Opinión

¡Aquí van a rodar cabezas!

Ante el recurrente caos de los trenes en España y en Catalunya, los grupos opositores, caracterizados por su vehemencia gestual y escasez de alternativas, han reclamado al instante el cese de cualquier cargo implicado: desde la consellera hasta el ministro. El comportamiento exagerado del PP y de Vox no ha pillado desprevenido a nadie, ya que es evidente que últimamente ambas formaciones se han instalado en la burda estrategia del cuanto peor... Mejor, un entorno improductivo y carente de lógica pero cómodo para quienes buscan el conflicto. Resulta más sorprendente la vehemencia con la que se han manifestado los integrantes de Junts y Esquerra frente a Óscar Puente y, de forma más grave, frente a Sílvia Paneque. Pienso que, si su indignación fuera auténtica y su malestar tan profundo, si realmente representaran la frustración y los deseos de los miles de ciudadanos de Catalunya que cada día tratan (sin garantía de éxito) de utilizar el ferrocarril, habrían podido iniciar el periodo legislativo reprobando a Pedro Sánchez y devolviendo la palabra a las urnas. Deben admitir que, frente a la posible cercanía de tal desenlace, no se percibe al presidente especialmente preocupado…

 
 Enric Fontcuberta / EFE

Resulta difícil comprender cómo ERC, la formación que apoya a Sánchez en el Congreso y a Salvador Illa en Catalunya, habiendo gestionado con sensatez la cesión de Rodalies y obtenido adicionales competencias y fondos para Catalunya, de repente se sitúa frente a un micrófono y sin contemplaciones reclama ceses fulminantes. Aunque intenten mantenerse leales –y reconocibles– como organización populista de larga trayectoria, ¡se requiere gran audacia! Aún más sorprendente resulta, si cabe, la postura de Junts, una agrupación que desde su origen destaca por su impulsividad, y que se afana en evidenciar su total desvinculación de la vieja Convergència, especialmente en lo relativo a la templanza y el rigor profesional de aquel proyecto. Con los indultos aún recientes y encontrándose sub iudice la legislación de olvido penal para favorecer a sus dirigentes del procés, poseer la osadía, tal como ha mostrado Salvador Vergés, de demandar al Govern que “lleve a Renfe y Adif a los tribunales por un delito penal y criminal” constituye un hecho tan vergonzoso que ni su más feroz crítico habría podido imputárselo de forma indebida. Yo, que en su momento reproché al PP el llevar la política a los tribunales, deploro profundamente que en la actualidad los nacionalistas también se aficionen a denunciar a sus oponentes ante la justicia.

Llama la atención la exagerada conducta de Junts y Esquerra contra Óscar Puente y Sílvia Paneque

La desmesurada actitud de la oposición convive, hay que reconocerlo, con cierta hipocresía del ejecutivo, pues también resulta frustrante que, de forma precipitada y justo cuando la crisis ha sido más intensa, se haya destituido a dos responsables, el director de operaciones de Renfe y un alto cargo de Adif, que se hallaban presentes. Tal vez responda a esa tradición tan nuestra que aprendimos en La escopeta nacional sobre que “alguien debe pagar el pato… ¡y no será quien manda!”. Fuera de bromas, opino que esta clase de despidos fulminantes, típicos de una era de favoritismos y arbitrariedades, deberían quedar para las tardes de Cine de barrio.

En caso de que no sigan mis escritos con frecuencia, deseo recalcar que jamás he sentido gran simpatía por Óscar Puente, un alto cargo que ha mezclado excesivamente sus funciones en Fomento con su inclinación a fustigar al PP. Tampoco mantengo una relación particular con Sílvia Paneque, excepto por el hecho de haber ocupado anteriormente el mismo ministerio que ella encabeza hoy y de haber experimentado personalmente conflictos ferroviarios parecidos. No obstante, estarán de acuerdo en que, como integrantes de la sociedad, frente a tal agitación fuenteovejuna, resulta imposible guardar silencio e ignorar lo que ocurre.

Tengan presente que, durante el periodo del Terror de la Revolución Francesa, alcanzaba con una columna acusadora de Marat, el supuesto camarada de la plebe, para que rodaran de hecho las testas de los tachados de omisos, tibios o traidores. ¡Si tu identidad se mencionaba en L’Ami du peuple, estabas acabado! Sospecho que, como se ha comprobado estos días, pese a que las guillotinas y castigos físicos se han desvanecido, cuando la situación empeora, los ceses deben seguir ocurriendo. Aspiro a creer que vendrá el tiempo en que, antes de despedir a alguien, pediremos justificaciones de forma lógica y calmada. Una fase superior de civilización.