Opinión

Netflix

OBSERVATORIO GLOBAL

La primera vez que utilicé Netflix fue en el 2003 en Santa Mónica, buscando una alternativa a la programación idiota de la televisión estadounidense. En aquellos tiempos remotos de principios del siglo XXI, funcionaba mediante envíos de DVD por correo de ida y vuelta. Netflix empezó su servicio de streaming por internet en el 2007, esencialmente para Norteamérica, pero manteniendo el DVD hasta el 2011. En esa fecha pasó al modelo streaming por suscripción y con alcance global. Es curioso que, con internet operativo desde 1969, no se pensara antes en la distribución online.

En realidad, sí se había pensado. En 1996 mi colega Jonathan Taplin en Los Ángeles creó una compañía de distribución de películas por internet llamada Intertainer. Los grandes estudios de Ho­llywood olfatearon el peligro y con amenazas legales consiguieron cerrar la empresa. Una década más tarde, con el desarrollo de la capacidad de internet, no pudieron aplastar a Netflix en su cascarón. En el 2024, con 270 millones de suscriptores, el valor bursátil de Netflix (280.000 millones de dólares) doblaba el valor conjunto de los grandes estudios tradicionales, Disney, Universal, Warner Brothers y Sony, a pesar de que todos ellos también iniciaron servicios de streaming.

 
 Atresmedia

La saga de Netflix ejemplifica la transformación de la industria audiovisual global en una industria fundamental de nuestro tiempo, no solo por su peso económico (valor estimado en 2,5 billones de dólares), sino por su influencia cultural. Netflix fue fundada en 1997 por dos jóvenes emprendedores en Scott Valley, en las montañas de Santa Cruz, un área conocida por su contracultura. En Santa Cruz vivían estos emprendedores: Reed Hastings, graduado de Stanford, que aún dirige la empresa, y Marc Randolph, un neoyorquino, emprendedor serial que dejó Netflix en el 2003 para seguir innovando.

El éxito de su modelo de negocio redefinió el mundo audiovisual. Enfatizaron el contenido, primero con licencias de productos existentes y luego con producción propia. Su estrategia de marketing se basó en obtener al instante las preferencias de cada abonado mediante un algoritmo que permite insistir en esas preferencias a nivel individual. Incorporaron el modelo de negocio de las redes sociales basado en la obtención de datos de los usuarios y ajustaron sus producciones a las tendencias detectadas.

El éxito del modelo de negocio de Netflix redefinió el mundo audiovisual

Desde el 2011 apostaron por la globalización, no solo de suscriptores, sino de producción de contenidos. Así, consiguieron creación y difusión en Corea, en América Latina, en Asia y en Europa, con series creadas en Escandinavia, Holanda, Alemania y particularmente España, donde aparecen con frecuencia Euskadi y Catalunya (la reciente Ciudad de sombras). Esta multiculturalidad no solo ha contribuido a la expansión global en suscriptores, sino que se ha beneficiado de reservas ignoradas de creadores.

También ha sido importante la adaptabilidad de Netflix. En el 2022, tras la covid, perdió el 70% de sus suscriptores y cayó en picado en bolsa. Hizo varios cambios y se recuperó plenamente, superando la competencia de los estudios que ahora combinan streaming con salas de cine.

Actualmente Netflix ha lanzado dos ambiciosas estrategias. Entra en la producción de videojuegos, el sector de más crecimiento. Y ha ofertado adquirir parte del histórico estudio Warner Brothers, los estudios y el negocio streaming (HBO Max), dejando fuera el negocio de televisión por cable (como la CNN). Lo más valioso es el catálogo inigualable de Warner Brothers (de Casablanca a Harry Potter). Paramount Skydance ha entrado fuerte a competir. Su director ejecutivo es David Ellison, amigo de Trump, y Jared Kushner participa en la opa. Por ahora, Netflix está ganando.

El planeta Hollywood se diluye en la historia, mientras nuestro imaginario audiovisual pasa a ser ocupado por una multicultura global gestionada por plataformas de internet basadas en algoritmos que escudriñan en nuestra mente.

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