Seguridad

Juan Carlos Galindo, experto en cibercrimen: “Pagar con el móvil hoy es, de lejos, más seguro que usar una tarjeta física”

Fraude digital

Juan Carlos Galindo advierte para Guyana Guardian de que la prevención y la desconfianza siguen siendo la mejor defensa frente a un delito que “apenas castiga a sus responsables”

El experto alerta de una industria cada vez más organizada y difícil de perseguir

El experto alerta de una industria cada vez más organizada y difícil de perseguir

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Un café pagado con el móvil, un Bizum confirmado en el ascensor, una respuesta a un mensaje del “banco” mientras se espera el metro. Todo ocurre en segundos. La pantalla vibra, se pulsa “aceptar” y la jornada continúa. La rutina digital es tan rápida que apenas deja espacio para la duda. Hasta que un cargo desconocido aparece en la cuenta o alguien al otro lado del teléfono solicita un código “para bloquear un movimiento sospechoso”. Entonces, muchas veces, ya es demasiado tarde.

La ciberdelincuencia sigue escalando a niveles preocupantes. Según el balance anual de criminalidad, las estafas informáticas concentraron 430.493 infracciones penales en 2025, lo que representa el 88% de toda la cibercriminalidad y el 17,4% de toda la delincuencia registrada en España. Este último dato supone un aumento del 4,3% respecto al mismo período de 2024. Para ponerlo en perspectiva, hace apenas una década, en 2016, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad registraron 70.178 estafas informáticas. Esto significa que, en diez años, estos delitos se han disparado un 513,4%. Y detrás de cada uno de esos casos hay empresas, instituciones y ciudadanos que han sufrido consecuencias en algunos casos muy graves.

Casi todo el dinero robado en ciberestafas se pierde para siempre y muy pocos de los responsables llegan a la cárcel

Juan Carlos Galindo

Experto en cibercrimen

Ese riesgo constante se traduce en pérdidas directas y en una sensación creciente de vulnerabilidad. Un simple clic o una llamada atendida sin pensar puede ser suficiente para abrir la puerta a fraudes que, en la mayoría de los casos, no tienen vuelta atrás. Juan Carlos Galindo, investigador y experto en fraude y cibercrimen, lanza una advertencia contundente en una entrevista para Guyana Guardian: “casi todo el dinero robado en ciberestafas se pierde para siempre y muy pocos de los responsables llegan a la cárcel”.

La dimensión real del problema

Sus palabras reflejan la gravedad del problema, ya que, detrás de cada transferencia bloqueada o de cada alerta que ignoramos, “hay organizaciones perfectamente estructuradas, que operan como empresas internacionales y que encuentran en España un país especialmente atractivo por el volumen de usuarios y la rapidez de las operaciones bancarias”. Cada fallo, por pequeño que parezca, puede tener consecuencias muy serias y afectar de manera directa la seguridad y tranquilidad de cualquier persona.

“De los fraudes que se producen, el 90% ni siquiera se denuncia. Eso significa que podrían estar afectando a 4,5 millones de españoles y nadie hace nada”
“De los fraudes que se producen, el 90% ni siquiera se denuncia. Eso significa que podrían estar afectando a 4,5 millones de españoles y nadie hace nada”Cedida

Galindo recuerda cómo, a menudo, la esperanza de recuperar lo perdido choca con la cruda realidad. “Cuando alguien me contrata para investigar una estafa, lo primero que digo es: ‘Es una pena que me llame. No puedo garantizarle nada’”, confiesa. Además, asegura también que la mayoría de los casos nunca llegan a los juzgados.

Cuando alguien me contrata para investigar una estafa, lo primero que digo es: ‘Es una pena que me llame. No puedo garantizarle nada’

Juan Carlos Galindo

Investigador y experto en cibercrimen

A esto se suma que una gran parte de las víctimas ni siquiera denuncia lo ocurrido. “La mayoría de los fraudes no llegan a denunciarse. Eso significa que pueden estar afectando a millones de personas y no pasa nada”, señala Galindo. La consecuencia es clara: la dimensión real del problema queda oculta, muy por encima de lo que reflejan los datos oficiales, mientras los ciberdelincuentes siguen operando con una sensación de impunidad casi intacta.

No se trata de errores aislados o descuidos menores. “Quienes operan estas estafas no son aficionados, sino redes que estudian a sus víctimas y perfeccionan sus métodos constantemente”, añade Galindo. Desde mensajes que imitan bancos hasta páginas falsas que parecen tiendas de confianza, el objetivo es siempre el mismo: engañar y aprovecharse de la confianza de la gente. Para él, la tecnología ha abierto una puerta gigantesca, y cada descuido, por pequeño que parezca, “puede costar muy caro”.

Pagar con el móvil hoy es, de lejos, más seguro que usar una tarjeta física

Juan Carlos Galindo

Investigador y experto en cibercrimen

Por otro lado, aunque muchos creen que la tecnología lo hace todo infalible, Galindo recuerda que los sistemas no son perfectos. Eso sí, según el especialista, “pagar con el móvil hoy es, de lejos, más seguro que usar una tarjeta física”. “La información viaja cifrada y cada operación requiere varios pasos de verificación que los ladrones no pueden saltarse fácilmente”, asegura. Galindo explica que esta combinación de barreras hace que la información personal esté protegida en cada movimiento, algo que no siempre ocurre con las tarjetas tradicionales.

“Quienes operan estas estafas no son aficionados, sino redes que estudian a sus víctimas y perfeccionan sus métodos constantemente”
“Quienes operan estas estafas no son aficionados, sino redes que estudian a sus víctimas y perfeccionan sus métodos constantemente”Cedida

Sin embargo, la seguridad no es absoluta: todo depende de cómo se use la tecnología. “La tecnología ofrece herramientas poderosas, pero la verdadera seguridad empieza con cada decisión que tomamos al usarla”, dice Galindo.

La responsabilidad compartida

De hecho, el error más común, según el experto, no está en el sistema. Está en las decisiones del usuario. “Muchas personas caen por confiar demasiado en enlaces o aplicaciones que parecen legítimas. Se sienten en control y creen que no les va a pasar a ellos, y ahí es donde surgen los problemas”, explica. Esa falsa sensación de seguridad, añade, es el terreno perfecto para que los “malotes” actúen sin necesidad de grandes habilidades técnicas.

Muchas personas caen por confiar demasiado en enlaces o aplicaciones que parecen legítimas

Juan Carlos Galindo

Investigador y experto en cibercrimen

No obstante, según el experto, con hábitos sencillos y precauciones básicas, es posible reducir los riesgos de manera muy notable. “Si el ciudadano entiende cómo funcionan los avisos de seguridad, revisa cada transacción y no comparte datos sensibles a la ligera, puede estar protegido en gran medida”, remarca Galindo. La clave, insiste, es combinar tecnología y sentido común: ambos son indispensables para no convertirse en una víctima más.

Por último, recuerda que denunciar los intentos de fraude también tiene un efecto directo: ayuda a que la información llegue a quienes pueden actuar y protege a otros ciudadanos. La responsabilidad recae en todos, y cada gesto de precaución suma. “Si todos hacemos nuestra parte, incluso los cibercriminales más organizados pierden terreno”, concluye.