Armas de mujer

Las Claves

  • Un parlamentario del PSC por Lleida enfrenta un juicio por coacciones tras increpar a una policía local en el municipio de Alcarràs.
  • El proces

Un altercado entre residentes ha conducido ante los tribunales a un parlamentario del PSC por Lleida señalado por coacciones tras increpar a una policía local “usar armas de mujer”. Según se indica, la empleada pública se echó a llorar en el momento en que el procesado y antiguo alcalde de Alcarràs le afeó que no arrestara al colindante con el que mantenía un fuerte enfrentamiento.

¿Se dan las armas de mujer? Yo afirmaría que sí y por fortuna, puesto que los recursos de los hombres arrancan con balonazos en la costa hacia la gente y finalizan con drones en Ucrania, transitando por los golpes en los conflictos de la circulación vehicular.

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LVE

No me queda del todo claro si el feminismo o los diversos feminismos de la actualidad apoyan, autorizan o descartan las armas de mujer o si las perciben como una muestra de machismo, situación en la que uno regresaría al bando erróneo de la historia (anteriormente, órsay). Consistían en tácticas del soft power, que solo resultaban eficaces si eran puestas en práctica por mujeres. Voy a ejemplificar esto con una escena del filme Armas de mujer , que contó con Melanie Griffith como protagonista en 1989. ¿Qué ocurriría si el íntegro contable de una sucursal bancaria expresara, tal como lo hace el personaje: “Tengo una mente para las finanzas y un cuerpo para el pecado, ¿hay algo malo en eso?”.

¿Me encontraré en la parte errónea de la historia si asumo que las “armas de mujer” eran legítimas?

–Bermúdez, además de calvo­rota, ¡es usted un cachondo!

El arte de seducir se integraba en el soft power y constituía el único recurso que los afectados acogían con el júbilo de los integrantes de ERC al molestar a los de Junts. Una variante distinta soft power consistía en “hacerse la tonta”, bastante habitual en disputas con oficiales de circulación y transportistas, denominados por algún motivo “caballeros del volante”.

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El arma definitiva de las estrategias femeninas se remonta a Boabdil el Chico –sin confundirlo con su tío, Boabdil el Desdichado – y consistía en sollozar, ese líquido que todos derramamos en momentos dramáticos (como la lesión del quinto metatarsiano de Messi un noviembre del 2006 en el Camp Nou). Si un enamorado lloraba cuando su compañera rompía el vínculo, no ocurría nada especial. Por el contrario, ¡cuántos varones no se echaron para atrás! En fin, tácticas bélicas de antaño, como ese refrán “mujer agraviada, no hay peor espada”. ¡Cosas de otra época!

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