
Hacia un mundo más peligroso
Actualmente existen 56 enfrentamientos armados en el planeta. El 2025 se ha consolidado como el periodo con mayor número de guerras tras la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, coincidiendo con la conmemoración del 80.º aniversario del ataque nuclear contra la urbe nipona de Hiroshima.
Aunque los datos ya evidencian que los conflictos bélicos tradicionales transforman la Tierra en un sitio progresivamente más arriesgado, la circunstancia de que en esta jornada —a menos que ocurra una modificación de último momento— caduque el Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (denominado Nuevo Start), no representa únicamente un pésimo anuncio, sino que incrementa la incertidumbre sobre el porvenir global.
El Nuevo Start, suscrito por Estados Unidos y Rusia durante el 2010 –y extendido en el 2021– con el fin de restringir sus depósitos nucleares, representaba el pacto final de control de armas atómicas activo entre Washington y Moscú. Contaba con un sistema de monitoreo y fue ratificado por el mandatario ruso de aquel tiempo, Dimitri Medvédev, junto a su par estadounidense, Barack Obama. Fijaba para ambos países un máximo de 800 plataformas de lanzamiento y aviones bombarderos pesados, además de 1.550 cabezas nucleares estratégicas ofensivas posicionadas, lo que suponía un recorte de cerca del 30% frente al tope previo, definido en el 2002. Rusia interrumpió las labores de inspección de control durante la etapa de la covid y los diálogos para prorrogar el tratado fracasaron debido a las fricciones derivadas del conflicto en Ucrania.
La conclusión del acuerdo Nuevo Start sitúa a Estados Unidos y Rusia sin restricciones en su armamento atómico.
Vladímir Putin planteó en septiembre prolongar el acuerdo un año más con el fin de obtener margen para futuros diálogos. El día de ayer, después de un encuentro virtual con el mandatario chino, Xi Jinping, señaló que, ante un escenario distinto, Rusia procederá de forma “reflexiva y responsable”. Asimismo, Donald Trump comentó hace cinco meses que la extensión parecía “como una buena idea”, no obstante, no ha habido avances significativos salvo su insistencia en un pacto inédito que integre a China, nación cuyo potencial nuclear y de misiles aumenta, si bien todavía es bastante menor al de EE.UU. Y Rusia. Pese a ello, Pekín rechaza la idea y ha manifestado que no participará en negociaciones sobre armamento atómico, ya que carece de voluntad para aceptar restricciones en su evolución nuclear estratégica.
El mandatario Trump aparenta estar decidido a permitir que el Nuevo Start expire hoy, al considerar que su término representa una ocasión para forjar una disuasión todavía más contundente frente a China y Rusia, facilitándole entablar diálogos futuros con mayor ventaja, dado que la conclusión del pacto deja a EE.UU. Y Rusia exentos de normativas jurídicas que restrinjan sus depósitos atómicos estratégicos. Esto marcará el inicio de un periodo, tras casi cuarenta años, en el que los dos gigantes actuarán sin límites oficiales respecto a la cantidad de cabezas nucleares y plataformas de disparo. Al carecer de prohibiciones, ambas naciones recobran la facultad de alterar el potencial atómico de sus proyectiles de gran alcance y reorganizar sus unidades estratégicas sin inspecciones globales. La terminación del convenio suprime igualmente los procesos de comunicación mutua y vigilancia presencial. De este modo, se pierden los instrumentos que por mucho tiempo brindaron transparencia acerca del poderío nuclear de los dos estados y mitigaron las dudas estratégicas. Al no contar con tales medidas de supervisión, es factible que se produzca una rápida competencia en armamento nuclear, elevando de forma notable las posibilidades de un enfrentamiento.
El vencimiento genera una ausencia en la regulación atómica y podría originar un incremento de armas.
A partir de 1945, el temor a un desastre total ha impedido el empleo de armamento nuclear durante diversos conflictos y errores técnicos. El concepto de disuasión nuclear se basa en gran medida en un enfrentamiento mental. Lo fundamental no radica únicamente en contar con la bomba atómica, sino en persuadir al adversario de la firme voluntad de utilizarla. Debido a ello, la vigencia de un acuerdo entre EE.UU. Y Rusia que no solo restringía la cantidad de cabezas nucleares, sino que facilitaba mecanismos de inspección recíproca, resultaba tan vital y significativa.
Hacia la mitad del año anterior, por encima de 9.600 cabezas atómicas se encontraban preparadas para fines bélicos. Aunque EE.UU. Y Rusia concentran el 90% del armamento nuclear, la conclusión del acuerdo genera un panorama distinto que vaticina un incremento en la competencia de armas, mientras las nueve naciones nucleares refuerzan sus recursos. Asimismo, Washington y Moscú podrían verse inclinados a expandir sus reservas con el fin de exhibir firmeza o intentar obtener una ventaja estratégica en sus diálogos.
Nos hallamos en una fase reciente y más intrincada que el aumento nuclear de la guerra fría, dado que actualmente es necesario considerar el desarrollo atómico de China y progresos científicos como la inteligencia artificial y la exploración del espacio, junto al esquema de resguardo contra proyectiles Cúpula Dorada que Trump desea establecer, por ejemplo. Ayer, frente a esta actual inquietud nuclear, incluso el papa León XIV instó a frenar la multiplicación de armamento atómico.