Las Claves
- Las modificaciones arbitrarias de fronteras en Ucrania e Israel generan conflictos bélicos que amenazan la estabilidad y soberanía de las naciones actuales.
- Donald Trump muestra
Una modificación arbitraria de los límites territoriales genera disputas con repercusiones impredecibles. El entorno geográfico y la población se relacionan mediante los bordes nacionales, aquellas marcas que, según Josep Borrell, el pasado ha impreso profundamente en la superficie del mundo. Las demarcaciones no resultan permanentes y las cartografías antiguas evidencian la transformación continua de los perímetros estatales debido a la apropiación de dominios extranjeros. Los enfrentamientos bélicos poseen una base de pensamiento, aunque la mayor parte se desarrollan con el fin de obtener o conservar una región.
El vínculo estrecho y privado de los individuos con el territorio se traslada de manera natural a sus autoridades correspondientes. El enfrentamiento en Ucrania trata sobre la titularidad de la soberanía en regiones que antaño pertenecieron a Rusia y actualmente gozan de autonomía. La disputa entre Israel y Hamas se centra en la propiedad de ciertos terrenos que han poblado por milenios tanto judíos como palestinos.
La incertidumbre que emana de la volátil gestión de Trump se manifiesta en su fijación por anexar a Canadá como un territorio más de Estados Unidos, adquirir o dominar Groenlandia por cualquier medio, desplegar fuerzas en México para enfrentar el tráfico de drogas o definirse en su perfil de Truth Social como “presidente en funciones de Venezuela”.
Tales peligros no emanan de la lógica, el intercambio o la diplomacia, cuya meta es siempre el entendimiento. Se intenta transformar las demarcaciones mediante la coacción como recurso fundamental. La vulneración del orden constitucional al invalidar los compromisos asumidos por las administraciones actuales o previas acarrea enfrentamientos, contiendas y el padecimiento y deceso de centenares de millares de ciudadanos.
Intuyo que cerca del presidente Trump existe seguramente un conjunto de individuos con capacidad reflexiva y conocimientos históricos. La corriente MAGA (“Make America Great Again”) busca una nación estadounidense diferente donde los “buenos americanos” ejerzan un control absoluto. No aludo únicamente a sus aliados cercanos y lisonjeros tales como el secretario de Estado Marco Rubio, el vicepresidente J.D. Vance o el integrante más enigmático, Stephen Miller, consejero de la presidencia centrado en la inmigración y en un modelo imperialista propio del siglo XIX. Se trata de los planificadores en los sectores de la defensa, la academia y la estrategia que se han sumado al populismo de Trump, el cual les ha permitido triunfar en las urnas, aunque es posible que surja un punto donde esa personalidad tan egocéntrica y vanidosa perjudique los objetivos del movimiento MAGA y el propio Trump pase de representar un símbolo a ser un obstáculo.
Dentro del movimiento MAGA, Trump podría pasar de ser un símbolo a transformarse en un obstáculo.
El historiador Paul Kennedy considera que las administraciones de cualquier época y región comprenden qué medidas deben evitar; no obstante, persisten en ejecutar determinaciones desafortunadas y desastrosas que los conducen hacia su propia ruina.
Los anhelos de expansión de Trump muestran rasgos similares a las maniobras que Putin desarrolla en Ucrania y a las que Xi Jinping podría emprender contra Taiwán. Cuando el actor con mayor influencia vulnera el orden vigente, otros pueden replicar su conducta. No depende de la lógica, sino de la capacidad de coacción, permitiendo que el más fuerte logre aniquilar al más vulnerable.
El ambiente bélico se percibe debido a que las partidas de defensa aumentan globalmente y diversos sistemas económicos locales se sustentan en el comercio armamentístico. Se nota una inquietud imperceptible que inquieta a la sociedad al incursionar en la apropiación violenta de territorios, ignorando la legalidad y prescindiendo del consentimiento de los pueblos que tradicionalmente han residido allí.
Europa debe desarrollar su propio sistema defensivo. Con tal fin, resulta necesario potenciar la productividad y acatar las recomendaciones del informe Draghi, el cual da la impresión de que nadie se ha dignado a consultar. No obstante, rearmarse no constituye el único método para lidiar con las próximas inestabilidades.
Es fundamental fomentar a través de cualquier vía la cohesión de los ciudadanos de Europa dentro de los entornos culturales comunes bajo el marco de la razón y los valores humanistas, profundizando en el legado de Erasmo, Moro, Llull, Dante, Pascal, Voltaire, Goethe, Gracián, Montaigne y la multitud de intelectuales que han configurado el concepto de una Europa con fallos aunque capaz de avanzar mediante la tolerancia hacia la diversidad de opiniones.
