Opinión
Màrius Serra Roig

Màrius Serra

Escritor y enigmista

La otra película del 47

Dentro de una semana se cumplirá un año desde que Trump juró el cargo como 47.º presidente de Estados Unidos. Su primera temporada de (segundo) mandato se llenó de palabras clave del ADN trumpista como aranceles, deportaciones o Nobel. La segunda, que irá a las elecciones de midterm, ha empezado con A de acción. La acción X de Maduro en Venezuela –donde X es captura, secuestro, extracción o detención, según el relator– es un giro dramático de alta intensidad.

 
 POOL / EFE

Ningún espectador/analista se atreve a predecir qué pasará durante esta segunda temporada en Colombia, Cuba o Groenlandia. Ese es el trabajo de los argumentistas del trumpismo, los profesionales que escriben la historia en mayúsculas y definen tramas. En épocas pretéritas, nadie conocía a los argumentistas del poder. Como mucho vislumbrábamos a los guionistas, los que transforman la biblia del argumento en episodios, escenas y acciones, pero en la mayoría de los casos solo veíamos la cara de los dialoguistas, los profesionales que ajustan la voz propia de cada per­sonaje y que en series políticas suelen ser profesionales de la comu­nicación.

El 47.º presidente de EE.UU. Ha decidido poner la trastienda en el escaparate

Pero el 47.º presidente subvierte la estructura profesional del mundo audiovisual. Sus argumentistas lo flanquean en las comparecencias, de pie o sentados ante los periodistas afines; el guionista es él mismo, y los dialoguistas han sido despedidos porque no hace ninguna falta trabajar la naturalidad oral de quien ha hecho de la oralidad natural su única forma de expresión.

La gran novedad del 47.º presidente de Estados Unidos es que ha decidido poner la trastienda en el escaparate. Como cuando, prescindiendo de la retórica justificativa de la restauración democrática, habla del petróleo venezolano. Es igual de depredador que los otros, estamos tentados a pensar, pero como mínimo habla claro y no se esconde. Podría parecer un ejercicio de transparencia tras la hipocresía de una casta dirigente que depredaba con coartada retórica, pero por anunciar sus delitos un delincuente no deja de delinquir. En realidad, el acrónimo MAGA solo es una variante retórica simplificada del verdadero lema americano: “In gold we trust”.

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