Un relevo histórico y difícil de prever

Las Claves

  • Delcy Rodríguez lidera una transición tutelada por Estados Unidos tras la detención de Maduro y el control del crudo nacional.
  • Donald Trump prioriza la administración del petróleo y la estabilidad sobre la democracia inmediata, negociando directamente con la cúpula chavista.
  • El chavismo mantiene el dominio militar y comunicacional mientras excarcela pausadamente

Ocho días después de la ofensiva bélica de Estados Unidos y de la detención del presidente Maduro y de su cónyuge, Venezuela continúa debatiéndose entre la duda, el recelo y la expectativa sobre cómo el mando chavista que aún gobierna pondrá en marcha una transición sin precedentes en la trayectoria nacional y bajo la tutela de la Casa Blanca. Por el contrario, para Estados Unidos su postura y sus propósitos resultan hoy más patentes: no hay urgencia por recobrar la democracia ni realizar comicios, y la prioridad absoluta es el dominio y la administración de las existencias de crudo.

Durante estas jornadas recientes, el sistema chavista actualmente encabezado por Delcy Rodríguez ha tomado ciertas medidas que ratifican la tutela norteamericana y las degradantes exigencias de Trump. De tal forma, ha aceptado que Washington determine el rumbo de su crudo y ha comenzado la excarcelación —por el momento, de manera muy pausada— de detenidos políticos, tanto locales como de otros países. A pesar de ello, el chavismo, que el viernes llamó a sus seguidores a una importante “marcha nacional”, busca conservar el dominio de la narrativa y, habituado a resistir, domina la comunicación, la prensa y el espacio público, sumado a la totalidad de las fuerzas policiales y castrenses. Por consiguiente, frente a las señales de subordinación ante Trump reacciona con firmeza interna para evitar proyectar una sensación de fragilidad. Un empleado de la compañía pública de hidrocarburos, PDVSA, sintetizaba el panorama asegurando que “estamos entre algo que no muere y algo que tampoco nace”.

El chavismo manifiesta signos de docilidad ante EE.UU. Al tiempo que opera con dureza en el territorio de Venezuela.

Delcy y Jorge Rodríguez, los dos hermanos, dominan actualmente las ramas ejecutiva y legislativa de la nación, de forma respectiva. Se encuentran tras una vía de escape, y la duda radica en si dicho camino conduce hacia una salida pactada o a mantenerse indefinidamente en el mando. Entretanto, Venezuela atraviesa una etapa de madurismo carente de Maduro, donde la meta consiste en retener el dominio tanto de los organismos públicos como del espacio público. Aun cuando el chavismo ofrezca señales de diálogo y otorgue beneficios, cabe la posibilidad, tal como sucedió anteriormente, de que la situación retorne rápidamente al punto de partida y que en los núcleos urbanos la ciudadanía continúe priorizando el combate contra el encarecimiento desmedido con sueldos miserables, confiando en que este proceso de desenlace incierto les proporcione, junto a una nación libre y democrática, algo de bienestar financiero.

La continuidad de los altos mandos chavistas en la administración liderada por Delcy Rodríguez, la persistencia de la violencia estatal en la vía pública y el desdén previo de Trump hacia la opositora María Corina Machado —a quien ahora planea recibir la semana entrante— como referente de la transición apuntan a un desarrollo dilatado (Trump ha sugerido dominar Venezuela por varios años) y a que Washington no tiene apuro por una transformación gubernamental. Realmente, la Casa Blanca ha planteado un proyecto de tres niveles para equilibrar, sanear y, finalmente, lograr una alternancia democrática en el Estado. Hasta la fecha, la aplicación concreta de dicha propuesta ha consistido en requerir que Venezuela otorgue la administración de su crudo a EE.UU., y Trump coacciona a las firmas petroleras más importantes, brindándoles promesas de resguardo, para que desembolsen 100.000 millones en la región. La batalla contra el tráfico de estupefacientes, motivo formal de esta intervención, ha pasado a un segundo plano absoluto.

Este razonamiento justifica la postura realista de Washington y su apertura para crear nexos con la cúpula del mando remanente, siempre que esta satisfaga los objetivos geopolíticos estadounidenses. Washington y Caracas han comenzado a dialogar para restablecer sus vínculos oficiales, mientras que Trump no planea desarticular el sistema chavista y ha optado por Delcy Rodríguez en lugar de Corina Machado al anteponer la seguridad a la democracia y considerar que la disidencia venezolana no posee una organización política capaz de encabezar, de manera independiente, un cambio de poder urgente.

Al optar por Delcy Rodríguez, Trump ha antepuesto la estabilidad a la democracia.

Las interrogantes planteadas el 3 de enero permanecen actuales: ¿quién ejerce el mando real en Venezuela en este momento? ¿Qué dirección está tomando el país? ¿Existirá una prolongación política a través de una reestructuración interna del chavismo bajo la supervisión de EE.UU.? ¿Ha dejado pasar María Corina Machado la oportunidad de la transición al ser descalificada por Trump y podría terminar desempeñando un rol secundario? ¿Es viable una transición pactada mediante consensos progresivos entre los grupos del poder vigente y la oposición, tal vez con apoyo internacional?

Resulta imposible predecir el final de este proceso de cambio, incluso para aquellos que piensan manejar la situación. El riesgo radica en que Venezuela permanezca estancada en un conflicto de fuerzas, impidiendo que su población recobre totalmente la facultad de elegir su propio rumbo. El cambio en Venezuela requiere obligatoriamente la renovación de sus organismos, la restauración de la legalidad institucional y la observancia real del deseo ciudadano manifestado mediante el voto.

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