Opinión

Se busca Delcy para Cuba

Sobre la colina del camposanto militar de Arlington en Washington, se erige el mástil central del buque de guerra USS Maine. Rodeado por las sepulturas de miles de soldados, el monumento del Maine conmemora la noche del 15 de febrero de 1898, cuando un gran estallido acabó con la vida de 266 marinos de Estados Unidos en plena lucha por la emancipación de Cuba. Fue el pretexto que esperaba la prensa sensacionalista de William R. Hearst, que transformó el siniestro en una agresión de España y que, con la consigna “Remember the Maine, to hell with Spain” (recuerda el Maine, al infierno con España), presionó para que Estados Unidos se uniera al conflicto que finalizó con la anexión por parte de Estados Unidos de Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas y el ocaso del imperio de España.

 
 ADALBERTO ROQUE / AFP

Aunque alcanzó su autonomía oficial en 1902, la perla del Caribe funcionó como un estado satélite de Estados Unidos hasta que la revolución de Castro, en 1959, derrocó al dictador Batista y estableció un régimen comunista que aún se mantiene. A partir de ese momento, los esfuerzos norteamericanos por derribar el gobierno y eliminar a sus dirigentes han sido incalculables. Todos han resultado fallidos. En la actualidad, la Administración Trump ha elegido una estrategia distinta: ahogar la economía de la isla bloqueando los canales de abastecimiento que han garantizado su precaria subsistencia.

Todo indica que Cuba se perfila como la siguiente meta de Trump.

Con Maduro de Venezuela debilitado, Sheinbaum de México bajo aviso y Putin centrado en Ucrania, los suministros de crudo a bajo coste han cesado, los cortes eléctricos han aumentado y sectores como salud, agua, campo y manufactura están en riesgo de quiebra. La población de Cuba sufre carencias alimentarias, la nación roza el desmoronamiento total y sus mandatarios permanecen aferrados al anticuado discurso contra el imperialismo. Haciendo gala de su picardía caribeña, han extendido la consigna de la revolución “Patria o muerte” mediante un sarcástico “valga la redundancia”.

Todo indica que Cuba podría ser el próximo objetivo de Trump y de su secretario de Estado, Marco Rubio. La trayectoria pública de Rubio, descendiente de cubanos, se consolidó en medio de la diáspora de Florida, “la gusanera” según la terminología castrista. Implacable opositor al comunismo, colaborador cercano del presidente y gobernador in pectore de Venezuela, actuaría además como el diseñador de la estrategia para sustituir al Gobierno de Díaz-Canel. Tras aprender de las intervenciones armadas como la fallida invasión de bahía de Cochinos de Kennedy, en esta ocasión preferirían promover una respuesta doméstica para desplazar a los sucesores de Fidel. No obstante, ni Trump ni Rubio muestran urgencia, debido a que primeramente deben localizar a la figura que asuma el rol de Delcy Rodríguez en La Habana.

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