
Chenoa se cierra al amor

No hay de buena mañana nada como un titular tonificante: “Chenoa se cierra al amor”. Me sentí rejuvenecido al leerlo en nuestra web y, ya puestos, solo le hubiese faltado anteponer “la polifacética” para completar la dicha.

Ni poliamor ni gaitas: Chenoa se cierra al amor. Vamos, que no quiere novios ni aunque sean formales y del mismo Bilbao. En otros tiempos, lo de cerrarse al amor era un titular habitual en las entrevistas con artistas que salían de una relación sentimental –y sin embargo carnal– y alertaban de paso a los admiradores –también llamados buitres– de que no tenían el cuerpo para farolillos.
Las personas que se cierran al amor siempre tienen una justificación: exceso de trabajo
Al parecer, las personas que se cierran al amor tienen que jus-tificarse, a diferencia de las que permanecen abiertas al amor,
como si todo el mundo estuviese obligado a buscarlo debajo de las piedras o en un estante de la tienda de ultramarinos.
La polifacética Chenoa argumenta que anda muy ocupada con sus asuntos laborales, lo que viene a decir que solo los vagos, los trombonistas y Paquito el Chocolatero pueden permitirse el lujo de buscar el amor a todas horas. Algo de cierto subyace en el cliché. Yo, por ejemplo, veo fotografías en el diario de mujeres que rozan la excelencia, triunfan en terrenos masculinos y visten con estilo, y siempre me digo: están cerradas al amor, como si lo viera...
Los nuevos estilos de vida van contra el amor porque se le identifica con disponer de un tiempo que a nadie le sobra. Entre un varón que ronca, no da una en el pádel y viste polos a franjas y frecuentar los gimnasios, ir a yoga o hacerse amiga de un perro, cada vez hay más mujeres que se cierran al amor. Y a la que te descuidas han cerrado por liquidación de existencias.
El amor empieza a ser asunto de agendas más que de sentimientos. Otra cosa son los amoríos, hoy llamados rollos, que se llevan mucho pero lucen menos. No sabemos si Chenoa se ha cerrado al amor pero abre una ventana de oportunidades a los amoríos, cosa que alegrará a la legión de fans de la artista. A falta de pan, buenos son los amoríos. No es lo mismo, pero como dijo un clásico: es lo que hay.
