Las Claves
- Joan Baez advierte sobre el autoritarismo en Estados Unidos y distribuye tarjetas informativas sobre derechos civiles a la población de origen latino.
- El oficial Jonathan Ross asesinó a Renee Nicole Good durante un operativo migratorio, contando con el respaldo del presidente Donald Trump.
- El mandatario utiliza estos crímenes para difundir miedo social, calificando injustamente a ciudadanos comunes como extremistas peligrosos para la nación.
- Ante la falta de justicia transparente, resultan fundamentales las iniciativas de formación civil y la implicación democrática de toda la población.
Hace algún tiempo, Joan Baez señaló en una charla con este periódico que el autoritarismo en EE.UU. No se estaba gestando, sino que ya se había iniciado, y casi nadie previó que los hechos rebasarían su preocupación. La referente de la música de protesta se mantiene activa desde que Trump asumió el mando nuevamente. Diariamente despierta en su hogar de San Francisco sintiendo la obligación de avisar a la población acerca de lo que está por venir. Distribuye pequeños cartones donde aparece “Conozca sus derechos”, redactado en castellano en una cara y en lengua inglesa en la contraria. “Probablemente tú no las necesites, pero quizás algún amigo tuyo sí”, les comenta a residentes y empleados de origen latino que tal vez apoyaron a Trump.
La legendaria artista folk que durante la década de los sesenta luchó por las libertades civiles acompañando a Martin Luther King comprende que, a diferencia de los tiempos del flower power, actualmente protestar no implica solo pernoctar tras las rejas, sino un peligro superior. “La gente puede terminar en un agujero de cemento de por vida”, comentaba, sin sospechar un suceso como el de Renee Nicole Good, muerta en su vehículo a manos de un oficial migratorio que sostiene que “obstaculizaba” su tarea en un operativo.
Durante el periodo de gestión de Trump, los oficiales de la patrulla fronteriza abren fuego y agreden a una civil común, una muchacha dedicada al canto y madre.
Dentro del territorio de Estados Unidos, ya no son prófugos de la ley como James Earl Ray quienes atentan contra personalidades de la relevancia de Martin Luther King en el corredor del motel Lorraine, en Memphis. No se trata de efectivos castrenses que acechan a Kennedy ni de sujetos desequilibrados que terminan con la vida de Lennon por deseos de fama. En los tiempos de Trump, los disparos provienen de oficiales de las brigadas antiinmigración, y se dirigen hacia una mujer ordinaria, una joven autora de versos y madre que sirve como testigo en su vecindario y que plasma sus ideas... “Somos lo que guardamos en los bolsillos: una piedra, una nota, una esperanza que no caduca. / Aquí sigo, traduciendo el silencio en algo que por fin se parece a la libertad”.
El mandatario la califica como una extremista agresiva, y utiliza el delito para sentar un precedente, difundiendo el miedo y el malestar. Las Joan Baez de Estados Unidos continuarán manifestándose en las vías públicas después de estos sucesos. No obstante, ¿qué impacto causará en la población común que un excombatiente de Irak de 43 años y propenso a disparar de nombre Jonathan Ross reciba el apoyo de Trump tras haber abierto fuego tres veces contra el cráneo y el torso de alguien que simplemente intentaba marcharse? ¿Acaso no forma esto parte del plan delictivo de un líder que fundamenta su gobierno en la arrogancia?
La psicología social sostiene que los dirigentes arrogantes suelen distorsionar los sentimientos y las impresiones. Frente a sus coacciones, y ante la carencia de una justicia transparente, únicamente resultan efectivas las iniciativas de formación civil, el diálogo nítido y la implicación democrática. Así como numerosas Joan Baez carentes de temor.
