Opinión

Miedos y amenazas

La desgracia venidera que solemos proyectar se nos muestra como intolerable, aunque el infortunio que se padece resulta normalmente soportable. La actualidad se sobrelleva debido a que el transcurso de las horas no se detiene. Al observar los padecimientos de los ucranianos golpeados por los rusos o las decenas de miles de palestinos aniquilados y fallecidos por las fuerzas de Netanyahu, el sentimiento que surge es de frustración, indignación y temor.

 
 ROBERTO SCHMIDT / AFP

La inquietud ante la posibilidad de que sucesos parecidos se den en Europa no es una invención. El contexto comandado por los Estados Unidos de Trump no solo provoca tiranteces y agresiones sociales, sino que irradia temor. No tengo claro si Trump es el detonante o el producto de una pugna política de larga data en todos los campos de las sociedades democráticas.

El ejercicio democrático resulta inconciliable con el temor, y un régimen de derechos únicamente florece en un entorno de entendimiento y conversación. La vida en común no perdura mediante la creación de barreras, sino a través del establecimiento de vínculos.

Estados Unidos es visto con recelo por quienes tradicionalmente han sido sus socios de larga data.

El temor no se manifiesta abiertamente, no ejerce el sufragio ni acecha a los ciudadanos por los rincones. Sin embargo, condiciona. En las contiendas políticas se adueña del clima y, en lugar de exponer planes y principios, se agrede al oponente como un rival al que derrotar. Es la inseguridad atomizada. Pavor a quedarse sin empleo, recelo ante el extranjero que arriba, miedo hacia quien sufraga de forma distinta...

Los periodos electorales se enfocan menos en propuestas que en peligros que afectan a la mayor parte de quienes admitimos las discrepancias bajo normas compartidas por el conjunto. La prensa y las plataformas digitales intensifican esta percepción. El reclamo de mayor protección y menor diversidad en favor de mandatarios autoritarios que ignoran los reglamentos y la realidad es la narrativa que gana terreno. Estados Unidos es observado con desconfianza por aquellos que han sido sus socios tradicionales. El dilema no radica únicamente en el vencedor de los comicios, sino en si quien resulte derrotado reconocerá el veredicto de la votación.

En periodos igual de turbulentos o incluso más, el mandatario F.D. Roosevelt, en su alocución de toma de posesión el 4 de marzo de 1933, un mes después de que Hitler llegara al mando, expresó: “Déjenme enunciar mi firme creencia de que la única cosa a la que tenemos que tener miedo es al miedo mismo”. Trump no será eterno. Aspiro a creer que la democracia americana conseguirá superarlo por medio de los votos.