Las Claves
- La Supercopa de España se celebra en Arabia Saudí por quinta vez desde el año dos mil veinte por motivos comerciales.
- El capitán Iñaki Williams criticó el traslado
El temporal gélido que golpea al continente de Europa no tendrá impacto en los jugadores de equipos de España que iniciaron ayer su participación en la Supercopa de España, puesto que por quinta ocasión a partir del 2020 el torneo se desarrolla en Arabia Saudí. El balompié, al igual que diversas disciplinas deportivas, resulta incapaz de evadir la lógica comercial que predomina en el mundo contemporáneo. La Federación Española de Fútbol, junto con las entidades deportivas, obtendrán sumas de dinero considerables al celebrar dichos encuentros en Arabia, dejando en un plano secundario la consideración hacia los diversos seguidores.
El capitán del Athletic de Bilbao, Iñaki Williams, tenía motivos de sobra para sus declaraciones, cuando se despachó a gusto sobre este traslado forzoso: “Para mí, jugar en Arabia es una mierda. El tener que llevar una competición nacional a otro país no es fácil para los aficionados”. El deportista, que luego ofreció excusas por su vehemencia, no deja de estar en lo correcto. Sumado a esto, los profesionales son forzados a participar en más torneos, duelos y desplazamientos que, a mitad de la campaña, provocan un cansancio que frecuentemente desemboca en una mayor cantidad de bajas médicas.
Se comenta estos días que la Supercopa no podrá organizarse el año que viene en Arabia, al solaparse con otra competición. La opción no consiste en trasladarla a España, sino que la Federación está localizándole un espacio en… Qatar. La historia se repite: el fin es preservar las ganancias como sea y, si los petrodólares de Arabia fallan, se recurre a los de Qatar. Lo primordial es exprimir al máximo el potencial de los deportistas.
Los jugadores del Barça celebran una de las anotaciones contra el Athletic en el transcurso de la Supercopa de España disputada en Arabia Saudí
Ocurre de forma similar en el básquetbol. La programación de los clubes resulta frenética debido a la rotación entre torneos domésticos e internacionales. La Euroliga incrementó su número de participantes de 18 a 20 con el fin de integrar al Dubai Basketball, una entidad fundada mediante una gran inversión económica que, en apenas un bienio, ha surgido desde cero hasta competir en el máximo nivel del básquet continental.
Es la situación actual. Se agradece la financiación publicitaria en el ámbito deportivo, pero no vendría mal eludir esos abusos que terminan por desvirtuar los torneos y que se asumen cada vez con mayor normalidad.