmó el arquitecto y doctor en Ingeniería Civil especializado en sismología aplicada a estructuras, Fernando Martínez Soto, quien asegura que para la monitorización del Teide, en Tenerife, se dispone actualmente de un nivel de instrumentación sin precedentes. “Estamos completamente monitorizados en la isla”, afirmó, subrayando que la densidad y sensibilidad de los equipos actuales permiten registrar señales que hace dos décadas pasaban inadvertidas.

Según la WOVO

Los volcanes más monitorizados son aquellos con un historial eruptivo frecuente y situados en entornos muy poblados

La World Organisation of Volcano Observatories (WOVO), que coordina a los principales observatorios volcánicos del mundo, afirma a su vez que varios sistemas de alto riesgo y actividad constante cuentan con redes de monitorización muy completas, comparables en rigor técnico a la del Teide. En especial, se monitorizan aquellos volcanes situados en entornos con mucha población o con un historial eruptivo frecuente, como es el caso del Etna y el Vesubio en Italia, el Kilauea en Hawái, el Sakurajima en Japón o el Cotopaxi en Ecuador. 

El volcán Kilauea de Hawái, uno de los más activos de la Tierra 
El volcán Kilauea de Hawái, uno de los más activos de la Tierra Cedida

En el caso del Teide, la vigilancia se articula en torno a cinco grandes sistemas de control. En primer lugar, las estaciones sísmicas, que registran de forma continua la actividad microtectónica y los llamados sismos híbridos asociados a procesos hidrotermales. “Se detecta cualquier pequeño movimiento”, destacó, hasta el punto de que “incluso señales muy pequeñas quedan reflejadas en los registros sísmicos”.

En segundo lugar, se suman las estaciones GPS de alta precisión capaces de “medir deformaciones del terreno casi imperceptibles, fundamentales para identificar presiones internas o posibles ascensos magmáticos”. Además, también funcionan estaciones geoquímicas, encargadas de analizar las emisiones de gases volcánicos, especialmente dióxido de carbono (CO2), cuyo incremento puede actuar como señal temprana de cambios en profundidad, siendo este uno de los indicadores más vigilados. 

En paralelo, existen mediciones termométricas que controlan variaciones de temperatura en zonas activas, y “una observación visual y técnica continuada”, complementada con análisis de ruido volcánico y registros permanentes de señal sísmica de baja frecuencia.

Etiquetas