
Coleccionistas de mujeres
George Simenon no frecuentaba el cine, pero en 1960 fue invitado a integrar el jurado del Festival de Cannes, y su criterio fue decisivo para que La dolce vita de Fellini obtuviera la Palma de Oro. Desde ese momento, el director y el autor comenzaron a escribirse, compartiendo admiración, excentricidades y egocentrismo. Diecisiete años después, la publicación L’Express facilitó una reunión entre ambos, con motivo del lanzamiento de Casanova. Localizo su fotografía: Fellini con corbata granate y bufanda beige; Simenon con abrigo de piel ribeteado en cuero, borsalino y pipa.

El autor reconoció haber sollozado frente a la secuencia de Casanova danzando con una figura de cera, una imagen que evocaba la desolación proveniente del erotismo desenfrenado. Al concluir la conversación, Simenon revela: “Creo que yo he sido más Casanova que usted. Tuve 10.000 mujeres desde los 13 años”. De dicho número, aceptó que 8.000 se dedicaban a la prostitución: “No lo hago por vicio, sino por necesidad de contacto”. El hecho de que Simenon se definiera como un frecuentador empedernido de prostitutas no quitó vigor a su comisario Maigret, aquel personaje íntegro, sacrificado y leal, que observaba a las féminas con ese temor propio de un individuo menudo.
El sexo poco agraciado ha constituido un ejemplo típico de la egolatría elevada al paroxismo en el ámbito de los genios.
Previo a la eclosión del #MeToo,, diversos magacines para hombres se interesaron por los rankings, no centrados en la belleza o el atractivo, sino en los más promiscuos. Verdaderos mitos de la alcoba, en una época donde los romances se trataban como galardones, carentes de emoción, relataban sus vivencias. Warren Beatty reveló el número de 12.775 a quien escribía su vida, y Woody Allen declaró su deseo de volver a la vida como la punta de sus dedos. Todo resultaba bastante gracioso hasta que, mediante Anita Hill, se expuso el hostigamiento sexual, una infracción penal que previamente no se reconocía.
El humor picante perdió vigencia mientras la equidad establecía un esquema moral distinto. No obstante, el prestigio de los célebres donjuanes no decayó. Julio Iglesias, nuestro Julio, figuraba constantemente en dichas listas, y su destreza como conquistador incansable resultaba tan aceptada que la audiencia carcajeaba al ver cómo abordaba a las conductoras. Sus encuentros íntimos se calculan entre mil y tres mil, y, de acuerdo con ElDiario.es, no todos contaron con aprobación. La historia guarda similitud con la de Vaitiare, esa modelo de 17 años; tríos, estupefacientes, miseria vital. La vacuidad de Simenon.
Las relaciones íntimas desagradables han constituido un rasgo recurrente de la egolatría extrema cuando se trata de figuras brillantes. Por esta razón resulta tan frecuente denominarlos seres monstruosos.
