Javier Sáez, especialista en IA: “Si trabajas detrás de un ordenador, deberías estar preocupado porque el trabajo de oficina ya es automatizable”
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El director de IA en ‘Learning Heroes’ advierte de que el trabajo de oficina cambiará tal y como lo conocemos y que las empresas empezarán a ajustar plantillas en los próximos dos años

Javier es uno de los mayores especialistas en Inteligencia Artificial

Lejos ha quedado ya el tiempo en que la inteligencia artificial (IA) era territorio exclusivo de ingenieros y congresos tecnológicos. Hoy basta con escribirle una frase a Grok o ChatGPT para que generen un vídeo, diseñen una web o redacten un informe. No hace falta saber programar ni entender cómo funcionan por dentro, pues incluso un niño puede usarlas, y ese es precisamente el problema, ya que esa facilidad, aunque útil para muchos, es una señal de alarma para otros tantos.
Mientras millones de personas la incorporan a su día a día como un atajo para automatizar funciones monótonas, las empresas empiezan a mirarla como una estructura alternativa. “Si trabajas detrás de un ordenador, deberías estar preocupado porque el trabajo de oficina ya es automatizable”, afirma Javier Sáez, uno de los mayores expertos de IA del mundo, en el pódcast Tengo un plan. A su juicio, la revolución no está en que una herramienta escriba mejor un correo, sino en que ya puede asumir procesos completos que hasta ahora justificaban puestos enteros. La cuestión, sostiene, no es si la inteligencia artificial llegará a transformar el trabajo, sino cuánto tardará en hacerlo visible para todos.
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Una adaptación inevitable
El experto cita un estudio de Microsoft para ilustrar la magnitud del fenómeno: “6 o 7 de cada 10 personas están en Microsoft Office haciendo PowerPoints, Excel, correos o en llamadas de Teams la mayor parte del tiempo”. Ese trabajo de coordinación, alineamiento y documentación, que durante décadas ha sido la base del empleo de oficina, “ya es automatizable en gran medida”. No habla de hipótesis, recalca, sino de capacidades que existen hoy.

Para Sáez, lo que viene no es exactamente una nueva revolución industrial, sino algo más difícil de prever: “Creo que lo estamos infravalorando”, señala. Si la revolución industrial multiplicó la producción física, ahora lo que se multiplica es “la habilidad de pensar”, y eso afecta tanto a empleos de “cuello blanco” como, en pocos años, a trabajos físicos cuando la robótica humanoide se consolide.
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2027: el punto de inflexión
Cuando se le pregunta por una fecha concreta, Sáez apunta directamente a 2027 como el momento en que el cambio será visible para la mayoría. “Para mí, 2027-2028 será el punto exacto en que el mundo de la empresa empezará a despertar y lo aplicará”, asegura. Habla de compañías que ampliarán su plantilla “de forma artificial”, combinando empleados humanos con agentes de IA, y también de otras que optarán por ajustar equipos al comprobar que ciertas funciones son más eficientes con tecnología.
Aun así, el experto recuerda que ya ha habido despidos recientes en grandes compañías tecnológicas y menciona casos en los que las propias empresas han reconocido el impacto de la IA en sus decisiones. La tendencia, sostiene, seguirá acelerándose a medida que la tecnología sea más barata, más eficiente y más fácil de integrar.

Para el especialista, la advertencia es clara: “No habrá sitio para ti si no la estás utilizando”, asegura. A su juicio, aprender a trabajar con inteligencia artificial no será opcional, del mismo modo que hoy nadie concibe trabajar en el entorno digital sin saber usar un ordenador. “Tú vas a aprender inteligencia artificial, la pregunta es si de forma voluntaria o no”, explica.
Quienes más pueden utilizar la inteligencia artificial son las personas con experiencia laboral”
Uno de los puntos más llamativos de su análisis tiene que ver con el perfil profesional que más partido puede sacar a esta transformación. De forma contraintuitiva, no son necesariamente los perfiles más jóvenes: “Quienes más pueden utilizar la inteligencia artificial son las personas con experiencia laboral”, afirma, porque la clave no es solo saber usar la herramienta, sino entender qué problema se quiere resolver.
En ese nuevo escenario, el valor ya no estará tanto en ejecutar tareas repetitivas, sino en formular buenas preguntas, aportar criterio y combinar experiencia humana con potencia computacional. La brecha, según Sáez, no será solo tecnológica, sino estratégica: entre quienes integren la IA en su día a día y quienes decidan ignorarla. Y esa diferencia, advierte, empezará a notarse mucho antes de lo que muchos imaginan.