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Lew Frankfort, el precursor del lujo al alcance de todos: “Es difícil creer que algo vaya a pasar en el futuro si no lo puedes imaginar hoy”

Libros

La historia de Lew Frankfort, el hombre que transformó Coach, revela que el miedo al fracaso puede ser el motor más poderoso para el éxito. Sus memorias llegan en el libro 'Bag man', que acaba de ser publicado ahora

Lew Frankfort, fundador de Coach

Lew Frankfort, fundador de Coach

POV: diriges una marca precursora en el lujo al alcance de todos, pero tus sueños se repiten una y otra vez como un thriller del cual no puedes escapar. Lew Frankfort, el arquitecto detrás de la ascensión de Coach, caminaba por Madison Avenue con su traje de tres piezas y su maletín de cuero, en dirección a la reunión más importante de su vida, la que precedería a la salida a bolsa de la compañía. Al mirar hacia abajo, el pánico lo paralizaba: no llevaba zapatos, solo unos ridículos calcetines de lana. Esta pesadilla, detallada en sus memorias Bag Man, que acaban de salir publicadas ahora, no era una anécdota, sino el motor que transformó una empresa familiar de 6 millones de dólares en un imperio global de 5.000 millones. Su historia revela una de las verdades más contraintuitivas del liderazgo: a veces, nuestros demonios más hondos son la fragua donde se templan nuestras mayores fortalezas.

Semejante pavor a ser expuesto, a ser visto como un fraude, se convirtió en el combustible de su legendaria meticulosidad. Frankfort canalizó su ansiedad en un sistema que él mismo bautizó como “Magia más Lógica”. La “Lógica”, decía, era su armadura contra el caos. 

Criado en el Bronx, hijo de policía, sentía el peso de sus orígenes y el terror a que todo lo construido se deslizara de vuelta a la precariedad. Esta presión lo convirtió en un maestro del análisis, devoto de los datos y un estratega que no dejaba nada al azar. Su dependencia de la investigación de mercado y de la ejecución rigurosa no era solo una buena práctica empresarial; era un mecanismo de defensa para calmar la incertidumbre que lo atormentaba. Como él mismo admitiría, en un sector tan volátil, “el fracaso es mucho más fácil que el éxito, especialmente cuando vendes productos discrecionales”. Su miedo no lo paralizó. Al contrario, lo obligó a prepararse mejor que nadie.

A veces, nuestros demonios más profundos son la fragua donde se templan nuestras mayores fortalezas

El caso es que, a mediados de los noventa, la lógica casi mata a la empresa. Coach se había vuelto predecible, anticuada: “el bolso de tu madre”. El crecimiento se estancó y la marca se precipitaba hacia la irrelevancia. Fue entonces cuando Frankfort comprendió que su armadura de lógica, aunque segura, también era una jaula. Necesitaba “Magia”: la creatividad, la intuición y el riesgo que tanto temía. La contratación del director creativo Reed Krakoff fue una apuesta audaz que reinventó la marca, haciéndola relevante y aspiracional. Aquello fue un doloroso pero necesario ejercicio de soltar el control, un momento que encapsula una de sus lecciones: “A menudo —dice— descubrimos nuestros mejores destinos persiguiendo los equivocados”. 

Su fallido intento de ser un directivo en la empresa matriz, Sara Lee, le demostró que su verdadero lugar estaba al frente de Coach, liderando su metamorfosis.

El peor momento de Frankfort

Como sea, el éxito estratosférico que siguió a la reinvención no silenció sus demonios. Tras ser diagnosticado de cáncer y sufrir la presión de la crisis financiera de 2008, Frankfort se enfrentó a episodios depresivos. Asço buscó ayuda profesional y comenzó una terapia que, según él, se convirtió en una herramienta vital. Esta vulnerabilidad es la clave de su legado. Demostró que un líder no es un ser infalible, sino alguien capaz de gestionar su propia fragilidad para construir algo duradero. Aprendió a la fuerza que “ninguna cosa por sí sola nos define”, ni un éxito arrollador ni un fracaso estrepitoso. Al final, el hombre que soñaba que iba descalzo a las reuniones más importantes aprendió a caminar con paso firme, no porque erradicara su miedo, sino porque aprendió a convivir con él, transformando el peso de su ansiedad en el cimiento de su imperio.