Las Claves
- El martes trece combina la triscaidecafobia con la influencia de Marte para generar una jornada considerada de mala suerte.
- La herencia cristiana asocia el número trece con los asistentes a la última cena de Jesús y sus doce apóstoles.
- El nombre martes proviene del dios Marte y tradicionalmente se desaconseja contraer nupcias o emprender viajes en este día.
- La cultura anglosajona prefiere el viernes trece debido a eventos históricos relacionados con la orden del Temple y Jacques de Molay.
Debido a que hoy cae en martes trece, dentro del ámbito hispanohablante convergen dos creencias populares muy profundas que lo señalan como una jornada de pésima suerte. Bajo esta perspectiva, la triscaidecafobia representa el temor ilógico hacia la cifra trece, la cual, dentro de nuestra herencia cristiana, se relaciona directamente con el banquete final de Jesús. Los doce apóstoles junto a Jesucristo sumaban trece asistentes que, a partir de aquel momento, simbolizan una señal negativa. El recelo hacia el número trece es un rasgo común entre quienes poseemos una base cultural fundamentada en el cristianismo. Es bien conocido que en Nueva York, por citar un caso, bastantes edificios de gran altura omiten el piso número trece y los elevadores pasan del doce al catorce o incluyen un doce bis, instalado debido a que los arrendatarios o compradores potenciales evitaban adquirir despachos o casas en la planta número trece.
¿Qué sucede con el martes? La explicación más común y aceptada indica que este periodo consagrado al dios Marte, el regente de la guerra, se consideró tradicionalmente una fecha de malos augurios. Su relación con Marte lo definió como ese día en el que se aconseja no contraer nupcias ni emprender viajes.
Doce discípulos junto a Jesucristo, trece personas sentadas a la mesa que representan un presagio negativo.
Trezidavomartiofobia es el artificio verbal para designar el pavor ilógico al martes y trece (la jornada, no el conjunto cómico español que fue primero trío y luego dúo, al cual todos recordamos).
La desafortunada cifra trece carga además con el estigma de, curiosamente, situarse inmediatamente tras el doce. El doce define los meses anuales, las divisiones del zodiaco y múltiples elementos que se agrupan por docenas, lo cual convierte al trece en un marginado frente a la aparente concordia y estabilidad de la cifra doce.
En caso de que sientan interés en descubrir el motivo por el cual la civilización anglosajona predominante percibe al viernes 13 como una fecha de pésimo augurio, lo cierto es que no existe una explicación del todo evidente, si bien yo les sugiero esta: históricamente han sentido mayor temor hacia Venus que hacia Marte.
Observen las disparidades, dado que tratamos sobre elementos culturales. Sin embargo, también existe una explicación alternativa que ubica el comienzo de este mito el 13 de octubre de 1307, un viernes 13 en el cual el acuerdo del pontificado con el rey francés suprimió la orden del Temple y buscó confiscar sus tesoros y enigmas. Jacques de Molay, el último gran maestre templario, condenó desde la pira a Felipe IV de Francia y al papa Clemente V, augurando que perderían la vida antes de que pasara un año. Y efectivamente sucedió.
