
Sin un periodismo autónomo, la democracia resulta inviable.
Soplan vientos desfavorables para The Washington Post . El rotativo estadounidense, cuyos reportajes acerca del escándalo Watergate causaron la renuncia del mandatario de EE.UU. Richard Nixon, ha comunicado recientemente el cese de 300 de sus 800 redactores, lo cual mermará sus departamentos y conllevará la eliminación de las áreas de deportes y libros, además de la clausura de delegaciones en Oriente Medio, Australia o Ucrania. Durante el 2022 contaba con mil informadores, justamente el doble de la cifra que mantendrá en la actualidad.
El Post , según se le denomina habitualmente en EE.UU., integra junto a The New York Times y The Wall Street Journal el grupo de los tres rotativos principales cuya reputación se fundamenta en noticias trascendentes, seguras y de excelencia. Las dificultades financieras que padece actualmente se vinculan al declive global del sector periodístico. No obstante, obedecen asimismo a determinaciones corporativas y, posiblemente, a los vínculos políticos de su dueño, Jeff Bezos, fundador de Amazon, tales como el nexo con el mandatario Donald Trump, adversario confeso de los medios escritos y audiovisuales que ejercen el periodismo autónomo, sin plegarse a sus exigencias.
Establecido en 1877, el Post surgió para apoyar al Partido Demócrata y atravesó posteriormente diversas fases, una de corte conservador y otra de estilo sensacionalista. No obstante, su máxima excelencia periodística se alcanzó a lo largo de las ocho décadas (1933-2013) en las que fue propiedad de la familia Meyer Graham, periodo en el cual consolidó su función de supervisor y censor de mandatarios y organismos estatales que actuaban de forma inapropiada.
Katharine Graham ejercía como editora del Post mientras Ben Bradlee fungía como director en el momento en que los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein iniciaron las indagaciones sobre lo que se denominaría el Watergate, un escándalo de acciones ilícitas por parte de integrantes de la Administración republicana que forzó la salida de Nixon de la presidencia en 1974. Ese vibrante trabajo informativo, que otorgó al Post uno de sus 78 premios Pulitzer, fue plasmado para la posteridad en el libro Todos los hombres del presidente, calificado por la revista Time como “tal vez la obra periodística más decisiva de la historia”.
Bezos, titular del ‘Post’ y cercano a Trump, recorta su plantilla periodística a la mitad de los niveles registrados en 2022.
Durante el 2013, Jeff Bezos adquirió el Post junto con diversos medios vinculados a dicha marca por un valor de 250 millones de dólares. No obstante, posiblemente el suceso crucial en el rumbo del periódico resultó ser la determinación del mismo Bezos de bloquear la difusión, poco antes de los comicios de 2024, de un artículo de opinión que respaldaba a la demócrata Kamala Harris, derivado de la postura de su junta editorial y del tradicional soporte del Post hacia los aspirantes demócratas.
Más de un cuarto de millón de abonados –una décima parte de los que mantenía en el 2025– cancelaron su relación con el diario tras esa determinación de una propiedad que evidenciaba no valorar la autonomía de los estamentos profesionales de la publicación. Prestigiosos periodistas y colaboradores de la cabecera renunciaron a causa de aquel cambio de rumbo de Bezos, lo que intensificó la pérdida masiva de suscripciones. El Post estaba perdiendo su vigor como referente liberal, crítico y entregado a la labor informativa y, en consecuencia, a la veracidad.
Debajo de su encabezado, en la portada, The Washington Post publica diariamente, a partir de 2017, la consigna “Democracy dies in darkness”(la democracia perece en las tinieblas). Considerando sus vínculos y determinaciones, podría afirmarse que el creador de Amazon ignora la máxima de su propio rotativo.
El periodismo independiente resulta fundamental para mantener el bienestar democrático de cualquier comunidad. El contexto actual no favorece este trabajo, especialmente en los EE.UU. Bajo el mandato de Trump, quien utiliza los engaños y las falacias con una facilidad preocupante, optando por expresarse mediante plataformas digitales. El papel desempeñado por ciertas redes ha resultado perjudicial para la veracidad informativa. En la publicación de este día reportamos una investigación que señala que el 20% de los comentarios difundidos en la red X (perteneciente a Elon Musk) constituyen noticias falsas y desinformación.
El cambio de rumbo editorial ya le ha supuesto al diario de Washington la pérdida de un cuarto de millón de suscriptores.
Los líderes de la industria tecnológica –Zuckerberg, Bezos, Musk, etcétera– no titubean, al salvaguardar sus intereses privados, en poner en duda las acciones de los gobernantes electos democráticamente en un estado, como demuestra la reciente disputa de los titulares de X y Telegram con Pedro Sánchez, luego de que este presentara su iniciativa para prohibir el ingreso a las redes sociales a los menores de 16 años. Apoyamos dicha resolución, y también daríamos nuestro respaldo a Sánchez si, por coherencia, cesara su actividad en X, al igual que hizo nuestro diario en el 2024. La penumbra se aproxima, y quienes eligen la claridad de la realidad que difunde la prensa independiente deben protegerla siempre. La democracia no puede subsistir sin un periodismo libre.