Opinión
Leopoldo Abadía

Leopoldo Abadía

Divulgador económico

Mi vídeo podcast

Cuando uno le dicen que es el vídeo podcaster más longevo de la nación, uno se entusiasma y piensa que ha llegado a tiempo.

Llegar a tiempo. Exige esfuerzo. Exige darse cuenta de que han aparecido cosas por ahí, cosas que al principio te parecen tonterías o bien las metes en el mismo saco que mi abuelo las metía, cuando decía que estos gachós nos van a fastidiar con sus inventos. Aclaro que mi abuelo era muy preciso en sus expresiones. No utilizaba la palabra ‘fastidiar’, sino una más explícita.

 
 Getty Images

Llegar a tiempo. Exige ponerse una meta alcanzable. No puedo aspirar a ser el que más sabe de podcast del mundo, lo mismo que no puedo aspirar a que la revista Time me nombre Person of the Year porque ese puesto ya está ocupado por los Arquitectos de la Inteligencia Artificial.

Yo de inteligencia artificial puedo saber lo necesario para rechazar la sugerencia que me ha hecho un amigo de escribir los artículos con ChatGPT, aunque solo sea por honradez profesional.

Meta alcanzable, que sirva para una tertulia amable con amigos y no para dar una conferencia. Y sobre todo, para no caer en el desprecio absoluto hacia lo nuevo, que te hace ser un absoluto ignorante en todas las cosas nuevas que van saliendo.

“Cerrar la tienda”, ocurrencia del viejo que ha decidido no saber más de aquello. Si los ‘aquellos’ van acumulándose, es que el viejo ha decidido no saber nada de nada nuevo. Si además, como buen viejo, es un poco cascarrabias, se producirá un resultado repelente, consecuencia de la suma vejez más ‘cascarrabiez’.

Pero yo, como el buen Umbral, había venido aquí a hablar de mí vídeo podcast. No hace falta decir que hace poco yo no sabía lo que era un podcast ni lo que hacía falta para ‘fabricarlo’. Pues hacia falta encontrar dos productores que estuviesen dispuestos a meter dinero y trabajo y seis amigos que quisieran hablar conmigo de Dios, porque este era el tema que yo había elegido. No necesito amigos que vayan a misa o recen el rosario. Solo necesito amigos que quieran hablar un rato conmigo de Dios.

El podcast requería encontrar dos productores y seis amigos que quisieran hablar conmigo de Dios

Mis productores estaban muy preocupados porque yo nunca había sido entrevistador. A mí siempre me habían entrevistado. Los papeles son distintos. Cuando te entrevistan tienes vía libre para hablar, vía que se reduce al mínimo cuando entrevistas, porque lleno de entusiasmo puedes lanzarte a hacer las preguntas y a contestarlas tú mismo.

Los productores hicieron la selección de entrevistados y yo preparé las preguntas que iba a hacerles. Para empezar, después de dar las gracias por venir, para romper el fuego, yo les decía: “la palabra Dios, ¿qué te dice?” (Las entrevistas eran individuales).

Mi primera sorpresa vino ahí. Todos tenían muchas cosas que decir. Desde el ateo, hasta la que se planteaba un Dios que perdonaba y que por eso no admitía un infierno para siempre, hasta la que comprendía el perdón pero no el olvido…

La última pregunta era más preocupante: “nos morimos y luego ¿qué?”. Aquí también las contestaciones eran muy variadas. Algunas, impresionantes... 

Cómo podéis suponer, fue muy fácil llenar media hora de conversación. Porque eso fue el podcast, una conversación de amigos sobre un tema importante. No fue un debate y no se puede decir quién ganó. Ganamos los dos o sea, los seis y yo. El problema fue vigilar el tiempo porque la media hora nos resultó amablemente corta.

El título, decidido por los productores, fue muy original. El podcast se llamó Palabra de dos, jugando con el ‘Palabra de Dios’ que se contesta en la misa después de la primera lectura.

Para acabar, a mí me parece que ha salido muy bien desde el punto de vista técnico. Rodado en blanco y negro ha quedado muy acogedor. No sé si esa es la palabra adecuada pero yo me entiendo. Telemadrid tiene una segunda cadena, ‘La otra’, y allí, el próximo 1 de febrero, tendréis mi podcast.

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