En su libro La península de las casas vacías (Siruela), del que lleva vendidos más de 100.000 ejemplares, David Uclés cuenta, entre otras historias, el afán de un poeta por coser la sombra a una niña tras un bombardeo durante la Guerra Civil. Es lo bueno del realismo mágico, que hace posibles cosas que le están vetadas a una realidad sin trucos. Seguramente, a Juan Francisco Pérez Llorca, flamante presidente de la Generalitat Valenciana, le habría gustado que el jueves hubiera sido un día sin sombra, que es un fenómeno que se da cuando el sol está en su cenit, para que nadie viera que, como la niña del relato, él también lleva cosida la sombra de Vox a la espalda.
Es más, se diría que el PP escribió su discurso de investidura y Vox se lo pasó a limpio. Son cosas que ocurren cuando un partido necesita los votos de otros para conseguir la presidencia. Pérez Llorca lleva a la extrema derecha en su mochila, que pesa como una piedra, aunque, como los buenos excursionistas, pone buena cara. Las exigencias de Vox no son nuevas, ni pocas: nada de veleidades medioambientales (a pesar de que el PP ha firmado el Pacto Verde Europeo), freno a la inmigración y planes de retorno para la reunificación de inmigrantes en sus países de origen, cero ayudas a la cooperación, menos impuestos a costa de servicios públicos y recortes al valenciano. Al menos en este punto, el presidente anunció que iba a defender la Acadèmia Valenciana de la Llengua.
El nuevo presidente valenciano proclamó en su discurso que “basta ya de buenismos”
Como escribía ayer Salvador Enguix en este diario, la fórmula del acuerdo con Vox se va a ensayar en otras comunidades y, si suman, en las próximas elecciones generales. La Comunidad Valenciana vuelve a ser laboratorio político, como lo fue el llamado pacto del Botànic (por el jardín donde se firmó el acuerdo) que mantuvo a la izquierda en el poder durante dos legislaturas.
Fue Santiago Abascal, el líder de Vox, quien manifestó que lo que había oído del discurso de Pérez Llorca le sonaba bien como una canción de Nino Bravo. Sobre todo le encantó que Pérez Llorca proclamara un “¡basta ya de buenismos!”. Así que debe de haber llegado la hora de los malismos, “que es lo que se lleva ahora”, como cantaba Zapato Veloz en su Tractor amarillo.
